CATERINA NOTARGIOVANNI
Thorsten Gerling y Heirich Schumacher. Edad: 25 años. Nacionalidad: alemana. Ocupación: carpinteros. Motivos que los traen a Uruguay: profundizar el aprendizaje de su oficio a través de la interacción con colegas locales. Tiempo total de viaje: tres años y un día. Equipaje: mochila, traje típico que usaban los carpinteros hace 300 años y un particular bastón de peregrinaje.
Es posible que usted ya se haya cruzado con estos dos jóvenes alemanes en alguna esquina de Montevideo; y es probable que le hayan llamado la atención. "Todos se dan vuelta a mirarnos", comentan entre risas y ajenos a la costumbre nacional de observar de arriba a abajo al que luce diferente.
Thorsten y Heirich pertenecen a distintas hermandades (fraternidades o gremios) de carpinteros que cultivan algunas tradiciones del oficio que data de fines de la Edad Media.
"Estamos asociados para mantener unidos a los del oficio, intercambiar experiencias, cantar las canciones tradicionales y realizar algunos de los ritos que tenían los colegas de antaño", explica Thorsten. "También por camaradería y para tomar bastante cerveza", agrega Heirich.
La referencia al pasado implica, en este último caso, por ejemplo, que la cerveza se bebe en botas de vidrio. También se mantienen vivas algunas costumbres un tanto "brutales", como perforarse el lóbulo de la oreja (para colocarse caravanas) sobre una mesa o mostrador con las herramientas de trabajo. "Sin anestesia, claro. Lo máximo que se puede usar es una bebida destilada para desinfectar o para tomarse antes", explica Heirich, que conoce la experiencia en carne propia.
VIAJE. Los integrantes de estas organizaciones que hayan culminado los tres años de estudios del oficio, tienen la posibilidad de realizar una travesía por el mundo de otros tres años y un día; aunque en los hechos sólo el 1% de los egresados optan por hacerlo.
Para poder viajar se les exige ser solteros, sin hijos ni deudas y contar con autorización de la familia.
Dado que la finalidad del viaje es "aprender otros métodos de trabajo, practicarlos y conocer los modos de vivir de otros hombres en sus países" (como indica el "librito de peregrinación" que deben presentar en cada país al que arriban), estos viajeros salen sin dinero en el bolsillo y deben procurarse el pan trabajando en lo que saben.
"Las hermandades organizan los viajes y los regulan. Tenemos tiempos definidos de trabajo y tiempos para movilizarnos. En general trabajamos dos meses en cada sitio y viajamos otros tres o cuatro ", explica Heirich, quien lleva un año y medio lejos de su casa, ubicada en la campiña de la región de Bremen, al noroeste del país.
Quienes realizan ese tipo de excursión tienen más posibilidades laborales cuando regresan a Alemania. "Básicamente se obtienen mejores empleos debido a la experiencia acumulada porque durante el viaje trabajamos en muchos talleres y fábricas, y en todos lados se aprende algo; desde maquinaria específica hasta técnicas de armados de techos, por ejemplo", dice Thorsten, quien comenzó su peregrinaje hace dos años y medio, recorriendo Dinamarca, Suecia, Noruega, Escocia, Reino Unido, Francia y Brasil.
En este último país, Thorsten y Heirich aprendieron a trabajar con maderas redondas (se manipula el tronco directamente) utilizadas en la construcción de casas.
A Uruguay llegaron hace diez días, razón por la cual prefieren abstenerse de comentar las características locales del oficio. Por ahora hacen "changas" en la casa de un alemán que vive en Montevideo; el mismo que los encontró un domingo de tarde frente a la Embajada Alemana sin un dólar en el bolsillo.
Los carpinteros llevan consigo el "librito de peregrinación" impreso en tres idiomas (alemán, inglés y español) donde se explica su origen y se solicita "ayuda" para los portadores. En dicho documento (editado por la Confederación de Compañeros Europeos) se deja constancia de la presencia del viajero en el país, así como de los trabajos realizados hasta ese momento.
Para estos peregrinos, encontrar un empleo en países como Austria, Suiza, Dinamarca o Alemania no es difícil. Las personas los reconocen, confían en su saber y gustan de recibirlos. "Allí es un oficio prestigioso", cuenta Thorsten.
En otros sitios les resulta un poco más complicado, especialmente en aquellos, como Estados Unidos, donde el oficio tiende a desaparecer debido al auge del "hágalo usted mismo".
Un detalle distintivo de estos atípicos peregrinos es la vestimenta, típica de los carpinteros que recorrían las ciudades europeas buscando un trabajo. Portan un bastón que vino a sustituir los sables y armas con los que andaban sus predecesores. La curiosa forma de la madera se debe al efecto de una enredadera parásito que estrangula de ese modo las ramas de los árboles. "Los bastones los buscamos en los bosques del pueblo de cada uno y los llevamos para recordar el lugar al cual pertenecemos", dice Heirich. Además de sostén, la rama estrangulada se utiliza atravesada para nivelar el peso de la mochila.
En el tiempo que llevan viajando les ha pasado de todo. A Thorsten casi lo atropella un tractor mientras dormía plácidamente escuchando música con auriculares en un pastizal de medio metro de alto; y Heirich fue víctima de unos jóvenes que le pegaron con piedras cuando dormía una siesta en un muro costero de Palma de Mallorca (España) con el propósito de robarle.
Sin embargo, las buenas son más y ambos valoran la experiencia como "enriquecedora".
Hijos del exitoso sistema dual de educación
Thorsten y Heirich se formaron bajo el prestigioso Sistema Dual de capacitación profesional alemán.
El mismo brinda formación en más de 300 profesiones reconocidas a través de cursos prácticos y teóricos que se realizan en empresas o talleres vinculados al ramo.
Es decir que el aprendizaje no se concentra en el aula, sino que se desarrolla en fábricas, centros de producción, empresas, despachos de profesionales e inclusive en la administración pública, dependiendo de la orientación elegida por el alumno. Fue Wilhem Von Humboldt, ministro de Educación, quien a principios del siglo XIX planteó la necesidad de una educación para el trabajo.
Bajo ese sistema, los aprendices reciben una remuneración que es financiada por las empresas y el Estado. Se estima que son 500.000 las compañías de todos los rubros que se dedican a la formación de aprendices.
Lo interesante de esta modalidad es que la educación se organiza en función de las necesidades del mercado laboral. Los cursos son supervisados por el Estado.
Para obtener el título de carpinteros, Thorsten y Heirich dedicaron 3 años de estudios, distribuidos en 3 clases prácticas y 2 teóricas por semana. Ellos, en carácter de aprendices, recibieron el conocimiento a través de un Maestro carpintero. Los que lo desean, pueden continuar su educación (dos años más en el caso de carpintería) hasta convertirse en Maestros.
Llegado a ese punto, los egresados no sólo tienen la posibilidad de ubicarse en los más altos escalones jerárquicos de una empresa, sino que quedan habilitados para abrir su propio taller o convertirse ellos mismos en Maestros. Hoy en día en Alemania hay excelentes oportunidades laborales para todos los oficios vinculados con la construcción, según contaron Thorsten y Heirich.
Esta experiencia educativa se ha extendido a otros países europeos, asiáticos y latinoamericanos, como es el caso de Argentina, Colombia, Ecuador, México y República Dominicana.