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Neurocientífico Antonio Damasio
"Todos podemos ser bestias horribles"
El gurú de la "nueva inteligencia" dice que una poderosa emoción negativa sólo puede ser contrarrestada con otra positiva de igual o mayor intensidad.

EL PAÍS DE MADRID | MILAGROS PÉREZ

Conocido como el sabio de la inteligencia emocional, Damasio dice que un hombre virtuoso y generoso, por ejemplo, puede convertirse en un ser detestable, un torturador o suicida.

Es un hombre menudo, de estatura más bien baja y apariencia tímida. El cabello plateado, su cuidadísima forma de vestir, la suavidad de sus gestos, una incisiva y penetrante mirada, dejan pronto claro, allí donde va, que estamos ante uno de los grandes. En todos los sentidos: científico, intelectual y humano. Antonio Damasio es una referencia mundial de las neurociencias. Sus estudios sobre las bases neurológicas de las emociones propiciaron una disciplina que tuvo un brillante recorrido, la llamada inteligencia emocional. Damasio no sólo demostró que las emociones juegan un rol fundamental en el proceso de razonar, sino que son la base del comportamiento social. De sus investigaciones publicadas en Science y Nature en los `80 y `90, surgió un conocimiento nuevo que luego se popularizó como inteligencia emocional.

-¿Qué opina de la evolución que está experimentando el concepto inteligencia emocional?

-Los trabajos que hice en los `80 llevaron a mi libro El error de Descartes, publicado en 1994, y ése es realmente el principio de la revolución emocional. Hubo primero una revolución cognitiva, que estuvo asociada con Noam Chomsky y otros autores, y a principios de los `90 llegó la revolución en las emociones, que está muy asociada con mi trabajo y el de otros investigadores como Joseph Le Doux. Al principio, hablar de la importancia de las emociones resultaba un poco extraño, pero en los últimos diez años esas ideas se aceptaron y cada vez tienen más importancia para entender nuestro comportamiento, la forma en que nos relacionamos e incluso cómo funcionan sistemas complejos como el económico. Todo está relacionado con las emociones.

-En su libro hace énfasis en la necesidad de cultivar sentimientos positivos. ¿Tan importantes son?

-Absolutamente. Incluso cuando parezca que entran en contradicción con los intereses. Durante un tiempo se pensó que proteger el medio ambiente perjudicaba a los negocios. Ahora vemos que, a la larga, protegiendo el medio ambiente, protegemos la economía. Y siempre es menos caro crear amigos que enemigos. Se ha visto claramente con la política en relación al Próximo Oriente e Irak. Se fue a la guerra con el argumento de que había que combatir a los enemigos para poder sobrevivir; pues bien, parece que ocurrió todo lo contrario: los costos en términos de vidas y de gastos son enormes y lo único que conseguimos es crear más enemigos. Si hubiésemos dedicado sólo un tercio de ese esfuerzo a hacer amigos, tendríamos una sociedad mejor.

-Todas esas emociones, sentimientos y pensamientos que definen a una persona, ¿se podrán algún día reducir a meras fórmulas bioquímicas?

-No, no creo, y además no tendría ninguna utilidad. Hay partes del cerebro que realmente pueden ser descritas en términos bioquímicos y que podemos describir cómo funcionan las neuronas, pero no podemos explicar que una persona se comporte de una determinada manera, porque eso depende de sus relaciones con los demás, de las influencias sociales y culturales. La complejidad del cerebro es tan enorme que resulta imposible describir lo que hacemos sólo en términos de reacciones neuronales.

-Algunas psicopatías van acompañadas por falta de reactividad emocional, sentimiento de culpa, empatía. ¿Hasta qué punto se deben a anomalías del cerebro y hasta dónde son inducidas?

-Como el cerebro está siendo siempre informado de lo que sucede fuera, podemos afirmar que hay algunas formas extremas de educación o determinados contextos sociales que pueden hacer que los cerebros no funcionen bien. En principio, se pueden generar psicópatas, a causa de una educación horrible o porque algo no funcione en el cerebro desde el principio.

-¿Significa que una determinada educación puede llegar a producir alteraciones bioquímicas?

-A veces sí. Pero no tanto alteraciones bioquímicas como alteraciones de la conectividad neuronal. Las reacciones bioquímicas sólo se producen en el contexto de las redes neuronales. Se puede decir que la química es lo que permite la conectividad neuronal, y esa conectividad es la que puede ser alterada. De modo que la respuesta es sí: la mala educación o un mal contexto social pueden alterar la conectividad, y muy especialmente en la infancia y la adolescencia.

-Los niños pueden ver en un día más muertes violentas en la televisión que las generaciones anteriores en toda una vida. ¿Eso puede hacerles más agresivos?

