Virginia Martínez
ES IMPOSIBLE olvidar la figura menuda pero enérgica del secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) José Rucci el día que Juan Domingo Perón regresó a Argentina tras casi dos décadas de exilio. Orgulloso como si portara estandarte, el Petiso Rucci alza un paraguas con el que intenta proteger al general de la llovizna. Es Rucci, el leal. El hombre de Perón.
La foto reúne a algunos de los protagonistas del conflicto que ha comenzado a escribirse ese 17 de noviembre de 1972 y que desembocará en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Perón saluda con los brazos en alto; José López Rega está semi escondido detrás de un grupo de hombres de traje y corbata que pueden ser políticos, sindicalistas o matones. Héctor Cámpora sonríe casi con timidez. Isabelita -con lentes oscuros, de tapado de piel- mira no se sabe a dónde. Juan Manuel Abal Medina, abogado, católico, nacionalista de derecha, y secretario general del Movimiento Nacional Justicialista, observa la escena con gesto abstraído. Según relataría después, en ese momento evocaba a su hermano Fernando, fundador de Montoneros, responsable de la muerte del general Pedro Eugenio Aramburu, y caído en un enfrentamiento con la Policía en 1970.
Un año más tarde, el 25 de setiembre de 1973, un comando montonero asesinó a Rucci cuando salía de su casa.
Operación Traviata, del periodista Ceferino Reato, tiene un doble propósito. Por un lado, busca ahondar en el caso Rucci, un episodio olvidado por la justicia y el periodismo. Pero además, Reato se propone superar un modelo de investigación que podría llamarse el "paradigma Verbitsky". Para el autor del libro, los trabajos del periodista Horacio Verbitsky -en particular Ezeiza- han contribuido a imponer una visión maniquea, parcial y congelada del pasado reciente argentino.
lógica del apriete. Aunque los Montoneros nunca asumieron responsabilidad por la Operación Traviata, desde el principio se sospechó que los balazos que habían terminado con la vida del secretario de la CGT y de dos custodios venían de esa organización.
Antes de su muerte, en las concentraciones montoneras la multitud coreaba "Rucci, traidor a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor", consigna que luego del 25 de setiembre cambiaron por "Rucci traidor, saludos a Vandor". Augusto Timoteo Vandor, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica, había intentado negociar con los militares un "peronismo sin Perón". Fue asesinado en la sede del sindicato el 30 de junio de 1969.
Rucci era el abanderado de la derecha peronista contra los "bolches" infiltrados en el movimiento. El día que lo mataron iba a canal 13 para grabar un mensaje. Minutos antes le había comentado a uno de sus muchachos: "Tenemos que ayudar al General: dieciocho años peleando para que él vuelva y ahora estos pelotudos de los Montos y de los `bichos colorados´ del ERP quieren seguir en la joda".
Pocas horas después del asesinato circulaba en Buenos Aires una broma macabra, que daría nombre al operativo: "¿sabés cómo le dicen a Rucci?", preguntaba uno. "No", respondía otro. "Traviata", revelaba el primero. Un popular eslogan publicitario de la empresa Bagley decía: "Traviata, la galletita de los veintitrés agujeritos". Veintitrés también habían sido los balazos que agujerearon el cuerpo del dirigente sindical.
La muerte de Rucci inauguró la llamada lógica del apriete: tirándole un cadáver sobre la mesa, los Montoneros pretendían obligar a Perón a compartir con ellos el poder. La respuesta del general no dejó dudas: "Esos balazos fueron para mí: me cortaron las patas".
violencia y militarismo. Con la pérdida de su alfil, Perón abandonó la estrategia de pendular a la derecha y a la izquierda del movimiento y él también comenzó a referirse a los "infiltrados" en el peronismo. Eran, claro está, los Montoneros. "Fue la provocación más grande contra el general -dice Juan Manuel Abal Medina- Perón allí decide que va a terminar con este sector".
Según el sociólogo Horacio González, por entonces militante montonero y hoy director de la Biblioteca Nacional, la decisión de liquidar a Rucci puso en evidencia que para la organización, la vida del adversario no tenía valor, formaba parte de un cálculo político: "una característica de Montoneros que no me gustaba, y que explica por qué me fui luego, es que ellos tomaban como algo muy fácil la muerte de un adversario político, como el caso Rucci (…) Eso no merecía una reflexión mayor sobre ética política. Se decía: `Era algo que la Organización estaba precisando`, como si fuera parte de una gramática que había adquirido la política, en un lugar de un acto o de una solicitada se arrojaba un cadáver, como si fuera el punto de una `i` o el acento de una palabra".
El endurecimiento del discurso de Perón y su corrimiento hicieron posible que se afirmaran y consolidaran en el peronismo los sectores más derechistas, lo que también permitió el desarrollo de organizaciones como la Triple A de López Rega. Dos meses después de la muerte de Rucci, la Triple A colocó una bomba en el auto del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, que no alcanzó a matarlo pero le destrozó las piernas.
Consecuencias. El libro de Reato ha tenido fuertes efectos políticos, jurídicos y mediáticos. El autor afirma -se reserva los nombres- que dos de los siete participantes en el operativo están vivos. Basados en su afirmación, los hijos de Rucci pidieron y lograron que la justicia reabriera el caso.
Reato fue citado por el juez de la causa para que aportara el nombre de los involucrados pero, amparado en la Declaración de Principios para la Libertad de Prensa, se negó a darlos.
Por otro lado, en artículos periodísticos, programas radiales y entrevistas de televisión se ha debatido sobre si Operación Traviata es un ejemplo de investigación independiente o se inscribe en una operación destinada a desprestigiar la política de derechos humanos de los Kirchner.
Reato ha logrado reflotar el debate sobre la "teoría de los dos demonios" -la violencia estatal fue respuesta a la violencia guerrillera que la precedió-, y reavivó la discusión sobre las visiones que dominan la interpretación de la década del setenta.
Difícil es aislar el libro de la tormenta que ha desatado. Sin embargo, aunque se postule como alternativa a la investigación militante, Operación Traviata está lejos de fundar un nuevo paradigma de investigación. El tema y los enunciados del autor pueden ser pertinentes, pero no el tratamiento, al que le falta claridad, desarrollo y profundidad de campo.
OPERACIÓN TRAVIATA ¿QUIÉN MATÓ A RUCCI? LA VERDADERA HISTORIA, de Ceferino Reato. Buenos Aires, Sudamericana, 2008. Distribuye Random House Mondadori. 314 págs.