MARTÍN FABLET
Este octubre, si Dios quiere cumplo 46 años y aunque usted no me crea, estoy notando una sensible pérdida de la memoria.
Me cuesta recordar cosas obvias y cotidianas. Como por ejemplo dónde dejé las llaves, el celular, mi hija, la billetera... Mis amigos me toman el pelo y me tratan de viejo tonto.
La semana pasada me hice un electroencefalograma y me dio casi normal, pero pese a todo, he empezado a angustiarme.
Gasté 50 dólares en un localizador de llaves en la tienda online de Sharper Image: El Sound Activated Key Finder. Con él, sólo es necesario aplaudir o silbar y el localizador de llaves activado por sonido emitirá una serie de ruidos para ayudarle a encontrarlas rápidamente.
El problema es que hay que tener buen oído para escuchar la respuesta de las llaves, lamentablemente además de falto de memoria, estoy quedando sordo.
De todas maneras perdí el localizador, pero por suerte encontré las llaves. Manejé la posibilidad de hacer algo de terapia, pero me aconsejaron que no era el camino.
Siempre tuve una memoria privilegiada y me asusta el deterioro que estoy sufriendo. ¿Acaso tendré el disco duro lleno? O a lo mejor estoy sufriendo de Alzheimer prematuro. Vaya uno a saber.
Si esto continúa me veré en la necesidad de pegarle un llamado a Yasuo Kuniyoshi y a su equipo de ingenieros de la Tokyo University School of Informamation Science and Technology. Esos brillantes muchachitos son los responsables de diseñar un par de anteojos que logran informar dónde y cuándo fue la última vez que uno vio el objeto que anda buscando por todos lados.
Usted podrá consultarles por cualquier cosa que ha perdido durante el día.
Estas peculiares gafas graban lo que el usuario ve y además son capaces de reconocer ciertos objetos.
Básicamente estos lentes, que integran una muy sensible cámara, un escáner y mucha inteligencia artificial, permiten al usuario preguntar por un objeto determinado en cualquier momento.
Dentro de sus prestaciones básicas, (ya que ésta no es la única) el equipo consigue reproducir un video mostrando el objeto visto por última vez.
Sin dudas opera el software más avanzado de reconocimiento de objetos que existe hasta el momento.
Por desgracia el modelo experimental es demasiado grande y aparatoso para que uno pueda llevarlos puestos, pero el equipo de Kuniyoshi trabaja duro para miniaturizarlos.
A este desarrollo le he encontrado un par de inconvenientes. Primero usted no puede, usted no debe perder, estos lentes. ¿Qué sucedería? Cualquiera que tenga acceso a sus gafas, conocerá todas sus intimidades diarias y seguramente gustará de extorsionarlo.