-Sí, estoy convencido de que sí. Pero hay que matizar: todos hemos estado sometidos a la violencia a través de la pantalla, incluso en los dibujos animados. La figura de Charlot era encantadora, pero en muchas de las secuencias había una inmensa carga de violencia. Lo que cambió no es sólo que ahora hay mucha más violencia, sino que es una violencia más gratuita, sin motivación. Y que muy probablemente los niños que están viendo esa violencia no tienen a su lado a unos padres o a unos profesores que les ayuden a interpretarla. Ése es el problema mayor. No es que los niños no sepan distinguir entre realidad y ficción, el problema es que necesitan que alguien les explique qué está bien y qué está mal, y muchas veces no lo tienen. Y además, la violencia se le presenta de forma tan rápida que el niño no tiene tiempo de reaccionar emocionalmente. Ve cosas horribles, pero su cerebro no puede reaccionar porque ya está ocupado en otras imágenes, a veces de signo contrario. Esa velocidad y la ausencia de supervisión es lo peligroso.

-En algunas madrazas (escuelas coránicas), los niños son sometidos a un entrenamiento del que surgieron muchos terroristas suicidas. ¿Qué mecanismo mental puede conducir a una persona a pensar que obtiene un beneficio matándose para matar a los demás?

-Su pregunta plantea la relación entre las emociones, la racionalidad y las creencias. Tiene razón cuando dice que se puede manipular, pero siempre a partir de emociones existentes. El miedo, la tristeza, la ira, son emociones que existen dentro de nosotros, y se pueden reforzar o atenuar, y también se pueden conectar con objetivos concretos. Esas escuelas hacen que las personas odien más y odien ciertas cosas en particular. Pero eso no es suficiente. En ese proceso, lo interesante es el papel que juegan las creencias. Si alguien llega a creer verdaderamente que hay una vida en el más allá, algo perfecto, y esa persona vive en un mundo de horror y violencia, es lógico que piense que vale la pena sacrificarse porque la otra vida será mejor. Se dice que los suicidas son irracionales. Yo diría que son bastante lógicos: entre vivir en un mundo donde las personas son destruidas y humilladas, o vivir allá, donde todo es perfecto… En estos casos, lo determinante no son las emociones, sino las creencias.

-Están quienes, por temor o comodidad, dejan de lado los valores y miran a otra parte, como ocurrió en la Alemania de Hitler o ahora en relación con Guantánamo.

-Eso es muy triste, pero efectivamente ocurre y forma parte de la naturaleza humana. Ahora que estamos expuestos no sólo a un holocausto, sino a muchos holocaustos en todo el mundo, vemos que todos los seres humanos tienen la potencialidad de ser increíblemente virtuosos, individuos generosos y respetuosos con los demás, pero también de convertirse en bestias horribles. Una de las cosas más dramáticas es que podemos encontrar personas capaces de las más abominables torturas y de extasiarse al mismo tiempo con la música y las artes más refinadas.

-Primo Levi explicó que para que alguien pueda llegar a lo que los nazis hicieron en los campos de concentración, tienen que negarle al otro la condición de ser humano…

-Claro, porque de lo contrario no podrían. Y en eso interviene la capacidad de manipulación de la propaganda para crear un clima propicio a determinadas conductas. Yo creo que cuestiones como la de Guantánamo o lo que sucede actualmente en Irak se explican porque se ha creado un estado de miedo. A pesar de que Irak no tiene nada que ver con el atentado del 11-S, muchos norteamericanos creen que están en esta guerra porque fueron atacados y se están defendiendo. Así es posible que un pequeño grupo de personas se salga de los límites y haga cosas completamente inaceptables.

-Ha dicho que las emociones tienen tanto poder en nosotros, que una muy fuerte sólo puede ser anulada por otra de igual intensidad y de signo contrario. ¿Cómo defendernos del miedo inducido?

-Lo más importante que la investigación sobre las emociones puede hacer por la humanidad es hacer comprender cómo opera nuestro cerebro emocional. Si entendemos cómo se genera el miedo o el odio y cómo es posible manipularlo por la publicidad, podremos defendernos cultivando emociones fuertes de signo contrario. Pero para que sean eficaces, tienen que estar informadas por la razón. Hemos visto que el proceso comienza con una emoción, esta emoción lleva una determinada información que, al ser procesada en la parte racional del cerebro, da lugar a un nivel diferente de conocimiento en el que las emociones se convierten en sentimientos. No es que la razón acabe con la emoción, sino que la emoción crea razón, y la razón conduce a esa emoción a otro nivel más consciente.

-El miedo ha desempeñado un papel importante en la supervivencia de la especie, y por eso es una emoción poderosa. Pero hay otras más oscuras. El racismo, por ejemplo. ¿De dónde viene y por qué?

