El arma secreta de Sarkozy

Permanentemente apoyó a su marido en las batallas políticas. Elegante y linda para unos, ambiciosa y fría para otros, nadie sabe qué esperar de Cécilia Sarkozy. Más allá de su carácter polémico, todos coinciden en que ha sido la mejor herramienta política del nuevo presidente francés.

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EL MERCURIO | DANIELA MOHOR W.

Cuando en un programa de televisión francés le preguntaron, en 2005, donde se imaginaba en diez años más, Cécilia Sarkozy no habló de grandes ambiciones: "En Estados Unidos, trotando por el Central Park", contestó.

Una manera sutil de recalcar lo que ya había declarado anteriormente en los medios de prensa: que no se veía como primera dama. "No me veo como first lady. Me aburre. No soy políticamente correcta. Me paseo en jeans y botas. No calzo con el molde", aseguró en la revista Téléstar.

Estrategia comunicacional o realidad, lo cierto es que en las últimas semanas, la esposa del presidente electo de Francia no ha adoptado la actitud esperada de una futura primera dama. No acompañó a su marido a votar en la segunda vuelta y tampoco se apareció en los últimos meetings políticos de "Sarko" (así llaman los franceses a su nuevo presidente) que precedieron la votación.

Sólo reapareció en las celebraciones de su victoria, el 6 de mayo en la noche, en la célebre Place de la Concorde. Y eso fue suficiente para alimentar los rumores publicados en los diarios extranjeros, que aseguran que Cécilia pasó gran parte de las últimas semanas en Florida y que la pareja está en crisis. No sería la primera vez.

LOS NUEVOS KENNEDY. Conocido hace años por sus ambiciones presidenciales, Sarkozy desarrolló una estrategia que consistió en usar a su familia como herramienta de campaña. No dudó en exponer a su esposa y a su hijo Louis frente a los medios, y muchas veces la pareja fue comparada con los Kennedy o los Clinton, por trabajar juntos. "Es una opción de vida que tomamos. La política es tan violenta que es más fácil de a dos", ha declarado ella.

Durante años, Cécilia se desempeñó en las sombras, como asesora de imagen y miembro de los gabinetes ministeriales de su marido. Pese a contar siempre con una oficina al lado de la de su esposo, la actual primera dama francesa nunca tuvo un cargo oficial, salvo una vez, en 2004, cuando fue nombrada consejera técnica del gabinete de su esposo, entonces Ministro de Economía, Finanzas y de la Industria. Su presencia siempre se notó y nunca dejó indiferente a nadie.

Varias veces, Sarkozy tuvo que aclarar que su esposa no era remunerada, para defenderse de las críticas. Críticas que no la intimidaron: ella continuó en el centro del poder y estuvo siempre en la primera línea de la carrera ascendente de su marido.

En 2004, renunció incluso a ser candidata en las elecciones regionales para seguir ayudándolo a él.

Mientras creció la popularidad de su marido, ella se volvió más visible. Sabe cómo llamar la atención de los medios y acepta sin mucha dificultad dar entrevistas. En el Ministerio de Economía no se inmutó cuando la cuestionaron por sus exigencias y gastos desmedidos. Más tarde, en el Ministerio del Interior de la Place Beauvau, mantuvo un estilo omnipresente, que irritó a más de alguno. Pero ella no habla de esos conflictos.

"Esos dos años no fueron anodinos en el plano humano. Creo que fueron los dos años más ricos que me ha tocado vivir. Estuve en contacto día tras día con los dramas de la vida, los sufrimientos, los policías, los bomberos víctimas de los riesgos inherentes a su profesión; también me empapé de la realidad cotidiana de las víctimas, de los peligros de la calle, de la inseguridad, de la prostitución... Uno aprende más en el Ministerio del Interior que en cualquier otra parte. Salí de ahí distinta", aseguró en una entrevista con el Comité de Jóvenes para la campaña de Sarkozy.

LA INFIDELIDAD. Paradójicamente, hasta en sus actuaciones más polémicas, Cécilia ha favorecido a su marido políticamente, de una u otra manera.

Así ocurrió en 2005, cuando en medio de los rumores de una crisis matrimonial ella apareció en la portada de la revista Paris Match fotografiada en Nueva York junto al publicista Richard Attias, el hombre por el que había dejado a Sarkozy. El reportaje -al que siguieron múltiples artículos revelando también la relación de Sarkozy con una periodista de Le Figaro- obligó al entonces ministro y precandidato presidencial a reconocer públicamente sus problemas.

"Como millones de familias en el país, la mía está pasando por dificultades. Las estamos superando", señaló el ahora presidente francés.

La pareja permaneció separada durante siete meses, y pese a la costumbre de los franceses de no inmiscuirse en la vida privada de las figuras públicas, la debacle matrimonial de Sarkozy contribuyó a proyectar una imagen de él más humana y cercana a la gente.

La sobreexposición de sus problemas de pareja, no obstante, les traería más de un dolor de cabeza. Es poco a estas alturas lo que el público no sabe de los Sarkozy.

El matrimonio se conoció en 1984 en circunstancias fuera de lo común. Sarkozy era alcalde de la selecta comuna de Neuilly. Cécilia llegó a la municipalidad a casarse con Jacques Martin, un famoso animador de televisión y el padre de sus dos hijas, Judith y Jeanne-Marie.

Según cuentan, al oficiar la ceremonia Sarkozy quedó encandilado con la novia, pese a estar él mismo casado. En los años que siguieron, los Martin y los Sarkozy se hicieron amigos. Sus hijos tenían las mismas edades y todo parecía estar bien, hasta que en 1988 Cécilia dejó a Jacques Martin para instalarse con Nicolas Sarkozy. La menor de sus hijas tenía sólo seis meses.

