NADIE MEJOR que él mismo para hablar de sí: "Al pensar en la narrativa argentina actual [1982] pienso en mí y en algunos mejores que yo: Belgrano Rawson, Copi Damonte (aunque escriba en francés), Aira (que aunque piense en francés sigue escribiendo en español), pienso en Laiseca (que no piensa, pero escribe bien) y en Peyceré […] Es obvio que la industria cultural necesita que sus autores estén maquillados de rebeldía, izquierda o disidencia, y así se producen paradojas como la actual, donde los ciudadanos imaginan a Sabato, Asís y Borges como a hombres de izquierdas, siendo que producen obras ostensiblemente de derecha".
El argentino Rodolfo Fogwill (que evita adjuntar a su apellido de pluma su nombre de pila, seguro que porque abomina de lo fofo) escribe poesía, cuentos y novelas, y textos para periódicos. Este año se publicó en la bonaerense Mansalva Los libros de la guerra, una recopilación de sus notas de prensa aparecidas desde 1981.
Fogwill se formó en sociología, disciplina a la que contribuyó, entre otras cosas, desde los horóscopos que proveía para los chicles Bazooka. Navegante y nadador, con frecuencia a contracorriente, fundó una editorial de poesía desde la que difundió, entre otros, a Néstor Perlongher y Osvaldo Lamborghini, quien le aconsejó, inútilmente: "No publiques nada antes de escribir".
Algunos valientes lo han entrevistado: "Fogwill es raro, o parece", dice Sergio Bizzio. "Se dice que Fogwill está loco, que es insoportable, que más vale tenerlo lejos", alerta Daniel Link. "Los rumores decían que Fogwill […] es un hombre rabioso", dice Roka Valbuena. Las entrevistas con el escritor ocurren a una hora incierta de la tarde, en ambientes ruidosos y transitorios: boliches, piscinas deportivas, lavaderos de autos; casi siempre pasa por allí una mujer joven que atrapa la mirada de Fogwill; invariablemente el periodista se muestra nervioso e inseguro. Como autor que cuida bien a su personaje, Fogwill presta mucha atención al ambiente donde lo pone en movimiento.
El material de este libro es "temáticamente tan heterogéneo" dice su autor "que a veces me asombra, otras me alegra y con frecuencia me avergüenza haber producido". Pero Fogwill se apresura a afirmar que suscribe todo lo que ha escrito, incluso si en diferentes artículos se opone a sí mismo. Buena parte de las notas están dedicadas a libros, autores y políticas culturales. "La prensa seria, es decir, la que de un modo más seriado informa lo que ocurre en el mundo, necesita tratar el hecho literario según el único paradigma que el periodismo sabe procesar: el orden. Como respuesta, la industria cultural presenta sus productos jerarquizados según ranking: los premios, que prueban la medida en que la obra y los recursos arbitrados por el autor satisfacen las expectativas de los jurados […]".
El orden que establece en su libro tiene que ver con su biografía, con la política de los tiempos inmediatamente anteriores y posteriores al regreso a la democracia, con la literatura y la política cultural. Fogwill hace un periodismo cultural maestro: de opiniones drásticas, con abundante información concreta y estilo vigoroso. Viola, es cierto, la norma no escrita que rige toda nota de prensa que se precie: pasan los años y siguen siendo provechosas.
LOS LIBROS DE LA GUERRA, de Fogwill. Mansalva. Buenos Aires, 2008. Distribuye Ediciones del Puerto. 384 págs.
Carlos Rehermann