-Sin duda, tuvo un papel muy importante en los tiempos de enfrentamientos tribales, porque permitía identificarse con el propio grupo y distinguir a los miembros del clan contrario, algo esencial para la supervivencia. Pervive porque forma parte de nuestra naturaleza. Todos podemos tener, potencialmente, una reacción racista, especialmente si hay una manipulación en esa dirección. Es como un germen que está en nuestro cerebro. En su momento resultaba ventajoso porque permitía identificar a los individuos que eran peligrosos. Si ahora creamos un entorno en el que un grupo es identificado como una amenaza, es muy fácil activar ese mecanismo de reacción no consciente. Los líderes sociales han de tener en cuenta que a través de la educación y de los procesos sociales y políticos se puede conducir a las personas hacia el bien o abocarlas hacia cosas horribles.

-Últimamente, sus trabajos se han orientado a la intuición y la creatividad. ¿Qué es la intuición?

-Una manera de razonar que no sigue las fases habituales del proceso consciente. Si usted me hace una pregunta y yo contesto de una manera razonada, pasaré por toda una serie de fases lógicas en la producción del pensamiento. Una cosa me llevará a otra, y así sucesivamente. La intuición pasa de la pregunta a la respuesta sin seguir el camino habitual del raciocinio. Es la experiencia del "eureka, lo he conseguido", sin saber cómo ha sido. En la intuición, lo que sucede es que el raciocinio está funcionando, pero no de una forma consciente, y la emoción le está ayudando en este recorrido. Ahora bien, si una persona es intuitiva, es porque ha educado su intuición.

-¿No hay personas por naturaleza más intuitivas que otras?

-Puede que algunas personas tengan más probabilidades de ser intuitivas, pero la intuición se puede educar. Es como la suerte. La buena suerte lo que hace es ayudar a quien está mentalmente preparado, a quien sale a buscarla. Si una persona va por la vida observando a los demás, analizando las consecuencias de lo que hace, tendrá más posibilidades de ser intuitiva.

-¿Y qué tiene que ver la intuición con la creatividad?

-Muchísimo. La creatividad se basa en respuestas intuitivas, porque hay que distinguir entre la creatividad en sentido propio y la innovación. La creatividad es lo que hace que podamos realizar nuevos trabajos, procede de un conjunto de imágenes que hay en nuestra mente y que nos permiten crear nuevas combinaciones. Si éstas son completamente nuevas en relación con el pasado, esa creatividad es innovadora. Esa persona tiene no sólo una mente creativa, sino una mente innovadora. En ese proceso, la intuición es muy útil porque lleva directamente a la respuesta.

"Hombres y mujeres cultivan distintas emociones"

Estudió Medicina en su ciudad natal, Lisboa, pero desarrolló su carrera en Estados Unidos, a caballo entre las universidades de Iowa y Southern California, donde ahora es catedrático.

Sus trabajos sobre las bases neuronales de las emociones, el lenguaje y la memoria, publicados en las revistas científicas más prestigiosas, le han valido numerosos premios, como el Príncipe de Asturias de Investigación en 2005. De mentalidad progresista, Antonio Damasio compaginó su tarea como investigador con una intensa actividad divulgativa. Es autor de El error de Descartes: la razón de las emociones y En busca de Spinoza.

-Durante tiempo se creyó que las mejores decisiones eran las racionales, que prescindían de emociones. Eso llevó a menospreciar el razonar de las mujeres. ¿Se podría decir que sus trabajos reivindican la parte más femenina del cerebro?

-De alguna manera, sí. Se cometió un primer error al decir que solamente las mujeres pensaban con las emociones, y mayor error fue aún creer que esa forma de pensar era menos buena. Pero los mecanismos emocionales se dan por igual en los dos géneros. Somos el resultado de una combinación de razón y emoción. La gran revolución fue ver que emoción y razón van juntas. Y algo más importante: las emociones fueron, al comienzo y a lo largo de la evolución, la base de la racionalidad. Emociones como el miedo, la compasión o la alegría ayudaron a las criaturas vivas a tomar decisiones racionales.

-Si las mujeres cultivaron el componente emocional, ¿están más capacitadas para gobiernos más deliberativos?

-Sí. La gran diferencia entre hombres y mujeres está en el tipo de emociones que cada género cultiva. Ellos cultivan más las emociones que tienen que ver con la agresividad, porque son los que a lo largo de la historia han hecho la guerra, han salido a luchar por los alimentos. Las mujeres, debido a su papel en el cuidado de los hijos y de los débiles, cultivaron más emociones que tienen que ver con la simpatía o la compasión, y que son más idóneas para resolver conflictos de manera pacífica. Lo que hemos de hacer ahora es reequilibrar las emociones y evitar separarlas por géneros.

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