DANIEL RODRÍGUEZ OTEIZA
Si se analiza la historia de dolor y sangre a partir de la aprobación por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas, hace 60 años, del plan de partición del que surgió el Estado de Israel, parece imposible que árabes y judíos puedan vivir en paz. El proceso está pautado por estallidos bélicos y algunos ejemplos alentadores como son los acuerdos de paz de Israel con Egipto y Jordania y los memorándum de entendimiento y acuerdos con la Autoridad Palestina. El plan de partición fue repudiado por la Liga Árabe, lo que no sólo significó que el Estado Palestino (en aquel tiempo le llamaban Árabe), cuyas fronteras estaban trazadas por la resolución de Naciones Unidas no se transformara en realidad, sino que también abrió una sucesión de conflictos políticos y de siete guerras, desde la que se desató menos de 24 horas después que Israel proclamó su independencia bajo el liderazgo de David Ben Gurion, el 14 de mayo de 1948, y su territorio fue invadido por los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak, hasta la que se libró el año pasado en el Líbano, en la que las fuerzas israelíes bombardearon e invadieron las tierras de ese país en respuesta a la agresión sin tregua de grupos terroristas.
Por ello, al ver ese torrente de devastadores conflictos, a los que se agregó la acción de comandos suicidas, un razonamiento lógico llevaría a la conclusión de que resulta imposible la convivencia en paz entre judíos y árabes en una región como Medio Oriente y menos aún en el territorio de un país.
Por ahora, la realidad indica que las armoniosas relaciones son difíciles de alcanzar en la región, pero no dentro de Israel, donde el 19,5% de la población es árabe, en su mayoría musulmana.
El núcleo principal de árabes reside en pueblos y aldeas de Galilea, incluyendo la ciudad de Nazaret, la zona central del país situada entre Hadera y Petak Tikva, el desierto del Neguev y ciudades como Jerusalén, Haifa, Acco, Lod, Ramala y Yafo.
SIN PROBLEMAS. A nivel político, por cierto, hay ríspidas relaciones, como puede advertirse en el Kne-sset (Parlamento) ante determinadas actitudes y posiciones extremas que tienen los legisladores de origen árabe. Pero, eso forma parte de la intensidad y polémica que caracterizan a la política israelí.
A nivel ciudadano, en la dinámica de las relaciones de cada día, árabes y judíos conviven sin dificultades. Un ejemplo elocuente es lo que ocurre en el casco antiguo de Jerusalén -esa urbe milenaria que alberga en pocos kilómetros cuadrados lugares sagrados de tres religiones, sin que se registren enfrentamientos entre los distintos credos- donde las fronteras entre los barrios judío y árabe son imperceptibles y un extranjero solo advierte en cuál de las zonas se encuentra, debido al aspecto de quienes recorren las angostas calles y de los propietarios y encargados de los comercios que ofrecen diversidad de mercadería. Las relaciones entre las dos comunidades son cordiales.
Así como en la ciudad antigua de Jerusalén -está bajo jurisdicción de Israel desde que sus fuerzas reunificaron la urbe en la Guerra de los Seis Días- existe libertad de culto, de movimiento, de reunión y de expresión del pensamiento, lo mismo es válido para el resto del país. Cada sector de la población mantiene su credo religioso con respeto por el de los demás -además de judíos y árabes, en Israel hay pequeñas comunidades de drusos, circasianos y otras no clasificadas por religión- así como muestra tolerancia y comprensión ante las tradiciones, ideas, comportamiento y costumbres de las otras comunidades. Hay diferencias de credo, convicciones y enfoques, pero ello no se traduce en enfrentamientos ni situaciones límite, sino que en la interacción diaria de judíos y árabes se forjan las relaciones de un país con tolerancia.
Todos esos aspectos surgieron en lo que el periodista de El País observó y en los diálogos que tuvo con ciudadanos de diferentes actividades, desde conductores de taxi hasta profesionales universitarios y miembros del gobierno, pasando por comerciantes y otros protagonistas de la vida israelí.
