Vigor y permanencia

 20090716 536x440

Eleonor Wauquier

QUERÍA SER como Chateaubriand o nada, decía en sus cuadernos escolares. La ambición, la perseverancia y el talento llevaron a Victor Hugo a ser uno de los autores más grandes de la literatura, y a que su obra maestra, Los Miserables, sea uno de los libros más traducidos después de la Biblia. La reedición de Losada de Los Miserables y El Hombre que ríe trae al presente dos grandes clásicos de la literatura francesa. "Victor Hugo era un loco que se creía Victor Hugo", decía Jean Cocteau sobre un hombre que se moría inmortal, cargado de años, de obras, maldito por el pasado y bendecido por el futuro.

EL TODO. Hijo del general Joseph Léopold Sigisbert Hugo, fue el más joven de una familia de tres hijos. Pasó su infancia en París, pero tuvo que hacer numerosos viajes a Italia y España por el trabajo de su padre. Después de ser pensionista en 1811 de una institución religiosa en Madrid, se instala con su madre en París en 1813, luego de que ésta se separara de su marido para unirse al general Victor Fanneau de la Horie. No se conoce mucho más sobre los primeros pasos de este escritor nacido en 1802, ya que quemó sus diez primeros cuadernos de la escuela. Primero amante de la matemática, Hugo abandona esos estudios por un marcado gusto por la carrera literaria. Esto se plasma en la fundación con sus hermanos, en 1819, de la revista Le conservateur littéraire.

En 1822 se casa con Adèle Foucher, que le da cinco hijos, pero tendrá hasta una edad avanzada muchas amantes. Como justificación, decía que "La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía". La "herejía" más conocida del autor es Juliette Drouet, una actriz que conoce en 1833, quien le dedicará su vida y lo salvará del encarcelamiento durante el golpe de Estado de Napoleón III. Varias veces sorprendido en pleno delito de adulterio, Hugo siempre es en sus misivas un ser de exquisita educación, sobre todo en las numerosas cartas a las mujeres, para las cuales inventa innumerables fórmulas de conquista.

UNA OBRA MONUMENTAL. Todo lo que escribió Victor Hugo, sin contar algunas cartas personales destruidas, fue publicado en la editorial Paul Meurice y representa casi cuarenta millones de caracteres. Poeta, novelista, dramaturgo y periodista, el autor intenta hacerlo todo y tiene éxito en todo lo que se propone. Aparte de su talento, hay una perseverancia en la que él cree: "El agua que no corre forma un pantano; la mente que no trabaja forma un tonto." Es esa pasión por el Verbo lo que lo lleva a la voluntad de practicar todos los géneros. Dejó nueve novelas. La primera la escribió a los 16 años (Bug-Jargal), y la última a los 72 (Noventa y tres), formando con la totalidad de sus escritos uno de los emblemas del romanticismo francés.

Los Miserables fue publicado en 1862, mientras Hugo estaba exiliado en Guernesey desde el golpe de estado de 1851. Con esta obra canta un himno poderoso contra la miseria. "La cuestión social queda. Es terrible, pero simple, es la cuestión de los que no tienen". La habilidad de Victor Hugo nos arrastra hacia meandros de existencia y destinos que se cruzan una y otra vez, cursos de circunstancias que necesitan una gran destreza del lector para manipular esas historias paralelas que, cada tanto, hacen curvas y se vuelven a unir. En algunos momentos puede sentirse la necesidad de pasar unas páginas quizás demasiado envejecidas, que contienen consideraciones políticas e históricas de otro tiempo.

