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Pablo Ferré
EN UN BOSQUE, una mujer es ultrajada y su compañero, un samurai, aparece muerto. Un leñador encuentra el cadáver y luego declara ante un tribunal de justicia. Pero otros declarantes también han sido testigos y a la vez protagonistas. Las versiones se superponen y se contradicen. Los hechos se tornan borrosos; la verdad se escapa de las manos y adquiere muchas formas. La pregunta acerca de qué sucedió en realidad en aquel bosque permanecerá sin respuesta. La película que cuenta la historia de esa pregunta se llama Rashomon (1950). Su director, Akira Kurosawa, tenía, en el momento de filmarla, cuarenta años de edad y siete de experiencia cinematográfica como realizador de una docena de largometrajes. El film obtuvo el León de Oro en el festival de Venecia en 1951 (además de un Oscar a la Mejor Película Extranjera), cosechó numerosos elogios críticos en todo el mundo, promovió el conocimiento del cine japonés en el extranjero y afianzó el prestigio internacional de su autor.
En agosto pasado, a poco de cumplirse diez años de la muerte de Kurosawa (6 de setiembre de 1998), la Fundación Kadokawa -que forma parte de la compañía Kadokawa Pictures- anunció el comienzo de los trabajos de restauración digital de Rashomon. Se estrenó el pasado 18 de setiembre en el Samuel Goldwyn Theater de Beverly Hills, California, sede de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (que también participó en el proyecto). La restauración se hizo a partir de rollos en 35 milímetros (nitrato) que la Kadokawa posee desde la compra en 2002 de la empresa productora original de la película, la Daiei, que había quebrado en 1971. La supervisión del trabajo fue confiada a Michael Pogorzelski, reconocido archivista y experto en preservación de films que desde 2000 ocupa el cargo de Director del Archivo de la Academia. Todo el acontecimiento tendrá lugar dentro del marco de una retrospectiva de tres meses dedicada al repaso de la obra de Kurosawa.
La restauración digital es una tarea compleja, aunque no más que la restauración tradicional en soporte fílmico. En el caso de Rashomon, se sabía que el negativo de cámara se había destruido cuando el almacenamiento de nitratos fue prohibido en Japón en los años setenta, de modo que el trabajo debió hacerse a partir de una copia proveniente del National Film Center de Tokyo. Los cuadros faltantes se extrajeron de la copia positiva que estaba en el archivo de la Fundación Kadokawa. Luego de escaneada la película, las imágenes fueron procesadas en altísima resolución con herramientas digitales para limpiar rayas, manchas y suciedad en cada cuadro, y se hizo lo propio con la banda sonora. Finalmente, el film procesado y restaurado fue devuelto a soporte fílmico en dos internegativos digitales de poliéster, uno de los cuales quedó depositado en Japón y el otro en el Archivo de la Academia en Estados Unidos.
PERIPECIAS. Rashomon adapta y sintetiza dos cuentos de Ryunosuke Akutagawa, escritor de la escuela literaria neorrealista surgida en Japón a fines de la Primera Guerra Mundial, que se suicidó con veneno en 1927, a los 35 años. Del primero de esos cuentos ("Rashomon", 1915), Kurosawa y su co-guionista Shinobu Hashimoto tomaron el título y, sobre todo, la atmósfera lúgubre y el tono pesimista. Rashomon era el nombre del pórtico más grande de entrada a Kyoto, construido en el año 789, cuando esta ciudad pasó a ser la capital de Japón. Con el tiempo, el pórtico semidestruido y casi derrumbado se volvió un emblema de la decadencia de la ciudad, además de convertirse en basural, escondrijo de ladrones y vertedero de cadáveres. El segundo cuento ("En el bosque", 1922) contiene la acción central y la trama esencial de la película, basada en los testimonios contradictorios del leñador, un monje budista, un soplón, una anciana, la mujer presuntamente violada, un ladrón sobre el que recaen todas las sospechas, y para colmo, por boca de una bruja, el espíritu del samurai muerto.
Al momento del rodaje de Rashomon, Kurosawa, que ya había rodado nueve películas para la poderosa productora Toho, estaba bajo contrato por un año con la Daiei. Un poco antes, el cineasta había propuesto el proyecto al jefe del estudio, Masaichi Nagata, que primero lo rechazó por encontrar la historia demasiado confusa, hasta que al fin dio luz verde a la producción. Nagata no estaba muy convencido y seguía sin entender de qué trataría el film, razón por la cual concedió a Kurosawa un presupuesto mínimo. Para salvar las dificultades económicas, los conocimientos de pintura del director y su gusto por el cine mudo desempeñaron un papel fundamental, por cuanto le permitieron extraer el máximo rendimiento de las tres locaciones disponibles -el pórtico, la Corte y el bosque- y su decorado ínfimo. La estrecha colaboración con el fotógrafo Kazuo Miyagawa también fue fundamental para generar y poner en práctica ideas tales como la de colorear con tinta negra la lluvia que se ve en la película (la lluvia de agua pura era mal captada por las lentes de la cámara), o la de utilizar espejos para manipular la luz del sol a través de las ramas de los árboles y sobre los rostros de los actores (Rashomon fue una de las primeras películas filmadas a pleno sol).
Durante la filmación, Kurosawa, el equipo técnico y el elenco vivieron juntos. Esta convivencia se demostró provechosa cuando un día los actores, mientras aguardaban la preparación del decorado, miraban una película en 16 milímetros sobre África en la que aparecía un león rugiendo y merodeando. Kurosawa sugirió entonces a Toshiro Mifune que interpretara su papel del bandido Tajomaru como si se tratase de un león. El resultado puede verse en el violento contraste entre la actuación "animal" y salvaje de Mifune, y el juego actoral más interiorizado de Takashi Shimura (el leñador), Machiko Kyo (la mujer) y Masayuki Mori (el samurai). En los años posteriores, este contraste facilitó la proyección de Mifune hacia una carrera internacional que incluyó varias producciones espectaculares hollywoodenses, y que lo convirtió en el actor japonés más conocido fuera de su país por el público mayoritario.
REACCIONES. En el momento de su estreno, Rashomon recibió malas críticas. En su mayor parte, los comentaristas nipones la encontraron "fallida", "demasiado complicada", "demasiado monótona", y se quejaron de que tenía "demasiadas maldiciones". Sin embargo, la película llamó la atención de Giuliana Stramigioli, una profesora de italiano y literatura que trabajaba en la Universidad de Tokyo de Estudios Extranjeros, y que había recibido de la agencia de promoción Unitalia el encargo de escoger un film japonés para exhibir en el festival de Venecia. La elección de Stramigioli se estrelló contra las objeciones de la Daiei, donde el propio jefe Nagata se manifestó reacio a la nominación y expresó que Rashomon no había sido hecha especialmente for export. Incluso representantes del gobierno no disimularon su desacuerdo, e hicieron saber su opinión de que la película de Kurosawa no era representativa de la industria cinematográfica japonesa. Así las cosas, la noticia del premio mayor en el festival tomó a todos por sorpresa y, como suele suceder en estos casos en países pequeños e insulares, obligó a algunas oportunas (y oportunistas) reconsideraciones. De todas formas, los críticos japoneses no quedaron convencidos y atribuyeron las respuestas positivas occidentales al "exotismo" de la película, para unos, y a su "occidentalidad", para otros. Lo que ya estaba fuera de discusión era la influencia de Rashomon, más tarde prolongada en una mediocre remake adaptada al western (The Outrage, 1964) dirigida por Martin Ritt, y todavía palpable en la confesada admiración de cineastas tan diferentes entre sí como Werner Herzog y Robert Altman.
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