Cárceles para seres humanos

MARTÍN FABLET

En la prisión de Bastoy en Noruega, los reclusos purgan sus penas en un establecimiento sin muros ni barrotes; no hay sistemas de seguridad que los controle y luchan por su rehabilitación criando chanchos, corderos y cultivando moras silvestres.

Estos presos elegidos, o con buen abogado, habitan una muy bonita isla en el fiordo de Oslo. La idea de ese curioso proyecto es la de intentar la reinserción a la sociedad de peligrosos delincuentes, a través del contacto íntimo con la naturaleza.

"La mayoría de los extranjeros no creen que podamos albergar asesinos, violadores y pedófilos sin que estén hacinados", comenta Oeyvind Alnaes, director del establecimiento carcelario.

"Aunque estas personas hayan cometido actos abominables, no significa que se trate de personas abominables" (esto último va por cuenta de Alnaes).

Al parecer la clave de este emprendimiento correccional es su capacidad locativa. En las antiguas instalaciones de un orfanato para gurises complicados, la dirección del penal aloja a tan sólo 115 prisioneros. Todos ellos (sin excepción) realizan tareas muy productivas. Tanto el mafioso como el asesino se dedican a la carpintería, a la cría de animales, al cultivo de la tierra y hasta practican la pesca artesanal. (Sin embarcaciones, sólo desde tierra).

Los reclusos viven y llevan a cabo todas estas bucólicas tareas con la supervisión de vigilantes, que aunque parezca absurdo, no portan armas y a los que llaman por su nombre de pila.

Alneas se siente orgulloso al ver la reacción de un recluso (que supo desmembrar a un travestido) y hoy logra emocionarse por el nacimiento de un cordero e incluso darle respiración boca a boca. Realmente enternecedor.

Los privados de libertad se dan cuenta muy pronto que es necesario respetarse y respetar. Para muchos reclusos, Bastoy es el mejor lugar del mundo. Supongo que para purgar condenas. "Aquí uno puede ser feliz" afirma Kurt, recluido por estafa.

La jornada laboral va de las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde. Lo que sería una versión light del nine to five.

Luego de terminado el día de trabajo, los reclusos pueden deambular por la isla a piacere. Algunos hacen música, otros practican deportes.

Al parecer tienen una muy buena selección de fútbol. Por supuesto siempre juegan de local.

A las once, deben volver a sus casas, que no son celdas y no tienen ningún tipo de cerraduras. El sistema se basa esencialmente en la confianza.

Durante el invierno los internados junto con un vigilante se adentran en el bosque en busca de leña, por supuesto que todos munidos de sierras y hachas. (¿Imagina al Betito y al Pelado portando sierras y hachas?).

Aunque usted no lo crea el Ferry que comunica Bastoy con el continente es administrado por los propios reclusos.

En los últimos cinco años sólo se registró un intento de fuga. Tal actitud se pena con el traslado del insurgente a un penal convencional.

Todavía no hay estudios sobre el grado de reincidencia de aquellos que han vivido una condena en Bastoy, pero sin dudas tiene que ser menor comparado con el de las cárceles regulares.

La obligación de trabajar y la poca cantidad de reclusos parece ser la clave del éxito de este proyecto.

"Como en todas los establecimientos penitenciarios, los prisioneros llegan con una actitud desafiante e impertinente, pero luego de dos meses sólo sonríen" asegura Alneas.

Me están dando ganas de cometer algún delito en Noruega.

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