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La noticia explotó en la cara de muchos: la neurotoxina botulínica tipo A, más conocida como Botox, podría migrar al cerebro y allí no lo haría más bello ni inteligente sino que puede ocasionar severos daños. Así lo concluyó un estudio de científicos estadounidenses que han probado el tratamiento estético en ratas y resultó que los animalitos quedaron sin arrugas, pero atolondrados.
En humanos, sin embargo, el Botox se emplea desde hace décadas y sin informes de efectos colaterales, al menos para la aplicación estética, de menor dosis. Así, se desconoce si el problema es del producto o de las ratas. En eso están divididos los científicos desde la presentación la semana pasada de la investigación.
El estudio del Centro de Dermatología, Láser y Cosmética del Hospital General de Massachusetts consistió en inyectar la toxina botulínica en los músculos del bigote de varias ratas. Luego, pruebas del tejido cerebral de los roedores comprobaron que el Botox había sido transportado al tronco cerebral, concluyeron los investigadores en la edición del Journal of Neuroscience publicada el viernes pasado.
El Botox es el principal producto del laboratorio Allergan, con ventas de 1.210 millones de dólares en 2007. El fármaco, aprobado en 1989, se puso de moda entre celebridades que buscaban atenuar las arrugas faciales, y se usa para tratar algunas enfermedades neurológicas.
Conciliador, uno de los autores de la investigación con ratas, Mathew Avram, considera el hallazgo como un principio: "La idea de que podría haber cierta transmisión de esto al sistema nervioso central debe seguir estudiándose``. Y acota luego: "Este tratamiento ha sido usado en millones de personas durante años, y no hemos visto usos importantes en el sistema nervioso central``.
En las ratas, la neurotoxina botulínica puede perturbar la capacidad de las células nerviosas para comunicarse y podría modificar el sistema de circuitos de la espina dorsal.
HUMANOS. La fisiología de las ratas es diferente de la humana, de manera que los resultados pueden no predecir lo que pasa en las personas, reconoce Avram, aunque reitera la necesidad de continuar investigando.
El estudio no es concluyente, y como contradice hallazgos anteriores, serán necesarios más trabajos, según una portavoz del laboratorio Allergan. La compañía tiene su sede en Irvine, estado de California.
"Los autores usaron una preparación de laboratorio de la toxina botulínica y no Botox, y los datos sugieren que preparaciones diferentes de la toxina botulínica reaccionan de modo diverso tanto en el laboratorio como en la práctica clínica``, dijo en un comunicado por correo electrónico la portavoz, Caroline Van Hove.
Myobloc es la neurotoxina botulínica tipo B, un tipo diferente de la toxina estudiada, dijo Edgar Salazar-Grueso, jefe del departamento médico de Solstice Neurosciences.
"Sabemos por estudios en monos ya publicados que la toxina A migra más que la B``, dijo Salazar. "Los monos son más semejantes a los seres humanos que los roedores, de modo que estos hallazgos que observamos son coherentes``.
Los científicos inyectaron la toxina botulínica en un lado del hipocampo del cerebro de cada roedor, y en el colículo superior, que es un centro visual. De un lado del hipocampo, la toxina migró al opuesto. Desde el centro visual, el fármaco pasó a los ojos del animal.
Los efectos de la inyección en el hipocampo aún estaban presentes seis meses más tarde, escribieron los científicos.
La FDA está evaluando los informes de dificultades respiratorias y muerte tras el uso de Botox y Myobloc, según informó el organismo en febrero en su sitio de Internet. Muchos de los casos más graves eran de chicos que recibieron las inyecciones para tratar espasmos de brazos y piernas asociados con la parálisis cerebral, un uso no aprobado por la FDA.
Los prospectos de Botox y Myobloc ahora incluyen advertencias sobre el riesgo de dificultades para respirar y tragar en pacientes con enfermedades neuromusculares. La FDA dijo que los nuevos datos sugieren que los efectos colaterales que amenazan la vida pueden ocurrir en pacientes con otras dolencias, entre ellos niños con parálisis cerebral.
En cerca de 60 países se inyectan más altas dosis de Botox para tratar espasmos de los miembros en los chicos con parálisis cerebral. Algunos médicos lo usan con este propósito, aunque Allergan no lo comercializa en Estados Unidos para el uso no aprobado. Una dosis cosmética suele ser cerca de 10 veces menor que una dosis para el tratamiento de la parálisis cerebral, dijo Avram.
En humanos no se registraron efectos adversos, al menos para el uso estético del producto.
Famosos bajo sospecha
Si se ve bien y ya pasó los 40 o 50, cualquier famoso entra en la lista de sospechosos de inyectarse Botox. Pero ninguno lo confiesa.
El último señalamiento de la prensa rosa recayó sobre David Beckham, el futbolista inglés que juega en la liga estadounidense. Según la revista británica News of the World, el astro empezó a inyectarse en secreto para aplanar las arrugas.
Por estos pagos, la presidenta Cristina Fernández es la sospechosa número uno. A los 53 años y tras confesar que "se pinta como una puerta", el periódico inglés The Guardian la nombró "la reina del Botox", líder de un ranking en el que figuran también el francés Nicolas Sarkozy, Hugo Chávez y el ex premier ruso Mihail Gorbachov.
En Brasil, han crecido los rumores de que el ex sindicalista Lula da Silva manotea la jeringa antes de cada presentación televisiva.