JUAN ANDRÉS ELHORDOY
Lejos ya de las discusiones filosóficas sobre la justicia o injusticia del sistema tributario que se viene, el tiempo apremia. El paso cansino que ojea al calendario, no hace más que poner nerviosa a la población que se verá afectada. Las consultas se multiplican, los contadores enloquecen y los responsables de reglamentar la reforma corren a contrarreloj. Ya lo dijo Mafalda: "paren el mundo que me quiero bajar".
Hay por lo menos cuatro frentes que laten con la reforma tributaria:
1. El gobierno. Insiste que se aplicará en su totalidad a partir del 1º de julio. Los técnicos afirman que todo llegará en tiempo. ¿Y en forma? No es un juego de palabras. Expertos en la materia afirman que el Ministerio de Economía debe reglamentar la reglamentación porque aparecieron errores técnicos e imprecisiones jurídicas. Mientras tanto, el presidente del BPS señala que todos los servicios de atención al público están funcionando y que no hay dificultades operativas para responder a la demanda de los contribuyentes.
2. La oposición. Dirigentes de los partidos tradicionales piden a viva voz que se posponga la aplicación de la norma para el 1º de enero próximo. Quizá esto tenga que ver con la campaña en contra del nuevo sistema que desde hace tiempo vienen impulsando. A esto hay que agregar que algunos profesionales, continúan juntando adeptos para presentar recursos de inconstitucionalidad por el IRPF que grava a las pasividades.
3. Los especialistas. Empresas consultoras y contadores independientes no paran de señalar que a quince días de la aplicación del nuevo sistema, quedan dudas con relación a la misma. Las preguntas fluyen y las respuestas concretas no tanto. Como es lógico, una transformación así es muy compleja de procesar, interpretar y comunicar.
4. Los contribuyentes. La DGI, el BPS, el Ministerio de Economía, las consultoras privadas, los técnicos independientes, las empresas que actuarán como agentes de retención, los medios de comunicación y un sinnúmero de organizaciones sociales, trabajan para despejar dudas. Sin embargo, la muy completa página www.uruguayavanza.gub.uy, tiene debilidades. Por ejemplo, no evacúa con claridad muchas dudas sobre aspectos operativos. Entiendo que sus preguntas frecuentes y el lenguaje empleado allí, no facilitan la comprensión del público alejado de la especialidad tributaria.
¿Por qué apuraron tanto los tiempos? Siendo que el Frente Amplio tenía claro que implementaría un cambio profundo en el sistema tributario, ¿era necesario correr tanto?
¿Por qué a dos semanas del 1º de julio, faltan reglamentaciones del Poder Ejecutivo y resoluciones de la DGI? ¿No corre el Estado demasiado riesgo al aplicar un régimen con tan poco tiempo para preparar a los contribuyentes?
Un amigo me comentó que no siente más al Estado como socio de su empresa. "Con la reforma, pasó a ser mi patrón". Y como él, hay miles que comienzan a retener dineros y a asesorar trabajadores como si fueran sucursales de la DGI.
A su vez, son miles de nuevos contribuyentes que deberán preocuparse por sus cuentas. Quizá se subestimó el cambio cultural que implica la reforma tributaria y se sobrestimó el tiempo político-electoral.