En 1965 desapareció la tijera que se usaba en Espectáculos para recortar los comunicados de prensa. Entonces Alsina hizo una colecta interna para comprar otra. Uno de los colegas se negó a colaborar, diciendo "Yo no tuve nada que ver con eso", y Alsina le contestó: "Habría preferido una declaración de insolvencia y no una de inocencia".
Hablando con Alsina y con un crítico de plásticas en plena actividad, éste me dijo "Sabrás que Alsina no entiende nada de arte". De inmediato, Alsina respondió "Por lo menos no escribo".
Alsina había ido a ver uno de los estrenos del día y le pregunté qué le había parecido la película; él dijo "Es tan mala que ya resulta buena".
Yo acababa de escribir una nota sobre otra película. Luego de leerla, Alsina me dijo: "Usted señala aquí que la película es demasiado larga. Su nota corre el mismo peligro".
Durante una charla con Alsina y otros colegas sobre los uruguayos que habían triunfado en Buenos Aires, desde Florencio Sánchez en adelante, se mencionaron dos docenas de nombres. Entonces Alsina tomó la palabra: "Lo que ustedes quieren decir es que todo argentino famoso es uruguayo".
Alsina recordaba un encuentro con Mauricio Müller donde se aludió a la gente que hablaba o escribía en forma retorcida, impidiendo que se entendiera lo que decían. Antes de irse, Müller invitó a Alsina para que fuera esa noche a su casa y se despidió diciéndole "No dejes de no venir".
Un cronista novato debía escribir una nota y le confesó a Alsina "No sé cómo empezar". "Es muy sencillo - le dijo él- empiece diciendo "tac": qué, cómo, dónde y cuándo".
Hace décadas me encontré en París con Arturo Despouey. Me contó que acababa de recibir una carta de Alsina pidiéndole prestado su "dispendioso apartamento" para alojarse durante los pocos días que iba a estar en Francia. "Le contesté -dijo Despouey- que el dispendioso era yo. El apartamento simplemente es caro".
Un día la actriz Concepción Zorrilla fue a visitar a Alsina a la Redacción pero un joven cronista le advirtió que Alsina no estaba. La actriz decidió esperarlo, hasta que a cierta altura y con gesto displicente le dijo al joven: "Me voy. Dígale a Alsina que estuvo China". Pero antes de que se alejara él le preguntó "¿China qué?".
El padre de Alsina se llamaba Eugenio y en una época estuvo a cargo de la crítica teatral en el diario El Día. Una tarde llegaron a verlo dos franceses que coordinaban una compañía de comedias que hacía escala en Montevideo. Los visitantes hablaron de que en Francia la crítica era bastante venal y si se les pagaba publicaban una nota más elogiosa, con foto y todo. Entonces le preguntaron a Eugenio Alsina si aquí sucedía lo mismo, y él respondió: "¡De ninguna manera! Bueno, a decir verdad todavía no nos han hecho ninguna oferta".
Allí quedó demostrado que el buen humor es hereditario.