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Rustaveli, el gran poeta georgiano
Una cultura clásica

Ioram Melcer

(desde Jerusalén)

EL LECTOR occidental sabe poco de Georgia, el país del Cáucaso que ha ocupado gran parte de las primeras planas de los medios de comunicación gracias al conflicto con Rusia. La Georgia que se conoce es la que reflejan las imágenes televisivas. Son vehículos destartalados sobrecargados de muebles, alfombras y bultos de ropa, tanques destruidos, refugiados huyendo, rostros agotados de gente humilde, ancianos sin afeitar, mujeres con pañuelos que les cubren la cabeza, niños cargando lo que les queda de una niñez hecha estragos. Todos víctimas de una guerra en la que nada está claro: ni el quién, ni el porqué, ni el dónde.

Muchos en la era actual suponen que ver es saber y comprender. Otros no se conforman y creen que, para conocer a un pueblo y a su cultura, hay que conocer su literatura.

POEmA éPICO. Una lista de maestros de la literatura georgiana debería incluir varios hitos de los siglos XVIII y XIX como el escritor Sulkhan-Saba Orbelani, el poeta y dramaturgo Ilia Chavchavadze, o el también dramaturgo Giorgi Eristavi, considerado el fundador del moderno teatro georgiano. Luego, en tiempos prerrevolucionarios, destacan el poeta Akaki Tsereteli y el novelista Alexander Qazbegi. En la era estalinista fueron ejecutados el novelista Javakhishvili y el poeta Tabidze, mientras el poeta Paolo Iashvili fue censurado por el régimen y terminó suicidándose. No hay que olvidar también al georgiano Stalin, que se llamaba Djugashvili y que desató una represión terrible contra su propio pueblo. Fue considerado, en su juventud, como un gran talento poético.

Pero Georgia le ha dado a la humanidad uno de los más importantes poemas épicos que el hombre haya conocido. Se trata de El hombre de la piel de tigre, una obra compuesta a finales del siglo XII o principios del siglo XIII, de Shota Rustaveli, escritor nacido entre 1160 y 1165 y considerado el poeta nacional de Georgia.

Rustaveli fue probablemente príncipe-tesorero en la corte de la reina Tamar, a quien dedicó esta obra fundamental del gran reino cristiano del sur del Cáucaso, entre el imperio bizantino al oeste y Persia y Arabia al este y al sur. El único retrato de Rustaveli que se conoce fue descubierto en 1960 en el Monasterio de la Cruz en Jerusalén, con una inscripción que reconoce la ayuda del tesorero georgiano en las refacciones hechas en el monasterio. Es posible que Rustaveli haya peregrinado a Jerusalén y fallecido allí.

El hombre de la piel de tigre contiene elementos de La Chanson de Roland, del Cantar del Mío Cid, de los poemas de Chrétien de Troyes, las sagas islandesas y de otras obras célebres de la Edad Media. Allí están la nobleza de los caballeros de corazón puro y de alta moral, corteses y generosos; la valentía y la virilidad puestas al servicio del Bien; el amor que empuja al amante a realizar hazañas legendarias, la lucha contra seres sobrenaturales, la amistad entre hombres que están dispuestos a sacrificarlo todo por amistad, cabalgatas a través de continentes para salvar a una mujer hermosa, para conseguir una poción mágica o para cumplir una promesa. La historia es una búsqueda, que siempre contiene una prueba, con mucho melodrama y un sinnúmero de complicaciones. Es un poema que a la vez es un mundo: cantado, contado, imitado, pintado e ilustrado, un tesoro lingüístico y una referencia cultural, intelectual e histórica.

El hombre de la piel de tigre cuenta dos historias de amor entrelazadas a lo largo de 1.600 estrofas. Avtandil, un noble de Arabia, jefe del ejército real, enamorado de la nueva reina de su país, Tinatin, acepta el reto de encontrar a un caballero que fue visto llorando sentado en la orilla del camino, cubierto de una piel de tigre. Avtandil tiene tres años para cumplir su misión. Habiendo probado su proeza como cazador, ahora, al salir a su importante misión, entiende que en caso de tener éxito, conseguirá el amor de la joven reina. Al encontrar al caballero, resulta que se trata ni más ni menos que de Tariel, un príncipe de la India, un héroe que mataba leones a la edad de cinco años. Tariel está involucrado en otra búsqueda. La bella Nestan-Darejan, hija de su rey, la legítima heredera del trono, ha desaparecido. La princesa ha sido raptada por los demonios kajebi, que la tienen secuestrada en una fortaleza. Tras muchas aventuras y peripecias, mucha sangre derramada y muchos encuentros con personajes de reinos grandes y pequeños, los caballeros logran su meta y El hombre de la piel de tigre puede concluir con las dos bodas largamente esperadas.