Por otro lado, a pesar de todas las cualidades de esta obra, el melodrama popular que allí se presenta resulta irritante. En pleno período realista, toma pocas características del movimiento, hasta convertir el texto en una suerte de ensayo didáctico. Al final de esta larga práctica, lo exhaustivo del melodrama y la epopeya en Los Miserables juega con la decencia y la caridad. Quizás sea para disimular mejor las trampas de una composición donde lo simbólico se difumina en el conjunto del detalle. Ese detalle es una larga interrogación de Hugo sobre la novela popular, pero más aún sobre su paciente documentación sobre lo vivo. Es por eso que los personajes de Jean Valjean, Fantine, Javert, Marius, Cosette y Gavroche tienen algo más. Quedan tan vivos que sería inverosímil que no hayan existido; llegan al mito, como Ulises o don Quijote.

La novela popular, cuyo género se desarrolló en la mitad del siglo XIX, exige una historia llena de eventos: publicada en entregas en la prensa, el recorte pedía una tensión perpetua que hiciera rebotar la intriga para un "continuará". Pero el deseo de tocar, de retener y de instruir a la clase obrera incitaba a los novelistas románticos a largas digresiones didácticas con las cuales vulgarizaban las ideas progresistas, lo que provocaba tensiones a nivel político que deslucían lo literario.

EPOPEYA Y FATALIDAD. Los Miserables o Nuestra Señora de París (1831) serán las obras más conocidas, pero su obra maestra discreta es El Hombre que ríe, que escribió en dos años, entre 1866 y 1868. Se trata de un cuadro impresionante de la Inglaterra aristocrática de fines del siglo XVIII, en tiempos de la reina Ana. Es una epopeya que mezcla el idilio, el apocalipsis y la fantasía, la sombra y la luz, así como el bien y el mal. Es la historia de Gwynplaine, un niño marcado por una atroz cicatriz que le da una risa espantosa, y Dea, una niña ciega. Un día son recogidos por Ursus, un vagabundo misántropo, para desempeñarse como mimos. El libro retoma temas hugolianos como la monstruosidad, pero sobre todo marca contrastes casi maniqueístas entre los tres personajes que encarnan al pueblo y la aristocracia. La luz está en los ojos de una Dea ciega que ilumina caminos mostrando el bien, mientras la vieja aristocracia se nutre de mal y sombra. En El Hombre que ríe (1869) así como en Los trabajadores del mar (1866), Hugo se acerca más a la estética romántica de principios de siglo con sus personajes deformes, sus monstruos y su naturaleza que asusta. Allí queda marcado su gusto por la epopeya, el hombre atrapado por las fuerzas de la naturaleza y de la fatalidad. La otra cara del autor se muestra en obras que van más allá del cuadro de la ficción, como El último día de un condenado (1829) y Claude Gueux en 1834, novelas históricas y sociales comprometidas en un combate: la abolición de la pena de muerte.

En teatro brilla con Cromwell, escrita en 1827, oponiéndose a todas las convenciones clásicas, sobre todo respecto a las unidades de tiempo y lugar. Pero es en Hernani donde pone realmente en práctica estas digresiones contra el teatro tradicional; esta obra fue la causa de un enfrentamiento literario entre los antiguos y los modernos.

La estatua de Victor Hugo puesta sobre su tumba lo representa mirando al cielo, con un libro de poesía en la mano. Este poeta tuvo la influencia más grande que se podía tener sobre la literatura y recreó el verso francés. Franz Liszt, su amigo, compone varias piezas sinfónicas inspiradas en sus poemas. Su primera recolección de poemas (Odas y poesías varias) sale en 1822. Cada vez se vuelve menos clásico y más romántico, y así en Odas y Baladas (1826) se toma libertades con la medida y la tradición poética. Es una evolución que durará toda su vida: así como su poesía se modifica, el católico ferviente se hace cada vez más tolerante, y su monarquismo cada vez menos rígido.

En 1843 su hija Leopoldina muere trágicamente ahogada en Villequier, con su marido, en el naufragio de su embarcación. Victor Hugo, devastado por esta muerte, se inspira en ella para escribir varios poemas en Las Contemplaciones.

Los Castigos son versos de combate que quieren, en 1853, poner a la luz el crimen del miserable Napoleón III, y muestran a un Victor Hugo cruel y grosero, listo para castigar al criminal, pero también un autor versátil, capaz de utilizar la fábula, la epopeya, la canción.