ÉPOCAS DIFÍCILES. De esos tiempos, Cécilia tiene los peores recuerdos. "Vivimos años infernales. Fue duro. Éramos el tema de conversación favorito de las comidas", comentó, en diversas entrevistas en los medios de comunicación.

En Neuilly, no escatimaron en adjetivos degradantes para referirse a la nueva novia del alcalde, que se convertiría en su segunda esposa recién en 1996.

"Resistimos a pesar de todo, porque sabíamos que lo que estábamos viviendo era algo verdadero", explicó Cécilia en 2004.

Un año después de esas declaraciones, sin embargo, todo el mundo la vería del brazo de otro hombre, en la portada de Paris Match.

NO AUTORIZADA. Poco después, Cécilia tuvo que pedirle a su marido que interviniera para detener la publicación de una biografía sobre ella, escrita por la periodista de una revista de farándula, Valerie Domain, a quien le habría confesado, entre otras cosas, que estaba sumamente cansada de sentirse como un "mueble" junto a su marido.

Gracias a la intervención de él, el libro no pudo salir al mercado como biografía, pero la periodista lo publicó bajo el formato de una novela, en que la protagonista se llama Célia y es la esposa infeliz de un influyente político.

Pese a estas peripecias, los Sarkozy se reconciliaron en enero de 2006 y Cécilia retomó el rol preponderante que siempre tuvo al lado de su marido. Lo acompañó en sus viajes por el país, se impuso en las reuniones políticas a las que asistió con él e influyó mucho en su campaña presidencial.

Organizó eventos con los votantes más jóvenes y le recomendó a su marido suavizar su imagen para ganarse el voto femenino. Un consejo que él siguió al pie de la letra declarando -en un discurso donde pedía más salas cunas y abordó otros temas de preocupación para las mujeres- "he cambiado".

Fue ella también quien estuvo detrás del nombramiento del marido de una de sus amigas, Franois de la Brosse, como uno de los principales asesores de Sarkozy, y de Rachida Dati, una mujer de origen magrebí, como vocera, en una clara estrategia para tener mayor alcance entre los inmigrantes.

Aún así, su ausencia de las últimas semanas no deja de levantar dudas sobre el papel que jugará de ahora en adelante.

Sarkozy ha asegurado que la falta de presencia mediática de su mujer no se debe a una nueva ruptura matrimonial, sino a su cansancio de tanta sobreexposición.

También declaró, tras las críticas que levantaron sus lujosas vacaciones en Malta hace un par de semanas: "Necesitaba reencontrarme con mi familia, con todo lo que han sufrido".

Habrá que esperar el cambio de mando para ver cómo sigue la mejor telenovela de la política francesa, según señalan desde los programas de chismografía, e incluso periodísticos, de la tevé de ese país.

De las monjas al modelaje: Cécilia tuvo una vida bastante agitada

Hija de una pareja de inmigrantes acomodados, Cécilia (49 años) es la única mujer de cuatro hermanos. Su padre, André Ciganer, abandonó Rusia a los 12 años y recorrió varios continentes antes de establecerse en Francia. Fue en la costa vasca que conoció a la madre de sus hijos, la española Teresita Albéniz, hija de embajador y nieta del conocido compositor Isaac Albéniz. El flechazo fue tal que la pareja se casó a los 15 días. "Eran dos almas perdidas que se encontraron y se amaron locamente", comentó hace tres años Cécilia al diario francés Libération.

El matrimonio se instaló en París, donde Ciganer trabajó como peletero en la rue Francois Ier y luego en la Place Beauvau, que alberga el Ministerio del Interior, donde Cécilia trabajaría más tarde junto a su marido. Su infancia fue la de una niña privilegiada. "Tuvimos una niñez muy tranquila y mimada. Fuimos educados en la religión católica y no nos cambiamos nunca de casa", contó la primera dama de Francia. Niña modelo, Cécilia va al colegio de las monjas de Lübeck -con misas diarias y retiros -, toca piano divinamente y participa de las selectas comidas que organizan sus padres: en ellas se hablan numerosos idiomas y concurren desde sacerdotes hasta pintores.

Único punto negro en esta infancia tradicional: los problemas cardíacos de Cécilia, que retardan su crecimiento y la obligan a someterse a una operación a corazón abierto a los 13 años. Una experiencia que no dejó huellas en esta mujer de 1,78 metros, que de joven incursionó en el modelaje y apareció practicando todo tipo de deportes junto a Sarkozy y el hijo de ambos, Louis, hoy de 10 años.

"No tengo sangre francesa"

Cécilia Ciganer era joven aún cuando dio las primeras muestras del temperamento independiente que la caracteriza hasta el día de hoy: mientras estudiaba Derecho en una de las mejores escuelas de leyes de París, vivió de pequeños trabajos en el ámbito de la comunicación, y aprovechó sus 1,78 metros de altura, para trabajar como modelo en el atellier de alta costura Schiaparelli.

Todavía no había terminado su carrera universitaria cuando la actual primera dama francesa conoció a un senador amigo de su hermano, que le ofreció el cargo de asesora parlamentaria.

Cécilia no dudó en abandonar sus estudios para lanzarse de lleno a la política. De todas maneras, sería años más tarde, una vez casada con Nicolas Sarkozy, que se consolidaría en esa área.

Acuñó una frase, que en plena campaña, los opositores de Sarkozy repitieron al cansancio para desprestigiar a su oponente: "no tengo ni una sola gota de sangre francesa", dijo Cécilia refiriéndose a los orígenes de su padre.

De todas maneras, nada de su pasado, o presente, parece incidir en las urnas. Hoy, su marido es el presidente de Francia.

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