G.V.
Según parece, los celulares han establecido una relación poco clara con los teléfonos públicos. Algunos aseguran que los primeros están condenando a sus viejos primos lejanos a la desaparición. Otros, afirman que, antiguos pero estoicos, los públicos comienzan a revertir su situación, y aprovechan la mayor existencia de números telefónicos para resurgir.
Como sea, es claro que la vida de los viejos aparatos está supeditada a lo que impongan los nuevos. La primera teoría es la que pega más fuerte. Sólo en Estados Unidos, cerraron al menos medio millón de cabinas en la última década debido a la proliferación de teléfonos móviles.
En Uruguay, donde según los últimos datos se cuenta casi un celular por habitante, en 2007 se vendieron 294.000 tarjetas chip para teléfonos públicos; esto es, un 50% menos que dos años atrás, de acuerdo a datos brindados por la División Teléfonos Públicos de Antel. ¿La razón? En ese campo sólo cabe especular, y lo evidente salta a la vista. ¿Quién se molesta en comprar una tarjeta y salir a buscar la cabina más cercana, cuando por $1 puede mandar un sms sin mover más músculos que los del pulgar?
Pero no todo es tan lineal. En el Ente señalan que en ese mismo período hubo un incremento de 40% en las ventas de las tarjetas prepagas Telecard (es decir, 118.000, aunque éstas también pueden utilizarse desde cualquier teléfono fijo) y que el parque de telefonía pública se ha mantenido estable en los últimos años: no se han instalado más, pero tampoco se han retirado.
VANDALISMO. En todo el país, hay 15.000 teléfonos públicos: 40% en Montevideo, 16% en Canelones, y el resto aparece distribuido en los otros 17 departamentos.
En esa cifra se incluyen monederos, tarjeteros chip (son el 60%) y tarjeteros Telecard (son los más nuevos, no llevan alcancía ni lector de tarjetas chip sino que mantienen adosado un lector de banda magnética exclusivo para las tarjetas Telecard, reciben llamadas y acceden sin costo a los servicios de emergencia).
A ese número deben sumarse unos 300 "teléfonos sociales" que Antel instala en barrios marginales. Permiten recibir y realizar llamadas hacia cualquier punto del territorio nacional, en forma gratuita, con una duración máxima de tres minutos. A pesar de los contextos de esas zonas, dada su función, estos equipos no suelen ser maltratados.
Es que, como se sabe, dado que la mayoría de los teléfonos públicos están instalados en calles, plazas o parques, la exposición al vandalismo es inevitable y "cada vez mayor", aseguran desde Antel.
El costo que tiene para la empresa arreglar esos destratos es otra excusa para terminar de firmar la partida de defunción de los teléfonos públicos. Cada vez que el Ente detecta un daño, acude a repararlo. Cuando un mismo aparato es sometido a maltratos reiterados, se intenta reubicarlo. En promedio, se registran unos 150 actos de vandalismo por mes, indica la División Teléfonos Públicos de Antel. Esto representa un gasto anual que supera los 100.000 dólares.
Los más sensibles a los daños, por disponer de numerosas piezas mecánicas y por su sistema de recaudación, son los monederos, que para peor están instalados en el Montevideo urbano.
Eso se compensa con un importante esfuerzo de mantenimiento y visitas frecuentes a los que se saben más utilizados. Es que salir en la búsqueda de un teléfono público ya no supone la odisea que supo ser hace no demasiados años, cuando lo frecuente era vagar de cabina en cabina hasta dar con una que efectivamente funcionara. Hoy en día, la disponibilidad de los aparatos ronda el 95% para todos los modelos, básicamente gracias a los sistemas de supervisión remotos.
BONDADES. Pero vandalismo y celulares aparte, por ahora los teléfonos públicos, si no gozan de buena salud, al menos sobreviven.
En México, la proliferación de teléfonos celulares fue vista como una oportunidad para resurgir a los públicos. La ecuación fue simple: más números a los que llamar, más utilidad para las cabinas. Y sobre todo, los aparatos en la calle aparecieron como la mejor opción para un público al que no le importa hablar allí por unas monedas, en vez de desembolsar algo más de dinero en una tarjeta de celular.
Aquí, los teléfonos públicos no la llevan tan bien (los números no dejan dudas: se utilizan cada vez menos), pero el panorama tampoco es totalmente desalentador, ya que son muchos los uruguayos que todavía acuden a este servicio.
En promedio, desde un monedero se realizan 529 llamadas mensuales, desde un tarjetero chip 238, y desde un Telecard se digita el número deseado 26 veces al mes. Según explican desde Antel, el alto promedio de los teléfonos monederos se debe al hecho de estar instalados exclusivamente en el área metropolitana de Montevideo.
En su mayoría, el destino de esas llamadas es a números de líneas fijas, indican en el Ente. La comunicación a celulares y las llamadas internacionales aparecen recién en segundo lugar.
La cifra
100.000 Dólares al año es lo que gasta Antel en reparar los teléfonos públicos dañados por los vándalos.
15.000 Es la cantidad de teléfonos públicos instalados en todo el país; 40% de ellos están en la capital.