UN VISIONARIO POLÍTICO. Una novela de Victor Hugo nunca es algo para pasar el tiempo: siempre está al servicio del debate de ideas. Criado por su madre en el espíritu de la monarquía, se deja poco a poco convencer por la democracia. Al principio de la Revolución de 1848 es elegido diputado de la segunda República entre los conservadores y sostiene la candidatura de Napoleón Bonaparte, presidente de la República desde diciembre, con quien rompe en 1849. Durante la revolución de 1848 defiende a la monarquía, y se queda con la derecha conservadora. En Mayo de 1849 es votado en la Asamblea legislativa, y un año después se aleja de esa asamblea cuya política reaccionaria no aprueba. De forma progresiva, se pelea con sus antiguos amigos políticos.

Hugo se exilia después del golpe de Estado de 1851, que condena por razones morales (Historia de un crimen). Durante esos años complicados, publica Los Castigos, Las Contemplaciones, y La leyenda de los siglos (1859). También es expulsado de Bélgica por ofrecerle asilo a los integrantes de la Comuna perseguidos en París. Después de la caída del Segundo Imperio luego de la guerra franco-prusiana en 1870, llega la Tercera República, que le permite a Victor Hugo terminar con un exilio que duró más de veinte años. Hasta su muerte quedará como una de las figuras de la república reencontrada, la tercera República. Las mutaciones políticas del autor lo llevan a decir que "ahí donde el conocimiento está solo en un hombre, la monarquía se impone. Cuando está en un grupo de hombres, debe dejarle el lugar a la aristocracia. Y cuando todos tienen acceso a las luces del saber, viene entonces el tiempo de la democracia".

Poco a poco su pensamiento político deriva del conservadurismo hacia el reformismo, inscribiéndose en la línea política de Chateaubriand. Como reformista, desea cambiar la sociedad y denuncia de forma violenta el sistema de desigualdad social. La base del pensamiento del escritor es que quiere cambiar la sociedad pero no de sociedad. Escupe contra los ricos que capitalizan sus ganancias sin reinyectarlas en la producción, algo que la élite burguesa no le perdonará. Por otro lado, se opone a la violencia si ésta se ejerce contra un poder democrático, pero la justifica contra un poder ilegítimo, en acuerdo con la Declaración de los Derechos del Hombre. Así en 1851 lanza un llamado a las armas: "Cargar su fusil y estar pronto". Sin embargo, en 1870, cuando estalla la guerra franco-alemana, Hugo la condena: para él se trata de una guerra por capricho y no de libertad.

A partir de 1849 Victor Hugo dedica un tercio de su obra a la política, un tercio a la religión y el otro a la filosofía humana y social. Los grandes discursos sobre Serbia, contra el trabajo de los niños, la miseria, sobre la condición de las mujeres, contra la pena de muerte, para la escuela laica y gratuita, a favor de la paz, y del voto universal y otros, marcarán su vida.

PREOCUPACIÓN POR LO SOCIAL. Hugo tenía la costumbre de pasear por París y hablar con mendigos y niños de la calle, mantener relaciones íntimas con mujeres del pueblo, recibir centenas de visitantes de todas las clases sociales y cumplir misiones de información en las fábricas y en los barrios más pobres. Por esa razón sus conocimientos sobre la clase obrera del siglo XIX eran muy vastos.

Hubo varias discusiones sobre lo verosímil de la historia de Los Miserables como documento histórico y si Hugo no habría abusado del patetismo, sobre todo con el personaje de Fantine, que debe prostituirse, vender sus dientes y su pelo para pagar la pensión de su hija Cosette en la casa de los temibles Tenardier. "Es seguro que no todo el mundo leerá mi libro, pero mi libro se dirige a todo el mundo. Concierne tanto a Francia como a Inglaterra, España, Italia, Alemania o Irlanda. La injusticia social no tiene fronteras". Ése era el pensamiento de los escritores románticos, fascinados por el proletariado urbano. La cultura del pobre era la máxima interrogación sobre un género de literatura que podía tocar una masa de lectores potenciales tan importante.

