PAULA VARSAVSKY (desde Saratoga Springs)
EL ESCRITOR norteamericano Russell Banks es un hombre de acción y un obsesivo de la palabra escrita. Proveniente de una familia proletaria quiso, fiel al sueño americano, una vida mejor que la de sus padres. A los dieciocho años ingresó a la Universidad Phi Beta, y fue el primero en su familia que siguió estudiando luego de terminar el secundario.
Hoy en día, a los sesenta y siete años es considerado el novelista que mejor retrata a la clase baja de su país. Ha publicado diez novelas y cinco colecciones de cuentos. Traducidos a más de veinticinco idiomas, sus libros han sido distinguidos con numerosos premios tales como el O. Henry, el premio de la Academia Americana de Artes y Letras, y el Pushcart.
EL CINE COMO MEDIO. Todos los escritores norteamericanos tienen agentes literarios, pero pocos contratan secretarias en el país del hazlo tú mismo. Esta entrevista, que tuvo lugar en la casa de Russell Banks y la poeta Chase Twichell, su cuarta esposa, fue combinada con su secretaria. "Ella me lleva algunos negocios" dice. Se refiere a su actividad cinematográfica. "La realización de películas es un proceso muy interesante en el cual estar involucrado. Es el medio más poderoso de nuestro tiempo a través del cual contar historias".
Banks escribió los guiones de dos de sus novelas. "Estoy muy involucrado como escritor y productor. Si encuentro el director adecuado, al tener el guión y los derechos del libro puedo buscar financiación. Quedo asociado, así logro control sobre el trabajo; de otra forma, se vería librado a quienes lleven adelante el proyecto".
Continúa sonriente, sentado de espaldas al escritorio en el estudio de su casa, rodeada de nieve, en Saratoga Springs, un pueblo colonial situado a tres horas de tren al norte de Nueva York: "Hemingway dijo que lo que un escritor tiene que hacer es ir en auto hasta la frontera entre los estados de Nevada y California, tirar el libro hacia Hollywood, dejar que le tiren el dinero desde allí y volver manejando a casa". Agrega: "Hice eso hasta mediados de la década de los noventa. Vendía la opción por una novela, que luego nunca se filmaba, pero al menos pude pagarles la universidad a mis hijas. La primera vez que me involucré en la producción fue con mi novela Aflicción dirigida por Paul Schrader, luego con Atom Egoyan en El dulce porvenir (basada en Como en otro mundo). Las dos se filmaron en Canadá, justo del otro lado de la frontera. En ambas trabajé mano a mano con los directores. Fue un curso acelerado con dos de los mejores realizadores del mundo".
Actualmente está escribiendo el guión de la versión cinematográfica de su novela Una americana consentida. "Martin Scorsese dirigirá la película, el personaje de Hannah lo hará Cate Blanchett. La compañía productora es Focus", afirma.
Banks fue docente universitario durante varias décadas, en la Universidad de Princeton, entre otras. Ha tenido alumnos que se volvieron famosos, como Jonathan Safran Foer. Quizá por la experiencia en la formación de escritores, comenta lo siguiente: "Cuando se es joven, salvo alguna excepción, ¿cómo se puede conocer la forma de la propia imaginación? Qué la puede hacer resonar, qué es una calle sin salida, o qué es meramente una curiosidad intelectual. La única manera de saberlo es escribiendo de diferentes formas, encontrando nuevos modelos. Si de pronto se tiene un público numeroso, agentes literarios, editores locales y extranjeros, lo natural es querer complacerlos. Cuando sucede antes de los treinta años no conduce a la experimentación o al cambio. Pienso que tienden a repetirse a sí mismos. Se vuelven más conservadores y cautelosos de lo necesario, adquieren cierta afectación".
"El éxito llega a veces muy temprano en Estados Unidos", comenta. "La celebridad forma una parte importante de nuestra cultura. Si vivís en Nueva York, sos accesible, encantador y buen mozo, es muy fácil caer en eso. A mis alumnos siempre les decía: tienen que separar su trabajo de su carrera. No se puede controlar la carrera, pero sí el trabajo. El típico error es sobrestimarse, ahí es cuando un escritor termina derrotándose a sí mismo".
