Tesoros espirituales

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El País

Eleonor Wauquier

LOS QUE paradójicamente fueron a la vez best-sellers y libros de culto de la literatura estadounidense han sido reeditados por la editorial Edhasa. La obra de culto de J.D. Salinger, nacido en Nueva York en 1919, aborda hombres perturbados, mentes ágiles y sobre todo el poder redentor de los niños. Durante un tiempo escribió relatos para revistas neoyorquinas, recopilados en Nueve Cuentos (1953), pero es conocido principalmente por su novela El Guardián entre el centeno (1951). Los libros Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, fueron publicados juntos en 1963, una saga completada por Franny y Zooey, sobre la disfuncional familia Glass.

UN EREMITA LITERARIO. Salinger es como un fantasma viviente del cual casi no se conocen fotografías. Al controlar estrechamente su imagen a partir del éxito de El Guardián…, el autor decide dejar de existir como autor, suicidarse como figura. Logra lo contrario, pues esa fuga de la vanidad hipnotiza a admiradores seducidos por la mejor publicidad: el silencio. Hace más de cincuenta años que Salinger no ha hecho una aparición pública o entregado un escrito. En 1953 deja Nueva York por New Hampshire, en donde construye un refugio contra su propia figura mítica. Allí encerrado, se dedica a escribir historias que nunca publicará. En ese sentido, es un autor fiel a sus personajes adolescentes que desconfían del mundo de los adultos y de sus trampas mediáticas. Declaró una vez que "los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida".

Sin embargo, algunos de los elementos de la vida privada de Salinger salieron a la luz pública por la intención del escritor británico Iam Hamilton de publicar una biografía basada en cartas escritas a amigos. Una demanda de Salinger quería detener la publicación del libro, pero el resultado, desfavorable para el autor, fue una recopilación de correspondencias parafraseadas. La pelea contra la exposición pública y el narcisismo se tornó finalmente contra él cuando una joven estudiante con la cual mantenía una relación amorosa subastó la correspondencia intercambiada. Pero para los frustrados y curiosos lectores, nunca hay preguntas ni respuestas, realizándose así una de las predicciones de El Guardián...: "me haré pasar por un sordomudo".

EL SÍNDROME DE PETER PAN. Preservar los textos en una caja fuerte es quizás una manera de detener el tiempo. Hay en Salinger un verdadero amor por los niños, por los seres frágiles, que en realidad son los más fuertes porque son los más sabios sin saberlo realmente. Esa genuina admiración lo hizo producir su obra maestra sobre el pasaje a la edad adulta. El Guardián entre el centeno comienza con la expulsión de Holden Caulfield de su escuela, pero es en realidad un profundo estudio sobre la condición humana. Holden va a Nueva York, en una suerte de escapada ritual antes de volver a la casa paterna y anunciar la expulsión. Allí se describen las múltiples depresiones del personaje, cuyo comportamiento errático y bizarro anuncia un colapso nervioso próximo. Con mucha ironía, Salinger describe la vida de un adolescente rebelde que no encuentra su lugar en un mundo desencantado, en la atmósfera deprimente y desesperada de Nueva York. Alrededor de la novela existe un aura mitológica que la sitúa como obra maldita, por ser la que supuestamente habría inspirado al asesino de John Lennon, o por ser el libro de cabecera de muchos asesinos en serie, como si entre líneas se destacaran en filigrana claves psicológicas que incitan a matar.

DOGMAS SUPREMOS. Hay una tendencia monotemática en relación al tema militar en Salinger, porque la guerra marcó un antes y un después en su carácter. Fabián Casas, en una nota del diario Perfil dijo que "ya no tendría que resultar paradójico que uno de los héroes de la contracultura juvenil, un ícono para muchos de la rebeldía de los jóvenes contra los mayores, sea en el fondo un militar con una clara orientación de derecha". Salinger se vio obligado a dejar Estados Unidos para luchar en la Segunda Guerra Mundial, en la que fue testigo de las batallas más violentas, hecho que le dejó una profunda cicatriz emocional. Hospitalizado después de la guerra por estrés postraumático, guarda desde entonces una gran desconfianza hacia los hombres y su locura. Así como los adolescentes que describe en sus novelas, Salinger está en rebelión constante contra el sistema. Por eso, después de la guerra, buscó su propio búnker en los cultos, el budismo zen, el hinduismo, el cristianismo y algunas prácticas medicinales más extremas, como el dogma supremo de la homeopatía o las sobredosis de vitamina C. En el año 2000 su hija Margaret publicó El Guardián de los sueños, un libro de confesiones en el cual afirma que su padre bebía su propia orina, que hablaba en lenguas y que la tenía como prisionera en casa. Salinger no hizo nada para impedir la publicación del libro de su hija, pero no tuvo ningún contacto con ella después de eso.

