La melodía perdida

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Alfredo Fressia

ESTE LIBRO REÚNE, si no las Poesías Completas de Selva Casal (Montevideo, 1934), por lo menos una parte muy importante de ellas, organizadas por orden cronológico, desde Arpa, de 1958, hasta los inéditos de la serie "El último secreto" (2006-2007). Es decir, quedan incluidos textos de poemarios como Han asesinado al viento, 1974, Nadie ninguna soy, 1983, o Vivir es peligroso, de 2001, entre otros muchos de esta obra generosa. La autora menciona en el "Pórtico" los poemas que escribió y perdió, y aquellos que sólo escribió mentalmente. Efectivamente, hay toda una obra, vasta, escrita o no sobre el papel, que los poetas incluirán siempre en el lado más secreto de su creación. Esa obra existe, no es una poesía meramente potencial, y nunca será explícitamente conocida por el público pero no es por eso menos importante en la construcción de una estética, esa sí compartida con todos.

Leer los poemas de Casal incluidos en este volumen nos convence de que los contenidos de la poesía son comunes a todos los hombres, en el sentido de que, por un lado, forman parte de esas intuiciones desordenadas con las que todos atravesamos la existencia, son intrínsecos a la misma perplejidad humana. Pero por otro lado, lo propio de la poesía es justamente dar orden al caos, instalarse en la conciencia del lector como la única forma de conocimiento que podría dar cuenta de la aventura humana, sus paradojas, sus imposibilidades, los descubrimientos y el aprendizaje del hombre como especie.

Con todo esto, la poesía de Casal, nocturna y reflexiva, se vuelve una forma de revelación, un pentagrama donde nos reencontramos con una melodía perdida y que sólo la poesía podría restituirnos. Los versos tienden aquí a ser breves, o de metro libre. A veces Casal, como distraídamente, se permite el ritmo del endecasílabo ("Mientras duermes la tierra se deshace", "cuando has nacido no hay dónde esconderse") o la gravedad del alejandrino ("ni siquiera sabremos del caer de una hoja", "un joven hermosísimo atraviesa la noche"). Una teoría bastante recibida en Poética dice que el metro fijo nos lleva con frecuencia a ideas prefijadas, es decir, que una poética que aspirase a la originalidad como valor debería evitar esos metros. Casal no parece preocupada con la originalidad, o su carencia. Es más bien una poeta que se entrega al misterio de la creación por una necesidad expresiva mayor. Se podría decir que Casal escribe como respira, y esto no sólo por su admirable fidelidad a la poesía, sino por el ritmo de sus versos, que se agitan o se serenan, tomando a veces metros "clásicos", que parecen enunciar cada uno con autonomía, con frecuentes verbos independientes, como evitando el encabalgamiento.

La imagen de la respiración es propicia en esta estética en la que el cuerpo y sus humores, con predominio de la sangre, recorren el discurso.

Más bien de noble signo "intelectual", "reflexiva" ("La meditación vigila la raíz del poema"), más poblada sin embargo por el mundo de las sensaciones que de la alegoría, la poesía de Casal nombra la vida cotidiana en el doble sentido de relato dentro del cual nos dejamos vivir día a día y de abismo, imprevisible pero también "cotidiano", donde el ser humano reconoce su fragilidad en el planeta, protagonista de un diario sueño, o pesadilla.

Finalmente, entre los poemas inéditos de "El último secreto" el lector verá que el primer poema, "Alarma", reaparece al final de la serie bajo la forma de una variante muy próxima titulada "Como constelaciones". No debería considerar que se trató de un mero ejercicio poético. Es propio de Casal la estética del discurso siempre retomado, de la imagen reiterada, como se reiteran los sueños o los versos nacidos pero no escritos, esos poemas secretos que la autora menciona y que acompañan la poesía "escrita", la que generosamente ofrece este volumen.

NINGÚN DÍA ES JUEVES, de Selva Casal. Ed. de Hermes Criollo. Montevideo, 2007. Distribuye Gussi. 240 págs.

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