Nuevos Libros Viejos
Oído
Felipe Polleri
YA SENTENCIÉ que junto con Rulfo, José María Arguedas es el máximo narrador latinoamericano. La obra de Arguedas es la única que admite ser comparada con la de Dostoievski. Pero hay otro célebre escritor peruano, así es la vida.
Lo primero que se debe decir de Vargas Llosa resulta obvio: no tiene oído para el idioma castellano y sus frases, periodísticas, desangeladas, no hacen otra cosa que chirriar a lo largo de sus mamotretos. Como nunca lo encontré destacado en otra parte, me creo en el triste deber de remarcarlo. Y quede claro que siempre rechacé su trabajo, desde La ciudad y los perros hasta La guerra del fin del mundo, esa vergonzosa remake de Los sertones (1902) de Euclides da Cunha. Basta leer ambas obras para que se haga obvia la diferencia entre un buen periodista (Vargas Llosa) presentándose como un gran artista, y un gran artista (Euclides da Cunha) presentándose como un buen periodista.
No influyen tampoco en mi juicio las ideas políticas de Vargas, que no comparto como no comparto las de Céline, aunque juraría que Viaje al fin de la noche es una de las grandes novelas del siglo pasado. Por otra parte, las ideas u ocurrencias políticas de Vargas han variado tanto con los años (de la izquierda a la derecha, opinan los políticos) que no sé si al día de hoy no pensamos lo mismo por pura casualidad. Sus pronunciamientos son tan veleidosos y/o confusos que parece en un momento haberle robado una frase a Stalin y la siguiente a Hitler, so capa de democracia y esas cosas. La única chirriante novela suya que disfruté fue La tía Julia y el escribidor; la falta de oído es casi una virtud, y en otros casos motivo de irrisión, como en las obras humorísticas.
Su contracara y enemigo, por razones políticas o personales -no sigo esos teleteatros- es García Márquez: un estilista maravilloso, un maestro del idioma, aunque los últimos años no lo hayan perdonado. Pero termino: Euclides da Cunha, García Márquez y Vargas Llosa, además de Arguedas, son demasiado para esta columnita. Seguiré con los magnicidios en la próxima.
|