M.H.
Creyente o no, es imposible no sentir paz luego de dejar el despacho del Arzobispo Monseñor Cotugno. Sus palabras repletas de metáforas y alusiones al nacimiento de Cristo que se celebra mañana, en tono pausado y reflexivo, van calmando al interlocutor que llega a cien kilómetros por hora desde la calle, en estos últimos días del año que se hacen cada vez más cortos.
Con esa misma paz, el Arzobispo de Montevideo no sólo se refiere a la Navidad, sino también al debate sobre la despenalización del aborto, a la reglamentación sobre el concubinato y a tantos otros temas candentes que se debatieron en el Parlamento, y que corren por caminos tan contrarios a los que predica la Iglesia. También habla del pecado, confiesa que ni él se ha salvado del mismo.
-En serio, ¿usted ha pecado?
-Y quien no peca en este mundo. Todos. Si alguien señala lo contrario es un mentiroso. Dice la Biblia: `una sola persona no pecó, María`. Yo me arrodillo en mi capilla, y le digo al Señor que me tenga las dos manos sobre la cabeza, porque la fuerza del ser humano es muy pequeña y las dificultades son grandes. Y si no está Dios que nos sostiene, caemos todos. Pero además, dijo Jesús, que hasta los santos pecan siete veces al día.
-¿Cree que hasta el más santo peca siete veces al día?
-Sí, porque pecar no es solo matar. Hay pequeños actos de egoísmo, de autocomplacencia, de mirada no limpia, deseos no confesables, buscar la comodidad de uno y no la de los demás, una palabra menos amable. Por eso, al comienzo de la misa todos decimos: `Señor, ten piedad de nosotros`.
-Hoy la Navidad fundamentalmente es un ritual familiar, y pocos evocan el nacimiento de Jesús. ¿Desde el punto de vista espiritual, no histórico, qué mensaje le daría a la familia que estará reunida?
-Que se pregunten: ¿Qué siento dentro de mí mismo? ¿Qué quiero? ¿Por qué me reúno en familia? En esa reunión, toda persona busca ser y estar, pretende afecto y felicidad. ¿Y dónde la encuentra? En la familia y amigos. Existe un elemento muy positivo de esa noche: queremos ser felices, queremos amar y ser amados, deseamos compartir. Entonces, mi mensaje es que se potencie ese deseo e ir más a fondo. ¿Cuál es el camino para llegar a la realización de esos anhelos? Y bueno, Jesús nos dijo: `yo soy el camino, la verdad y la vida`. Es una noche para detenerse un poco y regalarnos todos el privilegio de ser libres y amantes. Mi mensaje es que podamos creer en las posibilidades de cada ser humano, hombre o mujer. Es mucho más la energía positiva para el bien, que la carga negativa que lleva al mal.
-Este año, se refirió a un proceso de destrucción y tergiversación de los principios familiares. ¿Cómo se combate desde la Iglesia?
-No sólo es un fenómeno uruguayo. La Iglesia lo combate desde el lugar que está llamada a ser. Busca mirar la realidad con los ojos de Dios. Trata de ver al ser humano, al hombre y a la mujer, que unidos en el amor, abiertos a la vida, crean la familia. Lo que la Iglesia intenta es dar testimonio para que la familia responda al proyecto de Dios. Se debe tener claro que la familia es una realidad que se desprende de la misma naturaleza humana y que la mejor manera de realizarse como persona es vivir en familia. Y esto no es un versito aprendido en los libros. Lo puedo decir por experiencia personal, por lo vivido en mi casa, en un hogar común, desde ese testimonio de amor que vivíamos junto a mis padres. Es algo que no tiene precio. ¿Qué quiere hacer la Iglesia? Seguir apostando por la familia humana obra de Dios, que al querer ver a sus hijos felices, nos dio la realidad más hermosa que podemos aspirar: una familia unida donde se da el amor, la comprensión, el perdón.
-¿Hoy, con la misma cantidad de divorcios que de casamientos, no se demuestra que Iglesia y realidad van por caminos diferentes? ¿No hay un debe en la Iglesia?
-Siempre la Iglesia estará en debe, porque también el hombre se encuentra en el debe de la fidelidad a Dios. Y en el ser humano, siempre habrá esa dimensión negativa que llamamos pecado. ¿Por qué? Porque Dios nos hizo libres y no nos impone, no nos obliga a elegirlo. De lo contrario, no sería libertad. La fe nos dice que en los comienzos de la humanidad hubo pecado original. Y en consecuencia, en el ser humano existe una dimensión intrínseca de debilidad. Muchas veces vemos el bien, lo queremos y no lo hacemos. Más que la Iglesia y la realidad, debemos decir que la humanidad (entre comillas) va por un lado y Cristo por otro. Y dijo Cristo Jesús: `cuando vuelva el Señor al final de los tiempos, ¿encontrará todavía fe?` Yo no sé que sucederá. Pero sí sé que, más allá de la separación, la Iglesia debe seguir lo que dice Jesús, esa es su prioridad.
-¿Cuál ha sido su mayor tristeza en 2007?
