Asesinatos y glamour

LIL BETTINA CHOUHY

Con sus novelas policiales y enorme éxito, la autora Agatha Christie ya demostró que los crímenes en familia, y en particular en las clases altas, son los preferidos por la mayoría.

La novela negra norteamericana (Hammet, Chandler,) se adentra en territorios marginales, pero el toque de ricos y famosos aparece con bastante frecuencia.

Ross McDonalld y su detective Lew Archer se pasean por casas ostentosas con mujeres ricas y decadentes, con soltura y puntería.

El excelente Vázquez Montalb y su Pepe Carvalho se mueven en espacios "policlasistas", pero no hay duda, que las privilegiadas víctimas o victimarios agregan condimento a las historias cargadas de suspenso.

En estos días, dos asesinatos, del otro lado del río, le están dando tregua a las debilidades de la campaña electoral de Kirchner, porque tienen atrapados a los medios. Dos mujeres en la cincuentena, atractivas, modernas, protegidas por el dinero, habitantes de barrios privados, fueron asesinadas.

Se trata de María Marta García Belsunce y Nora Dalmasso. Fueron asesinadas en la intimidad de sus camas, presuntamente víctimas de sus familiares más cercanos. Maridos, hijos, suegros, cuñados se encuentran en la mira de la sospecha.

Proximidad familiar, dinero, locas pasiones, despecho, tráficos ilícitos, perversión danzan en las investigaciones y en el imaginario colectivo.

Los trapos sucios sacados al sol, el poder y la influencia de los posibles asesinos, las dificultades para resolver los casos, ponen a los jueces en entredicho y a la especulación en trance de volar libremente en ambos márgenes del Plata. La tragedia griega y Shakespeare ya lo sabían. En familia y con poder, dioses y humanos transitan por pasiones y venganzas, parricidios e incestos que terminan en el asesinato.

Frente a estos ejemplos ilustres que son un marido que sigue jurando inocencia al borde de la sentencia (primeros días de julio) o un hijo gay, prolijo y ejemplar estudiante de derecho, tal vez incestuoso (Fernando Macarrón Dalmasso, 19 años).

Por un lado se observan familias católicas, universidades caras, poder económico, casas protegidas. En el revés de la trama de la satinada apariencia, se ven amantes, perversión, acaso corrupción y tráficos, pruebas que van y vienen, acusaciones encontradas.

"Vecinos autoconvencidos," manifiestan, en Río Cuarto (Córdoba) , reclamando que el chico Facundo sea juzgado como los demás, y que los ricos paguen igual que los pobres.

Odios, celos y resentimiento de clase se abren paso desde los menos privilegiados a través del escándalo. El sentimiento consolador y democrático de que todos somos o podemos ser más o menos miserables hace camino al andar.

Psicoanalistas y sociólogos ensayan pseudo sesudas explicaciones, "cuanto más escabroso y sucio sea el asunto, y más alto en la clase social, más satisfactorio es el estímulo del inconsciente de venganza colectiva.

Otros asesinatos menos rumbosos pueblan la recurrente crónica policial. Las víctimas de violencia doméstica: la última murió esta misma semana. Rápidamente desaparecen de nuestro imaginario.

Las protagonistas, desdichadas o pobres, carecen de glamour. Recordar que recientes investigaciones americanas señalan que los homicidios en el orden familiar son la única categoría de asesinatos en que el número de víctimas mujeres supera al de los hombres es un mero dato de la estadística.

Nuestros sentimientos más oscuros aspiran a mayores carnaduras. Por suerte nos enseñaron que el hogar era dulce.

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