Los célebres cantos del conde "del otro mundo" (Lautréamont), sobre su titánico personaje con "mal de Aurora" (Maldoror), siguen siendo un misterio impenetrable, un aerolito aterrizado en Francia en 1867, sin antepasados ni descendencia.
Esta edición de la colección de Letras Universales del sello Cátedra ofrece una estructura similar a otras colecciones de bolsillo de Austral, Alianza y el Centro Editor de América Latina: larga introducción, ilustraciones, bibliografía de y sobre cada autor. Como suele suceder en esas colecciones, el nivel de rendimiento es desparejo.
En este caso Manuel Serrat Crespo va desgranando una extensa introducción donde se mezclan los datos precisos, las opiniones ajenas, el misterio central de Isidoro Ducase, y un largo etcétera heteróclito (o heterogéneo), que en muchos tramos no tiene orden ni concierto. Mientras elabora 71 páginas, que insisten una y otra vez con lo insensato de opinar críticamente, Serrat Crespo no se niega el placer de citar cualquier cosa a santo de cualquier otra. Así, por ejemplo, desfilan un haiku y un fragmento de Michel de Nostradamus "contra críticos ineptos", que nada tienen que ver con Maldoror.
El tono general cae una y otra vez en la primera persona, en el arranque brusco, en la ironía poco filosa de puro forzada y repetida. Cuando se pasa a la traducción en sí, vuelve la desconfianza. Basta comparar la primera línea de esta edición ("Plegue al cielo que el lector"), por ejemplo, con la de Algo Pellegrini ("quiera el cielo que el lector"). Existen ahora varias traducciones al castellano: la de Pellegrini (y su prólogo) siguen siendo dos trabajos contundentes, aunque esté agotada. Igual algo pasa con esta colección: es tan bella y cómoda de manejar, que dan ganas de tener el libro.
E. E. G.