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Ensayo de Antoni Martí
Café bien cargado

OSCAR BRANDO

ES UN LIBRO LARGO, larguísimo. No pretende ser una historia del Café (se refiere, con mayúscula, al lugar) pero no puede evitar infinitas referencias a ciudades, personajes, libros, reuniones. Se propone teorizar sobre los cruces que ese espacio no institucional tuvo con la prensa, la literatura, la academia, el espíritu burgués, la bohemia, etc. Es de todo un poco y encarga al lector el trabajo de ordenar, seleccionar, recorrer distintos senderos trazados o inventar otros. Hay momentos verdaderamente injustificados. Más de cien páginas dedica el libro a la figura de Stefan Zweig, recargadas con incursiones sobre ficción autobiográfica y otras lindezas. Hubiera sido más sensato quitarlas de este libro y publicarlas, con doble beneficio, en otro más pequeño. Apenas se sostienen vinculadas al mamotreto por la referencia a un Café que aparece en un cuento de Zweig tomado como excusa. A partir de él el ensayista abre cauce a comentarios sobre la figura de Zweig, interesantes, parciales y que nada tienen que hacer en este libro. Vaya uno a saber por qué al señor Antoni Martí Monterde se le ocurrió escribir sobre alguien que escribió tanto. Pero esos son antojos que nadie puede discutir.

AMBITO DE DESARRAIGO. Igual el libro ostenta virtudes indiscutibles. Comienza con breves alusiones al modelo oriental del Café que se insinúa en Europa en el siglo XVII. Se detiene, recién iniciado el XVIII, en la invención de la prensa moderna en la Inglaterra de Steele y Addison, fundadores de The Spectator. Este sería el punto de partida de una tesis sobre el papel de la Ilustración, la libertad de prensa y el Café en la revolución de la lectura (en el entendido que algo así sucedió a fines del siglo XVIII). Pero el gran momento del Café y el que da mejor material al libro es el siglo XIX. En él se observa la formación de un público que encuentra en el Café, como luego en los pasajes urbanos, ese concierto entre multitud y soledad, esa mediación entre lo íntimo y lo exterior que han repetido hasta el cansancio miles de estudios sobre la modernidad. Hay una línea española que permite seguir esta evolución: va de Larra a Galdós, Valle Inclán y Baroja y culmina en Ramón Gómez de la Serna (el autor, tal vez por valenciano, se ocupa poco de Barcelona). Hay un París de Balzac, Baudelaire, el barrio latino y los bulevares que tendrá en Walter Benjamin el estudio monumental. Y está la Viena del Café Central.

Entre el copioso material cabe atender a la aparición del artículo de costumbres que llevó a su esplendor Mariano José de Larra. La figura de Baudelaire, su spleen parisino y su dandismo decadente anudaron una fecha memorable: el 11 de diciembre de 1861, día en el que, para espanto de amigos y enemigos, solicitó su ingreso a la Academia francesa. Uno de los estudios más interesantes del libro es el dedicado a un momento y una figura marginal: en la Viena de fines del siglo XIX, Karl Kraus, Arthur Schnitzler, Hugo von Hofmannsthal, y Hermann Bahr convierten a Richard Englander en Peter Altenberg, bohemio, escritor de café, paranoico, alcohólico. El libro plantea con inteligencia los resultados de la creación del seudónimo: el escritor ocupa su vida entera en la construcción de ese personaje que es su criatura de ficción. La escritura autobiográfica, despojada de lo superfluo, no es confesión sino comprensión de los extractos de la vida agrietada, interrogación abierta sobre la realidad. No busca la biografía de su alma sino de un alma que exprese, telegráficamente, los estallidos de la vida. Esta cala ilumina la escritura de diarios y la fugacidad aforística, la intensidad del fragmento y la ruptura de los géneros que nutrieron a las vanguardias, al Kafka juvenil.

Alfred Polgar, para quien el Café ofrecería una forma organizada del desarraigo, escribió en su "Teoría del Café Central": "El Café Central se halla en la latitud de Viena en el meridiano de la soledad. La mayoría de sus habitantes son personas cuya misantropía es solamente comparable con su necesidad del prójimo y para quienes la voluntad de soledad requiere la compañía. Su mundo interior requiere un estrato de mundo exterior como material aislante, sus voces de solista en declive no pueden prescindir del coro". No solo el Café, pero paradigmáticamente él, resumió las incertidumbres del hombre de la multitud.

POÉTICA DEL CAFÉ. Un espacio de la modernidad literaria europea, de Antoni Martí Monterde, Barcelona, Anagrama, 2007. Distribuye Gussi. 491 págs.



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