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Tres fábulas

James Thurber

La mosca medio inteligente

UNA GRAN araña que vivía en una casa vieja tejió una hermosa tela para atrapar moscas. Cada vez que una mosca se posaba y se enredaba en la tela, la araña corría a devorarla, para que las demás al pasar creyesen que aquél era un lugar seguro y tranquilo para descansar. Pero un día una mosca medio inteligente estuvo zumbando tanto tiempo alrededor de la tela, sin posarse, que la araña se presentó y le dijo: -"Baja y pósate". Pero la mosca era demasiado inteligente para eso y le respondió: -"Nunca me poso donde no veo otras moscas, y no veo ninguna en tu casa". Y se alejó de allí y voló hasta un lugar donde había muchas moscas. Cuando iba a posarse, una abeja zumbó diciéndole: "Ten cuidado, estúpida, que es papel de moscas, y ésas están todas presas". -"No seas tonta", le dijo la mosca, "están bailando". Entonces se posó y quedó pegada en el papel con las demás.

MORALEJA: No hay garantía en el número, ni en ninguna otra cosa.

La gallina y los cielos

HABÍA UNA VEZ una gallinita roja que estaba engullendo piedrecitas y gusanitos y granos en el corral cuando le cayó algo en la cabeza. "¡Se están cayendo los cielos!", gritó; y echó a correr, gritando siempre: "¡Se están cayendo los cielos!". Todas las gallinas con quienes se encontraba, y los gallos, y los pavos, y los patos, se reían de ella, con aire protector, como se ríen los que no están asustados y ven el miedo ajeno. "¿Qué dices?", cacareaban y graznaban burlonamente. "¡Se están cayendo los cielos!", gritaba la gallinita roja. Al fin un gran gallo presuntuoso le dijo: "No seas tonta, querida; fue que te cayó un haba en la cabeza". Y se echó a reír, y todos se rieron, menos la gallinita roja, y todas las aves del corral, porque en realidad se estaban cayendo los cielos.

MORALEJA: No me sorprendería nada que se cayeran los cielos.

El león que quería planear

HABÍA UNA VEZ un león que quería tener alas de águila. Le mandó decir al águila que viniera a visitarlo, y cuando llegó le dijo: "Te doy mi melena a cambio de tus alas". "Qué disparate", dijo el águila, "sin mis alas no puedo volar". -"¿Y eso qué?", dijo el león. "Yo no vuelo ahora, y sin embargo soy el rey de los animales. Lo soy por mi magnífica melena". -"Bueno", dijo el águila, "pues dame primero tu melena". -"Acércate", dijo el león, "para que te la entregue". El águila se acercó, y el león, de un manotazo, la tiró al suelo.

-"¡Entrega esas alas!", rugió. Y le quitó las alas, pero no le entregó la melena.

El águila quedó triste por un rato, pero al fin tuvo una idea. -"Apuesto a que no eres capaz de volar desde aquella roca grande que está allá arriba", le dijo al león. -"¿Quién, yo?", dijo el león, y subió hasta la roca y se lanzó al aire. Como pesaba demasiado para las alas del águila y además no sabía volar, porque nunca lo había ensayado, cayó al suelo y se incendió. El águila corrió hacia él, le quitó sus alas, le arrancó la melena y se la puso. Entonces decidió volar hasta su nido de rocas para divertirse con su hembra. Al llegar, metió en el nido la cabeza cubierta con la melena del león y rugió con voz profunda y espantosa: Hrrruuu. La hembra, que era muy nerviosa, echó mano a una pistola y mató a su marido, creyendo que era un león.

MORALEJA: No hay que dejar que las hembras nerviosas tengan pistolas a mano, sea lo que fuere lo que uno lleve puesto.

El autor

JAMES THURBER nació en 1894 en Columbus (Estados Unidos) y murió en 1961. Es considerado uno de los principales humoristas estadounidenses del siglo XX. A sus textos solía agregar dibujos de gran sencillez y poder expresivo. De chico fue herido en un ojo mientras jugaba a Guillermo Tell con su hermano, herida que a la larga le provocó ceguera. Comenzó a colaborar con el Columbus Dispatch y a partir de 1927 se convirtió en uno de los colaboradores estrella de The New Yorker. Uno de sus relatos, "La vida secreta de Walter Mitty" se incluye a menudo en antologías de los clásicos del cuento norteamericano. Su texto "El unicornio en el jardín" fue adaptado con eficacia a dibujo animado por el sello UPA. A pesar de sus dificultades visuales, publicó alrededor de cuarenta libros. Estas fábulas fueron incluidas por la revista argentina Sur en su número 113-14, dedicado a las letras norteamericanas. La traducción es de Pedro Henríquez Ureña.

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