El primer gran éxito comercial y de crítica de Banks fue su novela Deriva Continental, publicada en 1984, que trata acerca de un trabajador con dos hijas, dos mujeres y muchas deudas, que decide buscar suerte en Florida y encuentra una pesadilla. Consultado acerca de cómo consiguió seguir concentrándose en su trabajo una vez que obtuvo reconocimiento internacional contesta lo siguiente: "Mis rutinas estaban bastante establecidas, mi identidad como escritor era segura, no necesitaba probarla una y otra vez. Tenía cuarenta y cinco años. Mi única posibilidad era ser escritor, no era bueno en ninguna otra área. A medida que uno crece, no necesariamente aprende a ser mejor escritor sino a anticipar situaciones inconducentes. Cuando era joven tenía que escribir ciento cincuenta o doscientas páginas antes de comprender que no había nada allí".
"Por otro lado, creo que no me repito porque me aburro muy fácilmente. En cuanto veo que estoy transitando un camino similar al anterior, me detengo. Mis novelas son distintas entre sí, La ley del hueso, Una americana consentida o Rompenubes no se parecen. Tampoco soy un escritor compulsivo como algunos de mis colegas. Joyce Carol Oates o John Updike tienen que escribir uno o dos libros por año. Si no lo hicieran, probablemente, se volverían locos".
OBSESIÓN POR LAS VENTAS. En cuanto a los editores, que en Estados Unidos tienen una gran injerencia en el contenido de los libros, dice: "Por lo general he tenido editores mayores que yo, de la vieja guardia, muy literarios. Comencé a publicar en Houghton-Mifflin alrededor de los treinta años. Mi editor, un escritor que también había sido editor de la revista Canyon Review, era excelente. Revisaba oración por oración; pescaba una palabra por allí o alguna falla en el tono. Es lo que tuve desde entonces. No he necesitado un editor que me ayude a cambiar radicalmente un libro. Mi editor actual es crítico y poeta. Por suerte no tuve que trabajar con editores que son básicamente personas de marketing, o gente que me quiere usar a mí para avanzar en su propia carrera dentro de la industria editorial. Hoy en día los editores, en general, no hacen ese trabajo fino, están más interesados en llegar a los potenciales compradores que en la calidad del trabajo, lo cual no es bueno para el escritor. Hay una obsesión por las ventas. El mercado se ha reducido a unos cuatro gigantes editoriales que pertenecen a grandes conglomerados de corporaciones internacionales donde se incluyen televisión, cine, diarios y otras publicaciones. Cada división tiene que dar un retorno del doce por ciento anual, esa es la presión que hay".
Admite que este fenómeno tiene otra faceta, el surgimiento de pequeñas editoriales. Están publicando a buenos autores que tienen públicos leales, en quienes no deben invertir demasiado y que las grandes editoriales no publican porque saben que no van a vender más de diez mil ejemplares. "A la mayoría de los escritores no les importa si la editorial es grande o pequeña, quieren tener su libro publicado y encontrar un público que entienda lo que hace" asegura. "Sucede lo mismo con las películas, hay más productores independientes y los costos bajan en la medida en que se puede distribuir por Internet. El material es cada vez más profesional: es gracioso, breve, inteligente. La tecnología evoluciona a una enorme velocidad y hay públicos cada vez más sofisticados".
"Todos querrían ganar un millón de dólares, pero la mayoría de la gente pasa toda su vida sin que le suceda. Yo podría haber pasado mi vida profesional publicando ediciones chicas. Tuve la suerte de llegar a audiencias grandes, pero no tiene que ver conmigo ni con lo que estaba escribiendo, es pura suerte".
