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Las ondulantes colinas del Oeste de Hungría, que albergan bosques y viñedos bucólicos, no tienen similitud alguna con las perversas calles de Manhattan. Pero, en uno de los apacibles terrenos, se erige una gigantesca estructura de andamios por sobre el paisaje, pronta para resistir el peso de las fachadas de una aparente calle de Nueva York y la multitud de actores que la poblarán.
Cerca, avanzan los trabajos de construcción de un gigantesco arco que servirá de gran entrada al nuevo templo de producción de películas: los Estudios Korda, que tienen esa denominación en homenaje a tres hermanos que fueron grandes cineastas húngaros y son construidos en 34 hectáreas de lo que en otros tiempos fue una base de la Unión Soviética, en las afueras de Budapest, la capital húngara.
El país que aportó en alto número a la nómina de estrellas de la era dorada de Hollywood -Bela Lugosi y Zsa Zsa Gabor, son dos ejemplos- busca escalar nuevamente hasta las luminarias del cine. Si bien la primera película que se realiza en Korda -Hellboy 2: The Golden Army - no es lo que necesitaban, igual suscita la esperanza de las autoridades de que marcará el resurgimiento cinematográfico. Sin duda, Sandor Demjan, el millonario húngaro que respalda el emprendimiento de 91 millones de euros, piensa en grande. Estima que en cinco años, los estudios podrán duplicar su tamaño y en una década, duplicarse de nuevo. "Espero que con el tiempo veamos películas realizadas en Hungría por húngaros, que conquistarán el Oscar", señala.
Otros países de Europa Oriental tienen ambiciones similares. Desde el colapso del comunismo, los productores cinematográficos occidentales han estado mirando hacia el Este para encontrar lugares de filmación de bajo costo. Ahora, la competencia por ese negocio crece en intensidad. La reconocida líder de la región es la República Checa, cuyos estudios cinematográficos de clase mundial proveen el entorno para alrededor de 30 películas internacionales por año. Angelina Jolie y Morgan Freeman estuvieron hace poco en Praga para la filmación de escenas de su thriller titulado Wanted, al igual que el elenco de Prince Caspian, la última de Las crónicas de Narnia. Pero, las naciones vecinas empiezan a entrometerse. Las colinas de Rumania oficiaron de zona rural de Carolina del Norte, en Cold Mountain, la película ganadora del Oscar en 2003, en tanto Bulgaria ha generado una corriente de películas de acción para el mercado de Occidente, incluyendo Dalia negra, de Brian de Palma.
COMPETENCIA. Esas pueden ser sólo el comienzo. Las nuevas instalaciones, dinero y atractivos financieros están transformando el negocio de hacer películas en Europa Oriental y Rusia, amenazando el predominio checo y poniendo en desasosiego a los principales estudios de Occidente. En Bulgaria, comenzará en breve la reconversión de los Estudios de Cine Boyana, que fueron privatizados hace poco. Tendrá 13 escenarios a prueba de ruidos, así como reconstrucciones de ámbitos callejeros de Nueva York y ciudades de Inglaterra, prontas para filmaciones. La renovación busca atraer a productores extranjeros. En Rusia, avanzan las obras de los nuevos estudios Thema Producciones, en San Petersburgo, que se construyen siguiendo el modelo del despliegue de Warner Brothers en Los Ángeles, y supuestamente con capacidad de manejar cuatro grandes producciones de manera simultánea. "Ahora, tenemos la sensación de que hay una fila de directores occidentales que esperan en la puerta", afirma Mikhail Dunayev, jefe de Systema Mass-Media, la empresa detrás del proyecto ruso.
Por cierto, las cualidades fotogénicas versátiles de estas ciudades son un gran atractivo. "San Petersburgo puede parecer Venecia, partes de Holanda y de Estados Unidos de los años `20 o Versalles", destaca Dunayev. Budapest se parece, de manera convincente, a Buenos Aires y Munich. Pero, lo que cuenta en definitiva es el precio. Los rusos sostienen que los costos de ingenieros de iluminación o carpinteros son 40% inferiores que en Europa Occidental y la mitad que en Los Ángeles. En Bulgaria, el margen favorable es aún mayor. "Hay que plantearlo con objetividad: la diferencia de costos puede situarse entre 60% y 70%", indica David Varod, el productor oriundo de Israel que está detrás de los estudios Boyana.
Es una poderosa tentación en momentos en que la fortaleza de la libra ha obligado a la industria cinematográfica de Estados Unidos a reconsiderar el uso de los prominentes estudios británicos como Pinewood. Desde que el Parlamento de Hungría aprobó una gran exoneración para los realizadores cinematográficos en 2004, el gasto anual en la producción de películas en el país se cuadruplicó. "El personal en Hungría es excelente y encontramos todo lo que necesitamos, pero en definitiva, fueron las exoneraciones tributarias lo que realmente contó", indicó Leslee Edwin, un productor británico que en fecha reciente finalizó, en Hungría, la filmación de la comedia Mrs. Radcliffe`s Revolution.