ESTOY DE luto porque en 2001 se me murió Ken Kesey; estoy de luto por mí, claro; él ya se libró de este valle de lágrimas (muchas) y de (pocas) risas.
Resulta que ayer entré a un cyber café y entré a Internet, cosa que aprendí este año con ayuda del usuario de la izquierda o la derecha, y busqué a mi viejo amigo Kesey. Luego de superar toda clase de obstáculos dado mi profundo odio a la tecnología, encontré a su cadáver en esa pantallita de porquería. Encontré muerto a mi amigo Ken Kesey, y me encontré de luto. Yo amaba, amo, sus novelas. Kesey fue una leyenda viviente, a la que Tom Wolfe le dedicó un libro (a Kesey no le gustó) y a quien Milos Forman le filmó una oscarizada película (a Kesey no le gustó) titulada Atrapado sin salida, basada en Alguien voló sobre el nido del cuco. En primera persona, el Jefe Bromden, un indio gigantesco, relata sus desventuras y las de los otros recluídos en un pabellón psiquiátrico. La prosa dura, viril, pero extremadamente sensible, de Kesey se interna en las espeluznantes alucinaciones de Bromden (hay una máquina de niebla, llenan a los enfermos de engranajes y otras piezas diminutas en operaciones nocturnas, se ve tan bajo y delgado como el palito de escoba con que barre el pabellón) y en las de sus compañeros de infortunio. Hasta que llega un indomable "leñador", McMurphy, capaz de enfrentarse al refinado sadismo de la enfermera jefe, Ratched, perfecta encarnación del Sistema. Ahí empieza otra historia, una historia de rebeldía y liberación.
La otra gran novela de Kesey, A veces un gran impulso, se centra en una familia de leñadores tan duros como intransigentes. Kesey, cosas del inconsciente, siempre utiliza a dos personajes casi opuestos o complementarios: en Alguien voló... son el jefe indio y el leñador blanco, en A veces... se trata del hermano citadino y neurótico y el hermano leñador e indomable. Kesey se identifica ya con uno, ya con el otro, para terminar realizando una síntesis (cosas del inconsciente) tan extraña como reveladora; no es imposible que el más débil aparentemente sea el que termine mejor parado.
Kesey murió en 2001 a los 66 años; antes escribió otras novelas que, por supuesto, no se consideró necesario que llegaran a Uruguay.