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Poesía

POEMAS PENDIENTES, de Rodolfo Alonso. Universidad Nacional de Colombia. Colección Viernes de Poesía No. 43. Bogotá, 2006. 38 págs.

DEL POETA Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934) se recuerda siempre que perteneció, muy joven, al grupo vanguardista de la revista Poesía Buenos Aires (1950-1960). Alonso, sin embargo, ha construido una obra poética menos motivada por las vanguardias que por la constante reflexión sobre la condición humana y la ética implícita. Hombre de letras, Alonso tiene en su haber una extensa obra como traductor y también una excelente participación en el trabajo editorial con las publicaciones de "Rodolfo Alonso Editor", que funcionaron en Buenos Aires durante todos los años ´70 y hasta mediados de la década siguiente.

La Universidad Nacional de Colombia viene publicando "cuadernos" de poesía, es decir ediciones pequeñas, sencillamente engrampadas, destinadas a la divulgación de poetas importantes (el mexicano Marco Antonio Campos, o los colombianos Amparo Osorio y Juan Manuel Roca, entre muchos otros). El cuaderno número 43, de 2006, exhibe una serie de "poemas pendientes" (y ese es el título de la plaquette) de Rodolfo Alonso.

Son poemas "inseguros, y también persistentes, como nosotros mismos", dice el autor en el pequeño prefacio. Se trata de esos textos que los poetas van desechando para cada edición puntual, pero que, por diferentes motivos, merecen ser guardados en gavetas tantas veces imprevistas. Entre la humildad y el orgullo, Alonso nos recuerda que "hay poemas de verdad para los que no estamos quizá suficientemente preparados" y se pregunta: "¿Cuál es el límite entre la prevención y la autocrítica, entre la timidez y la soberbia?".

Los diecisiete textos del poemario dan respuestas diversas a esa pregunta. Hay poemas en este cuaderno que no merecían la publicación, que no están a la altura del poeta que es Alonso. Pero también se encuentran aquí escrituras que interesan a todo lector y, muy especialmente, a aquellos que aprecian el compromiso ético del poeta ("Auschwitz, aún", por ejemplo). Fechados, desde la década de los ´50 hasta los 2000, apuntando a temas diferentes, con alguna pieza en lengua gallega, el libro no persuade como conjunto, más bien generalmente se queda en su valor documental. No pierde sin embargo cierta capacidad de sorprender, y también, por su naturaleza de material desechado, muestra la exigencia de calidad que atraviesa la obra de Alonso, la que no quedó ni quedará "pendiente".

A. F.

Novela I

MADAME BOVARY, de Gustave Flaubert, edición y traducción Juan Bravo Castillo, Madrid, Espasa Calpe. Colección Austral. Barcelona, 2007. Distribuye Planeta. 448 págs.

SOLEDAD, TEDIO, misantropía, egoísmo, pesimismo, inadaptación, espíritu antiburgués, defensa del arte como religión, de la literatura como salvación, como paraíso artificial, como orgía perpetua: eso es Gustave Flaubert (1821-1880).

Fracaso del desborde romántico, de los temas grandiosos, de las inspiraciones artísticas; aceptación de la contención, de la negación de sí mismo, del rigor y el trabajo de estilo: eso es Madame Bovary (1856).

Entre la noche del 19 de setiembre de 1851 y el 30 de abril de 1856, Gustave Flaubert escribió Madame Bovary. Dicen que el origen de esa novela culminante fue un fracaso. En 1849 Flaubert leyó a dos amigos, durante cuatro días, al ritmo de ocho horas diarias, una obra sobre las tentaciones de San Antonio, inspirada en el cuadro de Brueghel. Al terminar, entusiasmado y confiado, pidió la opinión a sus camaradas. Le dijeron que lo mejor era quemarla y olvidarla. Uno argumentó que la falla estaba en dejarse arrastrar por temas amplios, difusos, incontrolables, que lo precipitaban al lirismo, y que mejor debía buscar temas pequeños, banales, casi inexistentes. Otro recuerda que le sugirieron la historia trágica de una muchacha de provincias, tal vez suicida, que terminaría por ser unos de los personajes más conocidos de la literatura: Emma Bovary.

La creación de Madame Bovary fue muy ardua. Por fortuna la copiosa correspondencia de Flaubert en esos años, en particular la que mantuvo con su amiga y amante Louise Colet, es pródiga en detalles y reflexiones sobre la tarea. Flaubert demostró que no era necesario un tema gigante: por el contrario, el tema nimio entregaba la tarea de perfección al estilo. Flaubert trabajó incansablemente la escritura para alcanzar un fluir narrativo que no estuviera obstaculizado por la voz del narrador. Esa desaparición, que puso en competencia a los hechos con la conciencia de los personajes, fue la más grande de las lecciones que Flaubert dejó a la novela moderna, a las formas de naturalismo y a las de la introspección.

Una reedición de Madame Bovary es siempre necesaria y bienvenida. Un prólogo extenso aunque no profundo la acompaña y provee de la información básica. Algún error no consigue afearlo. La bibliografía es nutrida aunque omite el libro de Vargas Llosa, La orgía perpetua, que la introducción cita en varias oportunidades.

O. B.

Novela II

LA SOMBRA DE POE, de Matthew Pearl. Seix Barral, Buenos Aires. Distribuye Planeta. 452 págs.

LA NOVELA llega precedida por un gran éxito. Su autor es el mismo de El Club Dante, un thriller histórico donde se cuenta la historia de un criminal que aplica los castigos del infierno de Dante en la Norteamérica de 1865. Es el Boston posterior a la Guerra Civil, con los profesores de Harvard a punto de publicar la primera edición de La Divina Comedia en Estados Unidos, y la aparición del primer policía negro -el investigador en la novela. Todos elementos que apuntan a rodear a la novela de especial atractivo, lo que sumado al apoyo de la crítica, harían del libro un best seller. Porque todo huele a operación de marketing. No falta, por supuesto, el inefable Dan Brown diciendo maravillas del propio Matthew Pearl.

En La sombra de Poe, para lograr verosimilitud Pearl investigó en periódicos de la época la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe, uno de los enigmas de la historia literaria. No fue asesinado, pero sí encontrado en estado de shock en una suerte de hotelucho y llevado a un hospital decrépito, donde murió. Se conjetura que alguien lo llevó a ese estado, en una suerte de conspiración.

Pearl crea un personaje que se obsesiona con Poe, un abogado lector que deduce que el personaje creado por Poe, el detective Dupin, tiene una base real. Llega a viajar a París para buscar a Dupin y desentrañar así el misterio de la muerte de Poe.

El resultado es tedioso. La novela tiene casi 500 páginas y es pura artesanía, colchón de retazos que parece tomado de alguna buena biografía de Poe (como la de Martynkewicz). Hay acción, truculencia y bandas de ratas por caños de hospitales. Pero Pearl muestra una evidente incapacidad para narrar, para distinguir lo relevante de lo accesorio, para dosificar la prosa y atrapar la tensión del lector. A.B.



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