Un ejemplo de la manera en que se encara la convivencia en Israel aparece cada pocos kilómetros en calles y rutas: todos los carteles indicadores para acceder a una determinada ciudad y de las distintas vías a recorrer, así como indicaciones para el tránsito -por ejemplo, velocidad, el desvío o la senda a tomar- están en hebreo y árabe y también en inglés, en este caso para guiar a las legiones de visitantes extranjeros que llegan principalmente a los lugares sagrados.
POR LA VIDA. Uno de los ámbitos en los que puede advertirse la fluida relación es en el de la atención de la salud. La población tiene a su disposición una amplia red formada por hospitales, clínicas y centros de medicina preventiva y de rehabilitación y laboratorios de análisis, respaldada por más de 33.000 médicos y más de 51.000 enfermeras, según los últimos datos disponibles, así como por la más moderna tecnología.
En los centros de asistencia trabajan médicos, enfermeras y personal técnico de diversas ramas, de origen judío y árabe. Las desavenencias que en otros planos han costado sangre y muerte, no se advierten en el ámbito de los hospitales, debido a que allí médicos y enfermeras judíos se esfuerzan al máximo por salvar la vida de pacientes árabes y palestinos. La misma actitud se observa de los profesionales árabes. Nadie repara en el origen del paciente, sino que toda la atención, dedicación y conocimientos están al servicio de la gente para curar y preservar la vida, de acuerdo con lo que relataron a El País personas vinculadas al sector.
Otro ejemplo es ilustrativo de la igualdad de oportunidades en la atención de la salud: el Estado de Israel paga diversos tratamientos, entre los que figuran los de fertilidad, a mujeres árabes.
TODOS A CLASE. También se busca brindar oportunidades a todos los habitantes, a partir de la educación, respetando la diversidad y realidad multicultural de la sociedad. El mosaico étnico y cultural es abordado mediante escuelas estatales, a las que asiste la mayoría de los alumnos; las estatales religiosas, que ponen énfasis en estudios judíos, la tradición y la observancia de los preceptos religiosos; las árabes y drusas, donde la enseñanza se imparte en idioma árabe, enfatizan en la historia, religión y cultura de esas dos comunidades; las privadas, funcionan bajo distintos auspicios religiosos e internacionales.
El esfuerzo de integración se refleja en la televisión, donde se emiten varias de las novelas más populares brasileñas, argentinas y mexicanas, en su idioma original, que logran altos niveles de audiencia en Israel. Los subtítulos aparecen en hebreo y árabe.
Hay barrios residenciales del área más moderna de Jerusalén donde todos los habitantes son judíos y el propietario del supermercado o el principal almacén y algunos de sus empleados son los únicos árabes en la zona. El contacto cotidiano se desarrolla con normalidad.
Dos religiones en competencia
Nazaret, una ciudad situada en el Norte de Israel, que aparece en los Evangelios y ahora es el centro administrativo de Galilea, tiene intenso movimiento que merma cuando realizan sus oraciones diarias.
El Angelus es indicado por el tañido de las campanas de la Basílica de la Anunciación. Poco después, a través de una red de audio, el almuédano comienza a convocar a los musulmanes a la oración. Entre los dos lugares de recogimiento y rezo hay corta distancia y una suerte de competencia, porque los parlantes desde los que surge la voz musulmana suben de volumen para neutralizar el mensaje que surge del campanario. Pero, todo se desarrolla sin consecuencias y sin crispación. Esta pacífica realidad se vive dentro de las fronteras de Israel. Más allá de éstas, la relación con países árabes, salvo algunas excepciones, y los palestinos es de tensión, dificultades y peligro permanente.
Una tierra de milagros que atrae a miles
Dijo Jesús: "Traédme los cinco panes y los dos peces". Y comieron todos y se saciaron.
Mateo 14:15-21
Se siente que es una región poblada de escenarios donde ocurrieron milagros. En el Norte de Israel, a orillas del lago -Tiberíades o Mar de Galilea, para los cristianos, o Kinneret, según el nombre que le da la tradición judía- en las cercanías de la antigua Vía Maris construida por los romanos para unir esa región con Siria, se encuentra Cafarnaum, ciudad donde Jesús residió después que se alejó de Nazaret, y efectuó sus primeros milagros y prédica e impartió enseñanzas. Allí se encuentran elementos testimoniales que incitan a intentar recrear en la mente los hechos que están relatados en los textos bíblicos y que allí tienen sus escenarios. Parte de las paredes de numerosas casas, entre las que se destaca la de Pedro, resistieron a la fuerza destructora de un terremoto ocurrido en lejanos tiempos y permanecen como pruebas de ese fascinante pasado. Asimismo, están las paredes de una enorme sinagoga que fue construida a pocos centenares de metros del lugar donde vivió Pedro y estuvo Jesús.