Varios aspectos hacen de El hombre de la piel de tigre una obra única en el contexto medieval. Es notable el destaque de las mujeres en la historia. Ambas protagonistas heredan tronos de gran importancia, el de la India y el de Arabia. Si la reina de Arabia deja dudas respecto a las intenciones del autor -el texto discurre entre fantasía y agenda ideológica-, al aparecer la futura reina de la India quedan despejadas las dudas: para Rustaveli, las mujeres que cumplen los requisitos de abolengo y estatura moral pueden perfectamente ser monarcas. Como muchos autores medievales y renacentistas, Rustaveli utiliza el artificio de contar que El hombre de la piel de tigre tiene otro origen: "Una leyenda persa de antaño es cantada ahora en georgiano, una perla valiosa ha de quedar para la eternidad, la he encontrado y cantado y mi empresa será digna de alabanza".

Es una buena táctica para un vanguardista, y más teniendo en cuenta que el autor fue un alto funcionario y príncipe en la corte de la reina Tamar, monarca que ascendió al trono de Georgia tras una gran crisis. Era hija del rey Georgi III, que reinó entre 1156 y 1184 y no tuvo varones. Comprendiendo el peligro, designó a Tamar como partícipe de su poder real. Y Rustaveli defendió la idea de Tamar de que una mujer puede reinar ("el león joven tiene el mismo semblante, si es macho o si es hembra"). La literatura georgiana reflejaba, mucho antes de las revoluciones de liberación feministas, un respeto singular hacia la mujer y sus facultades intelectuales y espirituales. Es una literatura que alaba reinas que ejercieron el poder político, difundieron la sabiduría y el estudio. Eran mujeres fuertes y de gran voluntad.

HUMANISMO Y MODERNIDAD. El hombre de la piel de tigre pinta un mundo rico de culturas diferentes, una variada serie de reinos y dinastías, de personajes memorables de distintas etnias, todo puesto al servicio de la grandeza y la legitimidad de Georgia, su cultura, su pueblo y su monarca. A diferencia de los poemas épicos de España y de Francia, el poema de Rustaveli dice que Georgia merece todo el respeto, no porque se opone a otras naciones gracias a una gran victoria contra "los malos", o por su lealtad a Dios y a la "verdadera religión", sino porque tiene todos los atributos de un pueblo civilizado y destacado. Por lo tanto, la Georgia de El hombre de la piel de tigre es una nación densamente intelectual, expresada en las amplias y profundas discusiones filosóficas que forman parte del texto. Rustaveli celebra la vida como el bien supremo y las cualidades humanas como el modelo que hay que adoptar para vivir dignamente. En este sentido, su obra es profundamente humanista y moderna.

Se puede afirmar que la cultura de Georgia es una cultura clásica. Los más de cuatro millones de georgianos conocen su poema épico, lo estudian e incluso memorizan estrofas. Este cronista recuerda que en la década del `70 solía viajar en taxi a Jerusalén a ver a su abuela, enferma de cáncer. Un día le tocó volver con un taxista judío georgiano que se puso a recitar Rustaveli de memoria, trasmitiendo en forma inolvidable el sentido épico de esas estrofas.

En el libro Stalin: The Court of the Red Zar, de Simon Sebagh Montifiore, se cuenta que cuando se publicó una traducción al ruso de El hombre de la piel de tigre en la época de Stalin, le llevaron al dictador la última edición, encuadernada en cuero. Djugashvili-Stalin, un bandido-poeta-mujeriego-tribal también típico de la cultura de Georgia, revisó la traducción en forma meticulosa, tachó varias estrofas y las tradujo de nuevo. Los refugiados de la actual guerra entre Georgia y Rusia habrán salvado solo parte de sus pertenencias, pero todos llevan memorizadas las estrofas de El hombre de la piel de tigre en su versión original: "El valiente esconde su lágrima, pues su llanto no lo templa,/ el hombre se fortalece por el dolor y se transforma en acero".

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Foto: El País. 
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