MERCEDES ESTRAMIL
LA RAPIDEZ Y VIGOR con que Thomas Mann se hizo escritor, publicando Los Buddenbrook a los 26 años y ganando el Nobel a los 54, no estuvieron presentes en todas sus manifestaciones. Posicionarse de modo firme respecto al nazismo y la cuestión judía en la Europa del Tercer Reich, le costó algo más. Mucho más que a su hermano Heinrich o sus hijos Klaus y Erika, que tenían sólidas posturas anticonservadoras y antifascistas.
El discurso del Thomas joven era elitista, nacionalista y conservador, el mismo que lo llevó a escribir el descomunal ensayo Consideraciones de un apolítico en 1918. Se refugiaba en el Arte con mayúsculas, quizá sintiéndose un poco sus personajes de Tonio Kröger o Gustav Von Aschenbach. Desde 1905 estaba casado con la judía Katia Pringsheim, la fortuna de cuya familia fue clave para la buena vida de Mann, que provenía de comerciantes alemanes en decadencia. Pero recién cuando las políticas antisemitas de Alemania se tiñeron claramente de sangre, él adoptó una postura más enérgica.
Hermano Hitler y otros escritos sobre la cuestión judía selecciona artículos y ensayos de Thomas escritos entre 1893 y 1948, registrando cómo el tema judío se fue haciendo visible para él. No lo era aún en 1893, cuando firma con seudónimo una defensa de Heinrich Heine sin mencionar su origen judío. En 1910 defiende al dramaturgo y crítico Samuel Lublinski frente a un ataque de otro judío, Theodor Lessing. Aquí, sin embargo, hay que considerar el hecho de que Lublinski era admirador manifiesto de Mann. Lessing deslizaría luego que el propio Mann era judío. No fue la única vez que se dijo esto y en varias ocasiones Mann saltó como un fusible, asegurando que no era judío pero tampoco antisemita. Incluso llegó a definirse como filosemita, aunque otras veces lo negó.
Por más admiración que su literatura provoque, sus cálculos y estrategias están ahí, y estaban en el aire de la época. Conviene aclarar que en la mayoría de estos textos Mann habla primero de sí mismo y, luego, de la cuestión judía. Ubicado en el centro de su universo, radiografía la judeidad de acuerdo a sus vivencias: menciona a sus amigos y a los judíos influyentes que ayudaron en su carrera, aunque aquí y allá deslice algún comentario sobre la falta de aseo y la fealdad física de los mismos. O defiende en 1936 a su editor Gottfried Bermann-Fisher (acusado de hacer arreglos editoriales con los nazis).
Su voz no iba tanto al detalle en el momento de las quemas de libros, ni cuando la Cámara de Cultura del Reich desvinculó a todo autor no ario de la actividad literaria, ni cuando la tarea de "crítico" fue prohibida. Sí habló, con lucidez premonitoria, del fin de un concepto y un contexto de "cultura" que la guerra no haría sino acelerar, y del "principio extraordinariamente simplificador" de la violencia para seducir a las masas modernas, sentimentales y filosóficas ("¡Atención, Europa!", 1935).
Fue más fácil desde el exilio. Cuando Hitler se transforma en un monstruo para el imaginario colectivo y cuando los campos de concentración son una realidad incontrastable, Mann se suma al coro de las denuncias, sobre todo desde las emisiones radiofónicas de la BBC. Interpela a los alemanes respecto a su indiferencia y pasividad, exigiéndoles horror, vergüenza y arrepentimiento ("Oyentes Alemanes", 1945).
Leyendo estos artículos queda claro que Mann se conmovió con el Holocausto, sobre todo con su magnitud y sus excesos, y que trató el tema con su habitual profundidad, reflexión y contundencia. Pero su discurso contiene un sentimiento de superioridad europea y un deseo de ser útil a Europa. No pocas veces el elogio a los judíos resalta su participación en la "constitución espiritual de Europa", y lo que ésta perdería si se queda sin ellos. Considerarlos "europeos" ya sería otro asunto.
HERMANO HITLER Y OTROS ESCRITOS SOBRE LA CUESTIÓN JUDÍA, de Thomas Mann. Editorial Global Rhythm Press, Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 168 págs.
Ombú