FASCISTAS EN AMÉRICA DEL SUR, de Eugenia Scarzanella (compiladora). Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007. Distribuye Gussi. 358 págs.
"¿QUÉ le diría a Mussolini si tuviese la oportunidad de hablarle?", preguntó en 1933 el diario Il Mattino d`Italia (Buenos Aires, 1930-44). En meses hubo más de cuarenta mil respuestas laudatorias del Duce. Sin duda la redacción fraguó muchas de las fichas y censuró las de tenor antifascista, pero decenas de miles de respuestas positivas de Argentina y otros países del continente indican que gran parte de la colectividad italiana, desde la "Marcha sobre Roma" desde 1922 hasta la rendición de 1943, asoció fascismo y Duce con la idea de una Italia unida, grande y próspera de la que sentir orgullo y a la que desear volver, mejor que la que habían dejado huyendo de la pobreza.
Este sentir de los italianos -estudiado en Brasil, Perú y Argentina- es el más asombroso de los temas del libro: cuesta creer que gente buena viera en ese dictador un mesías luchando por la gloria de Italia y la paz mundial. El libro también aborda los varios aspectos del uso político y económico que el fascismo quiso hacer de los italianos de Latinoamérica.
Era preciso el consenso de la colectividad: fascismo y Duce eran Italia, y quien discrepara, un traidor. Esto restaba peso a los emigrados antifascistas y le aclaraba a los gobiernos que oponerse al fascismo era enfrentarse a Italia. Había que difundir las "ventajas" del corporativismo para el desarrollo y la concordia social, buscando la simpatía o al menos el dejar hacer de nuestros gobiernos para con agresiones fascistas como la Guerra de Etiopía y la ayuda a Franco en la Guerra Civil Española, así como el rechazo a las sanciones que la Sociedad de Naciones impuso a Italia por lo de Etiopía. También se buscaba mejorar los negocios entre Italia y nuestros países, con las empresas italianas radicadas en América como puente. Desde 1930, el rival en estas batallas por la influencia tecnológica, comercial y política será Estados Unidos.
Los fascistas italianos de América, para lograr sus metas, debían distinguirse de los de Italia: el "camisa negra" se vuelve respetable empresario o académico de traje y corbata. Ya a inicios de los `30, los fasci en el exterior quedaron bajo control del cuerpo diplomático, con tareas sociales, culturales y recreativas, con orden de no atacar a los gobiernos de sus países de adopción y distanciarse de movimientos fascistas locales, al menos en público. En países como Argentina eso no era fácil, pues muchos nacionalistas locales admiradores de Mussolini fueron de los primeros peronistas.
Con la Segunda Guerra Mundial, con el cambio de bando de muchos gobiernos que coquetearon con el Eje y luego se pasaron con los aliados, y con la derrota final italiana, el orgullo fascista se volvió vergüenza. Muchos negaron haber vivado jamás al Duce y se declararon antifascistas de siempre. Vivieron entre nosotros e influyeron en nuestras sociedades. Este libro es un buen aporte para discernir esas influencias.
J. de M.
Teatro
EL PROCESADO 1040 Y OTRAS OBRAS INÉDITAS, de Juan Carlos Patrón. Ed. Rumbo. 2007. Montevideo. Distribuye Gussi. 334 págs.