A un centenar de metros de las orillas del lago Tiberíades, con su apacible entorno, que sólo es alterado por la enorme presencia de miles de peregrinos y turistas y el ruido de los motores de los ómnibus que los transportan, en un sitio denominado Tagbha, aparece otro de los escenarios que impresionan y maravillan a todo cristiano: la roca donde Jesús hizo otro de sus milagros al multiplicar los peces y los panes. A toda hora se congregan creyentes que admiran el lugar e intentan visualizar e imaginar cómo ocurrió el milagro. Las pequeñas piedras en las orillas del lago o mar son el recuerdo invalorable que los cristianos pueden llevarse.
La seguridad está con una mínima presencia de policías y soldados
Israel está bajo permanente riesgo. Sin embargo, la primera sorpresa que tiene un extranjero es encontrar un país, en el que la seguridad existe, sin despliegue de fuerzas policiales y militares. Hasta en los edificios del gobierno y en la sede del Knesset (Parlamento) la presencia policial y de fuerzas especiales es mínima.
Sólo en la ciudad vieja de Jerusalén existe un moderado patrullaje. Dos parejas de soldados recorren, armados con metralletas, algunas de las callejuelas y lugares clave de una urbe que tiene intenso movimiento de peatones. Asimismo, pocos Policías de Frontera están en puntos estratégicos y -por ejemplo- indican amablemente a inadvertidos extranjeros que no pueden ingresar a un ala del añoso mercado donde se ofrecen producciones del agro y la granja, porque está reservada a los musulmanes.
En los lugares sagrados de Jerusalén, así como en los del Norte de Israel -Nazaret y Cafarnaum, para mencionar dos de los más concurridos- no se ve guardia policial ni militar israelí y todos -peregrinos y turistas- pueden moverse sin restricciones. En las dos horas de viaje por carretera desde Jerusalén hasta el Norte tampoco se advierte un operativo de seguridad ni puestos de control de documentos y vehículos, si bien una parte del recorrido es por la margen occidental del río Jordán. Sólo se observa la ocasional aparición de algún beduino en camello.
LLUVIA DE COHETES
FRENADOS. Un tiempo terrible que parece haber quedado en el pasado es el de los atentados de comandos suicidas. Las autoridades atribuyen el logro al cerco de seguridad instalado en zonas estratégicas del país y a la indeclinable tarea que llevan a cabo los servicios de inteligencia, para descubrir y frustrar intentos de agresión del terrorismo.
ATAQUES. Los atentados de comandos suicidas fueron frenados, pero Israel sigue sufriendo la agresión frecuente con cohetes que son lanzados por Hamas desde la Franja de Gaza. Habitualmente, los cohetes hacen impacto en la ciudad de Sderot, situada en el Suroeste israelí, a unos 60 kilómetros de Gaza, causando víctimas en la población civil y provocando daños materiales.
PELIGRO. Los miembros del Kibutz Brur Hayil viajan con frecuencia hasta Sderot para realizar compras y consultas médicas, pasear y disfrutar del cine. Los habitantes del kibutz son de origen brasileño. Varios de ellos comentaron a El País que no temen el peligro que pueden enfrentar en Sderot y que cuando caen los cohetes buscan de inmediato un lugar apropiado para refugiarse.
CONTROLES. En edificios del gobierno, el Parlamento, centros comerciales y la terminal de ómnibus de Jerusalén están instalados escáners y detectores de metales.
Las cifras
470 Son los kilómetros de largo que tiene Israel, en tanto su zona más ancha es de unos 135 kilómetros.
7 Son los millones de habitantes de Israel, según las últimas cifras de 2006. Jerusalén tiene 710.000.
2.000 Es en dólares el salario promedio. Varias profesiones superan esa cifra. El mínimo es de 800 dólares.