PSIC. VERÓNICA MASSONNIER
SIN PAUTAS
En un mundo obsesionado con el "ser uno mismo" y manifestar la individualidad, crece la valoración de la vestimenta y los objetos personales como vehículos de comunicación. Vivimos un mundo cada vez más impactado por la imagen, donde lo visual es el modo de expresión más intenso y accesible: el aspecto físico y los objetos que nos rodean funcionan hoy como medios de expresar la identidad.
¿Estamos hablando de un tema frívolo? A simple vista, la moda y el consumo se asocian con lo superficial, lo cambiante y lo efímero. Pero en un análisis más profundo, nuestras actitudes están expresando quién queremos ser y cómo queremos mostrarnos ante los demás. Es bueno, por lo tanto, dejar un poco de lado los prejuicios y observar el fenómeno. Cuando nos dejamos seducir por un nuevo modelo de celular o corremos detrás del "juguete" tecnológico, somos expresión de nuestra época.
Por un lado, está claro que la expectativa de belleza se transfirió a todos los ámbitos. Las figuras que funcionan como referentes en los distintos quehaceres no solamente son destacadas en su actividad sino que se espera de ellas, cada vez más, que funcionen como referentes en temas estéticos. Por otro lado, observamos cómo incluso las figuras profesionales y políticas se van convirtiendo en líderes de opinión en cuanto a forma de vestir, imponiendo ciertas modas. Tanto en los productos como en las personas, no podemos decir que "lo que importa es lo de adentro": importa también lo que se ve.
En este sentido, nuestro país está experimentando cambios importantes en la aceptación de lo efímero. Al elegir productos, ya no apuntamos solamente a la durabilidad sino, cada vez más, a lo estético y la funcionalidad de avanzada. Sabemos que tienen un ciclo de vida limitado y lo aceptamos. Sabemos que ese deterioro nos va a permitir, en un tiempo cada vez más corto, acceder a un modelo más nuevo y con mejores prestaciones. Ya nadie pensaría hoy comprar una heladera que fuera a permanecer en el hogar durante toda una vida, como ocurría con nuestros abuelos. Al contrario, el cambio de heladera nos va a permitir acceder a las nuevas tecnologías, nos va a permitir ponernos al día, no quedar atrás, actualizarnos. Todo esto se traduce en un nuevo concepto de calidad: la calidad no se identifica con "durar más" sino con brindar más funciones, cumplir mejor con las expectativas hoy. Y esto es válido para todo tipo de objetos.
¿Cómo nos orientamos en ese mundo de constantes cambios? En todos los grupos y sociedades aparecen algunas personas que, antes que los demás, adoptan las nuevas modas, incorporan las nuevas tecnologías, saben cuáles son las marcas de avanzada. En algún sentido se anticipan al gran grupo. Parece que de manera intuitiva estuvieran en sintonía con "lo que vendrá". Se adelantan a las grandes mayorías y en general son pocos. Más adelante posiblemente se adopten de manera masiva esos mismos hábitos, productos o puntos de vista, pero en el primer momento ellos son minoría.
A estas personas se las ha llamado trend setters, sujetos trendy, adoptadores tempranos, sujetos emergentes. Cada uno de estos términos tiene algunos matices diferentes pero en su esencia apuntan a identificar a las minorías que constituyen la avanzada, a los que marcan tendencia, a los que se animan con lo nuevo, a los que simplemente tienen una sensibilidad especial para percibir hacia dónde va el mundo. Funcionan, por lo tanto, como guía para su grupo. Son estas personas a quienes observamos para ver qué se va a usar esta temporada, a quienes preguntamos antes de elegir un nuevo producto tecnológico.
La moda, entonces, es mucho más que vestimenta. Es admitir el cambio y orientarnos en ese mundo en proceso de permanente transformación.