-Ver que nuestros hermanos y hermanas, quizás en buena fe, han optado por un camino diametralmente opuesto a lo que constituye para mí y para la Iglesia la razón de ser: la unidad de la familia y lo sagrado de la vida. Para mí, realmente es un verdadero misterio como una realidad tan directa como es el valor de una persona que está en el vientre de la madre pueda ser objeto de una supresión que significa, definido por Juan Pablo II, un crimen abominable. Pero lo que me asombra es que hay una gran proporción de la población que piensa que lo correcto es la posibilidad de un aborto.
-El debate sobre el aborto se genera por otras problemáticas muy serias que justamente ataca a las personas más carenciadas.
-La solución no está en suprimir vidas, o firmar el acta de la impotencia o incapacidad para solucionar problemas sociales que están al alcance de todos nosotros. La solución se debe buscar en políticas sociales, educativas, y en dar la posibilidad seria y responsable de la adopción. Somos un pueblo que apenitas nos mantenemos en el mínimo. Necesitamos gente, hijos, en el país. Nada como el conocimiento y la formación de la persona para que no se deje llevar por un entorno de antivalores. Todos, incluso quienes viven en la pobreza, deben tener la libertad y la posibilidad de formarse como seres humanos, con voluntad propia.
"Observo incoherencia en discursos de políticos"
-En 2007, se presentaron gran cantidad de temas controvertidos para la Iglesia: despenalización del aborto, reglamentación de uniones concubinas, educación sexual en las escuelas. Esos debates no nacen por generación espontánea sino por iniciativas políticas. ¿Está desilusionado del gobierno?
-No, desilusionado no. Decir gobierno es englobar muchas cosas. Porque además eso no comienza con este gobierno. Si se mira en el horizonte de la humanidad, uno se da cuenta de que nosotros todavía tenemos el privilegio de no haber llegado a cosas a las que arribaron otros países con leyes que son tremendas. Pero estamos en camino. Siendo hombre de Iglesia voy a poner lo mejor para que el ser humano tenga una consistencia firme. No puedo decir que estoy desilusionado del gobierno si mi presidente, frente a una posible ley de despenalización del aborto, dice `yo la veto`. ¿Cómo no voy a estar orgulloso de mi presidente? No es que comparta toda su filosofía, pero es un hecho puntual. Así como otros ciudadanos, legisladores, diputados y senadores, que optan por la despenalización, obviamente no cuentan con una actitud de aprobación. Menos aún cuando encuentro políticos que dicen ser católicos y se ponen en una postura que no es la de la Iglesia Católica. Eso me da pena y me causa dolor, porque veo que hay una incoherencia y un apartarse de lo que dice la Iglesia.
-¿No existen diferentes posturas en la propia Iglesia?
-No. Seamos claros: si alguien conoce la Iglesia sabe que en estos temas, en estos campos, la postura es la del Papa, del Arzobispo, de todo el pueblo de Dios. Es un asunto de coherencia humana: si yo no acepto esta postura de la Iglesia, tengo que decirme a mí mismo, con toda sinceridad y claridad: `salgo de la comunión católica`. Nadie va a juzgar a nadie aquí, cada uno tiene que juzgarse a sí mismo frente a su fe y al Señor. Pero la Iglesia no es abstracta, es una colectividad concreta. Reafirmamos la postura en pro de la vida, en pro de la fidelidad, en pro del proyecto de Dios que ha hecho al ser humano, la familia, la vida, desde el valor sagrado y divino que tiene. Nosotros nos jugamos por esos valores. Sin asumir postura de jueces, cada uno tiene que responder a su conciencia.
Cena en la Catedral para personas solas
En Nochebuena, Monseñor Cotugno celebrará la misa a las 11 de la noche. "Lo más importante es la celebración del ministerio, de eso no hay ninguna duda. Si Dios de verdad se hizo hombre esa noche, ¿qué otra prioridad puede haber? Es esa la única."
Luego de la liturgia, sobre la una de la mañana, la Iglesia reunirá a su familia para "regalarle todo su amor y capacidad de entrega."
Por esa razón, por primera vez en la historia, se convocará tanto a feligreses como a todo aquel que pase solo la Nochebuena para cenar junto con el Arzobispo y demás miembros del clero, en el atrio de la Catedral.
"Si hay mucha gente, cortaremos la calle y nos sentaremos ahí en la Plaza a celebrar juntos el nacimiento de Cristo. Ese será nuestro objetivo para comenzar la Navidad. Ya el Círculo Católico nos regaló 200 bandejas de comida", cuenta Cotugno, muy entusiasmado con la iniciativa.
Regalo de Papá Noel: "más chicos al Jubilar"
Hubo muchos dolores de cabeza este año, pero también alegrías. "En primer lugar, recuerdo la ordenación sacerdotal de dos seminaristas. Pero hay otras cosas muy hermosas, como el liceo Jubilar, en la Gruta del Lourdes. Muchos chicos, que vienen de hogares carenciados, tienen la posibilidad de terminar allí el ciclo básico, pero fundamentalmente se ha formado una comunidad educativa muy especial. El instituto y su director, un padre joven, han transformado a esos jóvenes en personas respetuosas y educadas. Nos toca con la mano el valor inconmensurable de la educación, pero de la educación armónica, integralmente asumida, donde se parte de los valores humanos, de la información, de lo científico hasta el cultivo de la dimensión espiritual del ser humano".
¿Qué le pediría Cotugno a Papá Noel? Aumentar la matrícula del Jubilar, ya que ahora sólo pueden acceder 100 chicos, y hay una lista de 100 más.