LA SAGA DE LOS GLASS. Los curiosos dogmas de Salinger mimetizan a la saga de la alcohólica familia Glass, cuyo hijo mayor es Seymour, un personaje mesiánico y conmovedor. Los Glass siempre estuvieron presentes en la mente de Salinger, ya que en uno de sus mejores relatos publicados en Nueve Cuentos, "Un día perfecto para el pez banana", cuenta el suicidio de Seymour en una habitación de hotel en las vacaciones de verano.

La saga de los Glass está llena de referencias a la religión, como si el mismo autor se hubiera convertido al "glasismo". El narrador de Levantad,... es Buddy, uno de los siete hermanos Glass, con pleuresía, hepatitis y una fuerte tendencia a la hipocondría. Esa nouvelle relata en detalle el día del casamiento de Seymour en 1942. Con mucho humor y un brillante manejo de los diálogos, describe escenas incómodas, logrando que hasta el lector se sienta oprimido. Todos los invitados de la fiesta critican, injurian y escupen rumores sobre Seymour, que no se ha presentado a la boda. Pero al parecer, su retraso era justificado: "soy tan feliz con ella. Si por lo menos ella pudiera ser más feliz conmigo. Ah Dios, si se me pudiera aplicar un nombre clínico, soy una especie de paranoico al revés. Sospecho que la gente conspira para hacerme feliz".

El texto que le sigue, Seymour, una introducción, se parece a una defensa de Seymour. En su alegato, Buddy Glass dice: "Quiero presentar, quiero describir, quiero distribuir recuerdos, amuletos, quiero abrir mi billetera y mostrar fotografías, quiero seguir lo que el olfato me indica. Con este ánimo, no me atrevo a acercarme a la forma del cuento corto. A los pequeños escritores gordos y subjetivos como yo, se los come vivos". Es inevitable percibir el guiño de Salinger al leer esas líneas, en la encarnación del propio Buddy que se define "como un monje de clausura literaria a quien es fácil forzar o intimidar por carta".

En Franny y Zooey, la obra menos destacada de Salinger, los dos hermanos Glass más jóvenes son aspirantes a actores. Franny sufre una suerte de confusión teológica, en la que, en busca de la fe, quiere alcanzar el método de un peregrino que logró orar sin cesar. Su profunda decadencia lleva a preocupaciones y discusiones con su madre y su hermano Zooey, un joven narcisista y despreocupado. Las discusiones son por lo general diálogos tan tensos, en escenarios tan íntimos como un baño o una sala de estar, que producen una sensación de suspensión del tiempo. Se debate, con una rica intertextualidad, sobre el ego, las religiones, pero como lo dice el narrador, "no hablamos, discurseamos. No conversamos, exponemos. Por lo menos, yo. En cuanto estoy en una habitación con alguien que tenga el número normal de oídos, o bien me convierto en un maldito profeta o en el convidado de piedra". Cada integrante cree en un dogma diferente, sin serle particularmente fiel, al igual que el autor, que en las líneas del relato desliza que "por simple lógica, yo no veo ninguna diferencia entre el hombre ávido de tesoros materiales, o incluso intelectuales, y el hombre ávido de tesoros espirituales".

FRANNY Y ZOOEY, de J. D Salinger. Edhasa, Buenos Aires, 2004. Distribuye Océano. 209 págs.

SEYMOUR, UNA INTRODUCCIÓN, de J. D. Salinger. Edhasa, Buenos Aires, 2004. Distribuye Océano. 216 págs.

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