AP Y EFE
Un optimista, y crean que ya no hay muchos, diría que la ventaja que tiene ahora el ciclismo es que está en una crisis tan profunda que de aquí en adelante las cosas sólo pueden mejorar.
Quizás.
Pero así pensaban muchos tras los escándalos de dopaje en 1998 que dejaron muy malherido al ciclismo. Todos creyeron que se aprenderían de las lecciones del pasado. Y no pasó.
En la presente edición del Tour de Francia, la prueba más prestigiosa y legendaria de este deporte, cinco ciclistas y dos equipos han sido expulsados, incluyendo quien fuera líder y favorito, el danés Michael Rasmussen.
El domingo pasado, cuando finalizó la competencia, se anunció un nuevo caso: el español Iban Mayo dio positi- vo por consumo de eritropoyetina (EPO). Otro español, Alberto Contador, fue el ganador de esta deslucida competición y él mismo lo lamentó: "sería una pena que hubieran otros escándalos de este tipo".
El comentario tuvo algo de profético porque hubo otro caso. El alemán Patrik Sinkewitz se declaró culpable el lunes. "Una tarde, en el lugar de entrenamiento en Francia y sin reflexionar sobre ello, tontamente, me lo apliqué en el brazo. Lo hice de forma instintiva y sin pensar demasiado en ello", dijo Sinkewitz quien reveló que empleó tetogel (testosterona en gel).
Estos dos últimos se suman a los del kazajo Alexandre Vinokourov y del italiano Cristian Moreni, con doping confirmado.
La crisis deja al ciclismo tan mal parado que ya surgen interrogantes sobre si se suspenderá la próxima edición del Tour o si deberían quitar el ciclismo como deporte olímpico. La situación es desesperada.
Y es que, opinan muchos, sólo una decisión radical como ésta podría reinstalar la credibilidad en el ciclismo.
La Federación Internacional de Ciclismo (UCI) no ha dado muestras de ser un buen guardián del deporte. Ha sido incapaz de detener la lluvia de dopajes de los últimos años y se demoró en colocar normas de antidopaje rigurosas.
El danés Michael Rasmussen lideraba la competencia cuando faltaban cinco etapas. Sin embargo, su propio equipo lo expulsó al comprobar que no realizó los controles antidopaje previos al tour. El ciclista se quejó y anunció que recurrirá a la Justicia.
En el fondo, la afición está indignada, aunque también hay que preguntarse si ellos tienen culpa. Pese a saber que muchos de sus héroes estaban dopándose, seguían saliendo en masa a vitorearlos.
Algunos periodistas tampoco se salvan, haciendo preguntas tales como: "¿por qué llevas calcetines negros?" y no yendo directo al grano como: "¿nos explica cómo puede lograr tal desempeño sin la ayuda de drogas?".
El ciclismo está muy maltrecho y quizás sea hora de emprender una etapa de la verdad y reconciliación, para limpiar de una vez por todas al deporte.
Sospechosos de siempre
El ciclista español Alberto Contador, flamante campeón del Tour de Francia, fue recibido como un "héroe" en su país, pero su triunfo suscitó en Francia sospechas de la prensa y los especialistas.
"Sus prestaciones en montaña fueron excepcionales, es decir, equivalentes a las realizadas hace años por corredores descubiertos por doping más tarde", advirtió Frédéric Grappe, investigador en un laboratorio de biomecánica. Se le practicarán pruebas al vencedor.
Portazo de medios
Los escándalos en el Tour de Francia, que pusieron en duda toda la competición, también generaron una estampida de sponsors y periodistas de la competencia. Los canales de televisión alemanes ARD y ZDF recogieron sus cámaras y se marcharon con las imágenes a casa. El Tour se quedó entonces sin una buena cuota de publicidad. Luego, el diario France Soir se retiró de la sala de prensa y el Liberation optó por no publicar las clasificaciones del Tour por considerarlas "falsas".