Hadas de Irán

Hugo Fontana

RARA VEZ llega a estas latitudes un libro de autor iraní; es más, rara vez hay noticias acerca de la existencia de una literatura iraní o de un escritor en particular. Shahrnush Parsipur (Teherán, 1946), aun cuando reside en California, es una novelista de culto en su país, donde sus libros, rigurosamente prohibidos, se venden por decenas de miles. Touba and the Meaning of Night, una de sus once novelas, siguió ese camino, en tanto que Prison memoire, testimonio donde Parsipur relata sus más de cuatro años como presa política de la República Islámica, llegó a vender clandestinamente un millón de ejemplares. La casa editorial argentina Capital Intelectual ha traducido Mujeres sin hombres, primer título volcado al castellano, donde la autora se adentra en las vicisitudes del mundo femenino en un Teherán asediado por la violencia política que, en 1953, acabó con el gobierno del primer ministro Muhammad Mossadegh e instauró en fraguado trono al Sha Reza Pahlevi.

Cinco mujeres, (Madojt, Faezé, Munés, Farrojlagha y Zarrin Colá), son las protagonistas de la novela. Cada una de ellas carga con una particular historia sobre sus hombros, en la que prevalece el debate acerca de la virginidad y el ejercicio del sexo. Madojt, por querer conservar su virginidad, se transforma en árbol y crece a orillas de un río. Faezé, a los veintisiete años, quiere perderla, pero Amir, hermano de Munés, no se atreve a desposarla. Munés, diez años mayor que Faezé, tras haber muerto por primera vez, desaparece un día de su casa, vaga durante un mes por una ciudad semidestruida y llega a leer un manual censurado: "Conozcamos el secreto de la satisfacción sexual", que le cambia la vida. Cuando regresa, su hermano la acusa de deshonra y la vuelve a matar, esta vez de una cuchillada en el corazón. Farrojlagha, de cincuenta años y con más de treinta casada con Golcheré, desea que su esposo desaparezca para siempre y la deje en libertad. Zarrin Colá es una joven prostituta que llega a atender a más de veinte hombres al día pero que, harta del oficio, decide abandonar el lupanar donde ejerce. En el momento en que emprende su marcha, no se notaba "que algún día fue prostituta. Se había convertido en una menuda mujer de veintiséis años con un corazón como el mar".

Todas ellas se irán cruzando en el camino a Karay, incluso Munés luego de su segunda resurrección. En ese paraje cercano a la capital, Farrojlagha ha comprado una casa próxima a un río, en cuyas orillas crece un árbol que gime de dolor mientras sus piernas se arraigan. Faezé y Munés son violadas en la carretera por dos camioneros. Dentro del camión viaja un muchacho al que le dicen "el jardinero amable". Él se unirá más tarde con Zarrin Colá, pues sabe que el árbol que gime necesita de leche humana para crecer.

El cuerpo de Mujeres sin hombres se desarrolla a medio camino entre la denuncia social y un cuento de hadas. O mejor aun, la estructura fantástica de personajes y anécdotas pone en evidencia a una sociedad y a una cultura que desprecia todo lo que provenga del mundo femenino. Y aunque Parsipur reconoce la influencia de Chéjov en su obra, sostiene en una entrevista que le realizara la periodista Catalina Rossini, que siempre está bajo la influencia de Las mil y una noches. "Sus personajes tienen nombres iraníes, y en Irán hay muchas mujeres llamadas Sherezade, y hay tantos otros nombres de mujer, como el mío, que se le parecen. Estoy segura de que el autor fue iraní… y mujer. Creo que los cuentos iraníes se parecen a Las mil y una noches, en el sentido de que son historias dentro de historias dentro de otras, un laberinto de historias dentro de una sola". Un libro extraño, hermoso, intenso y tenue como la voz de una mujer.

MUJERES SIN HOMBRES, de Shahrnush Parsipur. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2009. Distribuye Aletea. 125 págs.

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