Y es que ese vuelco hacia lo social no puede separarse de los cambios ideológicos del autor. Las malas lenguas dijeron que su socialismo no había sido más que la consecuencia agria de su exilio. Victor Hugo, en respuesta, declaró en 1869: "Mi socialismo viene de 1828" (Discurso de finalización en el congreso de la paz). La toma de conciencia del fenómeno nuevo de la clase obrera y el deseo de expresar a esta clase en la literatura, data en Hugo de 1828, es decir el momento en que escribe El último día de un condenado, el primer episodio de su gran novela popular Los Miserables. Esta última se llamó primero "las Miserias", una novela-río que será también un río en la vida de Hugo, porque la creará durante 34 años.

La novela es popular en el sentido más verdadero de la palabra, porque expresa esa vida y fue recibida en el pueblo con gran entusiasmo, porque Hugo escuchó a los obreros de su tiempo y se aplicó a transmitir su mensaje. "Antes el poeta decía: el público, hoy el poeta dice: el pueblo". Indira Gandhi dice en sus memorias: "Uno de los libros que me marcaron profundamente fue Los Miserables, que, dicho de paso, leí en francés. Guardé de eso un recuerdo tan vivo que mucho después, casi hasta que fui adulta, escenas enteras volvían claramente en mi mente. Creo además que mi filosofía social fue muy influenciada por esta lectura, que me volvió más sensible a los problemas de la pobreza".

ANTÍTESIS. Lo paradójico del autor y su doble pensamiento también radica, por ejemplo, en que en su infancia asistió con gusto a varias ejecuciones y toda su vida luchará contra la pena de muerte. En su discurso del 15 de setiembre de 1848 dijo que "la pena de muerte es el signo especial y eterno de la barbarie". Hugo tenía una mentalidad complicada, a veces combatiente incansable y otras padre vencido. Su pensamiento es complejo y parece querer desorientar al lector. Por un lado rechaza toda condena de personas así como el maniqueísmo, pero por el otro es extremadamente severo con la sociedad de su tiempo.

Su pasaje en la política no estuvo libre de sospechas: los republicanos dudaban de su conversión y fue odiado por los monarquistas por haberlos traicionado. A fin de cuentas, Hugo es capaz de molestar a sus admiradores y de ser admirado por sus enemigos, lo que es natural para el maestro de la antítesis. "Quien me insulta siempre, no me ofende jamás".

Con Balzac y Nerval mantuvo relaciones de estima y de admiración mutua, siempre mezcladas con la desconfianza proveniente del ego de los grandes creadores. Pero la rivalidad es más fuerte con Lamartine. Por otro lado, Baudelaire y Verlaine a pesar de su gran fascinación por el poeta, no dejan de irritarse por el contenido político de sus versos. El arte y el compromiso político no deberían mezclarse, piensan. Es una relación ambigua que tendrá con muchos escritores del siglo XIX: Émile Zola le reprochará su falta de compromiso con los de la Comuna, así como otros le reprocharán su posición demasiado "social". "Mis gustos son aristocráticos; mis actos democráticos", decía Hugo.

Su casa, que es ahora un museo, se asemeja a un óvulo, a una matriz, en el corazón mismo de la creación de Victor Hugo. Tiene misterio, con muebles de mal gusto, casi ridículos, que contribuyen a la idea del exceso melodramático que lo caracteriza. En el teatro, por ejemplo, los dramas de Hugo siempre hicieron reír, no sólo por las secuencias cómicas sino por el patetismo ridículo, provocando una risa en contra. Pero Hugo es consciente de eso, y hace que el horror produzca la deflagración de la risa, burlándose del débil, carente de ciencia, educación y poder. Lo esencial de su grotesco es que nada está fuera de la risa vengativa y liberadora: nada es sagrado. Una risa fúnebre nada agradable para unos espectadores del siglo XIX, escandalizados, que no comprenden esa voluntad de parodia. Bajo los cambios de tono, la variedad de los géneros, de las obras, de las piezas, una inteligencia manipuladora se ríe de las opiniones más seguras y toma el adversario desprevenido.