EN 1957, la Comedia Nacional estrenó Procesado 1040, de Juan Carlos Patrón (1905-1979), dirigida por Alberto Candeau. La vieron más de ochenta mil personas, transformándose en uno de los mayores éxitos de esa institución en toda su historia. Patrón se había revelado como dramaturgo en 1928, cuando su obra Felicidad fue premiada por la Sociedad Uruguaya de Autores. Pero es a partir de Procesado 1040 que se convierte en un autor estimado: la Comedia Nacional representará Almendras Amargas (1963), dirigida por José Estruch; El pasajero (1966), dirigida por Ruben Yáñez y La casa vacía (1977), también bajo la dirección de Candeau. Los datos bastan para apreciar la importancia de una obra que se desarrolló en un período clave del teatro y la historia nacional. En 2007, gracias al apoyo de Agadu, de la que Patrón fue socio fundador, se reedita su pieza más célebre junto a otras que permanecían inéditas y que la profesora Carmen Galusso -quien por una nota introductoria se deduce que sería responsable de la edición- recuperó de los Archivos del Teatro Solís, la Biblioteca Nacional y Agadu. Aunque debe lamentarse la ausencia de un prólogo informativo y crítico, hay que saludar esta publicación en un medio difícil para la edición de textos dramáticos. Leída en conjunto, esta obra se percibe atada a las circunstancias de su producción -tal vez el teatro lo sea más que otros géneros- y no sostiene la fuerza que pudo alcanzar en su momento, para un determinado público y en un estricto contexto. Procesado 1040 (y no "El procesado…", como figura en la tapa de la reciente edición) es la historia de un buen hombre de clase media, que nunca ha tenido problemas con la justicia ni quiere tenerlos, para quien la división entre buenos y malos no admite matices. Cree que el mundo está bien hecho y confía en la labor de la policía y la justicia. Hasta que es denunciado por su vecino por cortar una enredadera y comienza a vivir un pesadillesco periplo que se inicia en la comisaría del barrio y termina en la Cárcel Central. El Zorrito, un delincuente común con quien alterna en la prisión, pícaro sentimental y agudo, resulta el personaje mejor logrado y más recordable. Patrón era abogado y volcó en el texto su experiencia en juzgados y su conocimiento del mundo carcelario, que resulta en una denuncia explícita al sistema procesal. La última función de la obra, en 1957, se cerró con un debate en el Teatro Solís, dirigido por la Dra. Adela Reta, a partir del cual se desarrolla un movimiento jurídico reformista que culminará en la Ley de procesamiento sin prisión. Su promulgación permite a los jueces eximir de la prisión preventiva a los culpables de delitos leves. La pieza explica el contexto e incide en él. De todos modos, Procesado 1040 admite una lectura reactualizada como metáfora de la debilidad del individuo frente a cualquier clase de poder.
Un rasgo común de las obras editadas radica en la preferencia por los marginados y sufrientes, abatidos por un sistema injusto, en ocasiones en base a un esquema algo ingenuo.
M.A.G.
Novela
EL INFINITO EN LA PALMA DE LA MANO, de Gioconda Belli, Seix Barral, 2008. Distribuye Planeta, 237 págs.
MÁS QUE INSISTIR en la felicidad del paraíso, el nuevo libro de la nicaragüense trata de humanizar a Adán y Eva, dos seres cuya característica más notable es que no han tenido infancia. No fueron bebés nunca, ni criados por una madre que les enseñara el mundo. Hay, sí, conocimientos que llegaron con ellos, como el don de la palabra.
Cuando son expulsados del paraíso deben aprender minuciosamente muchas cosas. Por ejemplo, qué es lo que puede convertirse en comida, cómo cubrirse del frío, cómo evitar los animales peligrosos, cómo hacer fuego. Adán no tiene reparos en matar animales para comer, pero a Eva le inspira repugnancia. Gioconda Belli imagina dos adultos adaptándose a un mundo desconocido. Lo hace con un estilo poético donde sin duda resalta lo que ha sido el gran terreno de su escritura: el descubrimiento de la sexualidad y el amor.
También el propio cuerpo es un espacio a descubrir. Eva embarazada no sabe exactamente que lo está. Se siente cansada, como si tuviera un mar adentro, pero hasta el nacimiento de un potrillo no comprende lo que está por sucederle.
Lo más provocativo de la novela es la referencia a la descendencia de Adán y Eva, sin duda incestuosa. Pero, al revés de lo supuesto, es decir, Eva con tres hombres (Adán, Caín y Abel para una sola mujer), el incesto se da entre hermanos mellizos. En efecto, Caín ha nacido con una melliza muy bella, Luluwa, y Abel con Aklia, una melliza fea e intuitiva. Lo ideal sería que Caín y Abel intercambiaran sus mellizas, pero los celos llevan al primer asesinato.
Se trata de un libro inquietante, que incita a reflexionar sobre los orígenes, y que plantea en un tono ameno y seductor una historia que parece gastada, pero que aún ofrece numerosos misterios y posibilidades.
A.B.