Encima del escritorio están las pruebas de su última novela. Se publicará hacia fin de año, el título es La reserva. "La historia tiene lugar en una zona de las montañas Adirondack durante los años 1936 y 1937" dice al autor. "Allí hay una reserva de veinte mil hectáreas con lagos, montañas y naturaleza salvaje, que todavía existe. Siempre perteneció a unas pocas familias. En los alrededores se alzan pueblos cuyos habitantes les proveen servicios. Es casi un estado feudal. En el trasfondo está la Guerra Civil Española. Es una historia sobre la Gran Depresión de Estados Unidos, hay gente rica y sus sirvientes. En esa época eran los grandes capitanes de la industria, a quienes no alcanzó la mala situación económica. Trata acerca de esa división entre muy ricos y muy pobres. Los personajes principales son dos hombres y dos mujeres. También hay adulterio, violencia y celos".
Banks dice que, en la actualidad, la situación de relaciones feudales en la zona sigue intacta: "Algunos de los sirvientes se van y terminan como Bob Debois, el personaje principal de Deriva continental, que se fue a Florida y le va mal. Todo el tiempo hay gente que parte hacia California, Arizona o Florida para mejorar su vida. Al tiempo vuelven abatidos, con un hijo más, se mudan a una casa rodante y buscan algún trabajo en la construcción. Siento gran afecto y respeto por ellos. No tienen demasiadas opciones. Para peor, y esto siempre me ha resultado conflictivo, no hay en los americanos una visión más global en cuanto a cuál es su rol en esta sociedad; entonces, quedan anclados. No se puede despegar si no se tiene una perspectiva de la situación. En nuestra cultura no hay ideología, no se admite que el sistema de clases funciona, hay una denegación del tema porque se da de bruces con el sueño americano de que todos lo pueden lograr. Bob Dubois no tiene idea de cuál es su lugar en una gran sociedad de consumo, no entiende qué fuerzas le van en contra, entonces le resulta imposible oponerse de una forma apropiada. El racismo ayuda a este statu quo, si se divide a la gente por su raza, nunca van a entender qué tienen en común como identidad de clase. Si alguna vez se dieran cuenta, bueno, habría algo cercano a una revolución. Además, esta es una nación inventada por inmigrantes, con un constante proceso inmigratorio que empezó en el siglo XVI. A diferencia de países como Argentina u otros de América del Sur donde las grandes inmigraciones duraron un cierto tiempo".
"Para mí siempre ha sido muy importante no perder contacto personal con el tipo de gente acerca de quienes quiero escribir", agrega. "Ya sean familiares, vecinos o amigos. Me causa placer pasar ratos largos en el pub hablando y escuchando historias. Es gente que no necesariamente lee libros. Por cierto, no los escriben, son mayormente trabajadores. No quiero escribir sobre intelectuales ni escritores".
ESCRIBIR EN VERSO. Vestido con un pantalón de jean y una camisa a cuadros, Banks sirve amablemente el almuerzo en el comedor diario de su amplia casa de dos plantas, donde continúa la conversación: "Estoy trabajando en un libreto para una ópera", dice en tono de confesión. "Lo escribo para un compositor cuyo trabajo admiro. Es una historia que quería contar y probablemente no hubiese podido hacerlo de otra forma. Disfruto de la oportunidad de volver a escribir en verso, son letras de canciones. El verano pasado la llevó a escena la Ópera de Nueva York, tienen unas pruebas de work-in-progress. Pude verla con una orquesta completa y cantantes de primera línea. Fue fabuloso, nunca había experimentado algo así. Tenemos la esperanza de que la contraten. En cierto sentido es más difícil conseguir que contraten una ópera que una película. Cuesta tanto dinero y no hay productores que ganen. Es una forma de arte arcaica, por cierto no es popular. En el siglo XVIII era un género popular en Italia y Alemania. De las clásicas las que más me gustan son las de Mozart. Me interesa la posibilidad de escribir ópera contemporánea norteamericana. Aunque no estoy muy seguro de que se pueda hacer".
El tema lo entusiasma y continúa: "La mayoría de lo que se escribe para la ópera contemporánea cae entre música etérea e incomprensible o algo similar a los musicales de Broadway. No hay una clara necesidad cultural o emocional. ¿Necesitamos ese género para experimentar emociones que no podríamos experimentar de otra manera?"
En cambio, le parece que las novelas son necesarias: "Nos brindan información emocional, intelectual, social y política que no conseguiríamos de otra manera. Podría decir lo mismo respecto de la poesía, el jazz, el blues, o de cualquier tipo de música pop, inclusive del rap. Qué hace que el teatro o los musicales de Broadway o que la llamada música clásica, o las películas sí nos brinden esto, no lo sé".
"Hay una cierta intensidad emocional que trae aparejada la ópera que es artificial, pero puede producir un alto nivel emocional como respuesta. Es muy difícil que la música pueda emocionar hasta las lágrimas, aun cuando no se entienda la letra. Eso me pasa con algunas arias, ciertos cantantes de jazz y de blues", dice con los ojos celestes bien abiertos.
"Cuando estaba escribiendo La reserva escuchaba a músicos de jazz de la década del treinta, también algo de Gershwin y de los cantantes folk que precedieron a los grandes letristas judíos. Nada de esto tenía una conexión directa con la novela. Los músicos en aquella época no estaban tan politizados como los escritores y los pintores".
EL OPIO DE LOS PUEBLOS. Deriva continental se publicó hace veinticinco años. Ante la pregunta de cómo ve la situación de la clase baja de su país en la actualidad, contesta: "Están más atrapados económicamente que antes. Los cambios en la estructura básica de la economía americana han llevado a que sea cada vez más complejo para un hombre que no tiene un alto nivel de educación encontrar algo más que pequeños trabajos ocasionales. Resulta muy difícil proveer lo básico para una familia, aquello que los hombres de mi generación, de los años sesenta y setenta era razonable que pudieran hacer".
"Si fuera un hombre joven de la clase trabajadora hoy en día estaría aterrorizado", continúa. "¿Qué haría? ¿Intentaría ascender hasta convertirme en jefe en algún Mc Donald´s?"
A lo cual agrega: "Medicarse con alcohol, que es legal y barato, forma parte de nuestra cultura. Yo crecí en ese tipo de entorno. Mi padre era alcohólico, mi abuelo también. Y mi madre, que desde hace veintisiete años no lo es más. Es una alcohólica recuperada, como dice ella. Se medica con la religión, como el resto de mi familia de origen; son todos cristianos fundamentalistas. Les da algún confort en un mundo que no les promete demasiado, entonces encuentran alivio y seguridad en el más allá. Marx no estaba equivocado, es el opio de los pueblos, lo veo en funcionamiento en toda esa parte de mi familia".
Banks ha asegurado en reiteradas oportunidades que la literatura lo salvó. Él también era un joven enojado que se drogaba y tomaba demasiado alcohol: "Me gustaría creer que escritores tales como Sylvia Plath o Hemingway, si no se hubiesen dedicado a escribir, se habrían suicidado muchos años antes. Faulkner hubiera quedado destruido por el alcohol a los treinta años si no hubiera tenido que mantenerse despierto para escribir. La disciplina es una parte. También, al escribir, uno se ve forzado a ser honesto, a examinar la propia vida, a ser lo más inteligente posible y a acompañarse de obras literarias. Se llega a una gran intimidad con la literatura, de una forma en que no la alcanzan ni los académicos ni los críticos. Eso se convierte en un principio organizador para la vida, uno se mide constantemente respecto de otras expresiones artísticas".
Por último, luego de echar un vistazo por la ventana desde donde se ve un bosque cuenta que el alpinismo es su deporte favorito: "Comencé a practicar alpinismo en la década del sesenta, lo he seguido haciendo. Estuve escalando montañas en el Aconcagua, entre Chile y la Argentina hace tres años". Por cierto, ha llegado a varias cimas.
Los libros
Poesía y cuentos: Snow (poesía, 1974); Searching for Survivors, 1975; The New World, 1978; Trailerpark, 1981; Success Stories, 1986; El ángel en el tejado (Losada, The Angel on the Roof, 2000)
Novela: Family Life, 1975; Hamilton Stark, 1978; The Book of Jamaica, 1980; The Relation of My Imprisonment, 1983; Deriva continental (Ediciones B, 1985); Aflicción (Anagrama, 1989); Como en otro mundo (Anagrama, 1991); Rule of the Bone, 1995; Rompenubes (Losada, 1998); Una americana consentida (Ediciones B, 2004).