Las obras de Victor Hugo tuvieron incontables adaptaciones al cine, a la televisión y al teatro. Casi cuarenta fueron dedicadas a Los Miserables. Por eso el autor sigue vivo en el público, presente también en la vida cultural, ya que no hay año en que no se presente alguna obra de teatro, o alguna película sobre alguna de sus obras. También está integrado a la vida política: promovió los derechos del hombre, de la mujer y del niño, el derecho fundamental de la vida contra la pena de muerte, el derecho al exilio, la laicidad del estado y de la educación, enraizando una cantidad importante de pilares de la sensibilidad contemporánea. Jean Didier Wolfromm, dice que "detestado y temido como Sartre, el señor Hugo no va a ser destronado de nuestro inconsciente colectivo y algo casi mágico hace que este hombre y su obra nunca lleguen a ser polvorientos. Cada centenario los rejuvenece".

En 1878 Hugo sufrió de una congestión cerebral que puso fin a su actividad de escritura, y muere el 22 de mayo en su casa, situada en la actual avenida Victor Hugo, pronunciando sus últimas palabras "Esto es el combate entre el día y la noche". Muchas antologías seguían publicándose, contribuyendo a la leyenda de un hombre que escribe hasta la muerte.

LOS MISERABLES y EL HOMBRE QUE RÍE, de Victor Hugo. Ediciones Losada. Traducciones y notas de Luis Echavarri. Buenos Aires, 2008. Distribuye Océano. 1184 págs. y 536 págs. respectivamente.

Fantasmas

ALGUNOS decían que era un verdadero filósofo por su vínculo con el inconsciente. Hay un sentido íntimo en su obra tan vasta y densa, así como una obsesión por lo universal. Su curiosidad lo lleva a experiencias de espiritismo en Jersey. Su amiga Delphine de Giradin fue la que lo inició en una práctica que venía de Estados Unidos y que quería entrar en comunicación con los muertos. Los poetas, como visionarios, también eran abiertos a este tipo de fenómenos. Hugo parte así a la búsqueda de su yo, del universo, se hace profeta y voz del más allá, viendo secretos de la vida después de la muerte e intentando encontrar los secretos de lo divino en una creencia sólida en la reencarnación. Después de muchos intentos sin resultado, llegó a la conclusión de que los espíritus eran seres libres, y no simples mediums esperando clientela. Las mesas comenzaron entonces a golpear, deletreando mensajes llenos de sentido. Participó hasta 1855 en numerosas ceremonias, encontrándose con escritores célebres, así como con animales y conceptos abstractos que se personificaban. Después de la muerte de su hija, Hugo había entrado en una profunda depresión, que paralizó durante unos años su poder creador. Hasta que el espíritu de Leopoldine, su hija muerta, apareció, reinspirándolo, y durante días no se alimentó, para no interrumpirla.

Un pintor discreto

HOMBRE de infinitas facetas, Hugo también incursionó en el dibujo con bastante éxito. Para eso, usaba los materiales más inauditos: café negro, carbón, cenizas con la punta de un fósforo o plumas. Usó sus obras de pequeño tamaño como tarjetas para sus amigos o para ilustrar algunos de sus escritos, a modo de hobby. Al principio su estilo es realista, pero por el exilio y el encuentro con el mar, sus dibujos adquieren una dimensión casi fantástica. Sin embargo, la obra pictórica de Victor Hugo sigue siendo desconocida. "Eso me divierte entre dos estrofas". Tenía conciencia de que no era un gran pintor, y la modestia con respecto a su obra en pintura se debe a que tenía mucho interés por su obra literaria, y no quería entrar o molestar el mundo de los pintores.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar