Ioram Melcer (desde Jerusalén)
EL PERIODISTA e historiador israelí Tom Segev acaba de publicar un libro "revisionista" sobre varios mitos fundacionales del Estado de Israel, así como también sobre la evolución de las percepciones en torno a temas como el Holocausto perpetrado por los nazis, el conflicto con los palestinos, la nueva y la vieja política israelí y, sobre todo, la Guerra de los Seis Días de 1967, el acontecimiento bélico que transformó a Israel en potencia regional. El libro se titula, justamente, 1967, y fue publicado en hebreo por la editorial Keter, en inglés por Metropolitan Books, y en francés por Denoël.
Segev se doctoró en la Universidad de Boston. Para su tesis hizo un extenso trabajo de investigación entre nazis que fueron comandantes de campos de concentración. Segev quería comprender las causas que llevan a un individuo a aceptar tal cargo. Ya en aquella obra (The Soldiers of Evil) el historiador se destaca por dos elementos que habrán de ser su sello estético e intelectual: el tono objetivo, tranquilo, desprovisto de tremendismo y de pasión sectaria, y el deseo de hacer preguntas básicas, supuestamente "simples".
En Israel, esa visión le valió a Segev ser clasificado en la categoría de los "Nuevos Historiadores", o "Historiadores Revisionistas", como se los denomina en el Río de la Plata. Se trata de una serie de pensadores cuyo denominador común es la voluntad académica y pública de abrir y reabrir las puertas del pasado, sacar a luz trozos del subconsciente nacional judío y volver a evaluarlos. No ha de sorprender que los dos grandes temas de los "Nuevos Historiadores" son el Holocausto y el conflicto Palestino-Israelí. Sus trabajos han desatado una avalancha de ataques de parte de entes oficiales, voceros nacionalistas y partidarios de las viejas escuelas intelectuales en Israel y el mundo judío en general. Por su personalidad, su pluma humanista y hábil, y por el hecho de que no está identificado con ninguna corriente política, Tom Segev ha logrado una posición privilegiada en los debates.
DIFÍCIL DE DIGERIR. Segev no es partidario de las abstracciones ni de las ideas sin base real, concreta y tangible. "Que me muestren un documento" es lo que le gusta decir una y otra vez. El Séptimo Millón, el libro que lo hizo famoso a nivel mundial, describe a los israelíes ante la Shoah (el Holocausto). Dibuja un cuadro complejo: un pueblo joven y revolucionario que quería deshacerse del pasado, que despreciaba al judío de la Diáspora, y que no estaba capacitado para contener a los sobrevivientes del infierno nazi luego de la Segunda Guerra Mundial. Un Estado israelí que, desde su génesis, es también víctima de los nazis, pues toda su existencia nacional está marcada por lo que los nazis perpetraron contra los judíos. Los israelíes están impregnados del trauma. Nunca logran deshacerse del pasado. Como cualquier otro pueblo, manipulan el pasado, lo usan, lo glorifican, abusan de él y lo detestan, o lo asumen y no lo pueden digerir.
Esta es la base intelectual y analítica de su nuevo libro, 1967. En él, Segev analiza un evento crucial: la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días. Antes de la guerra, en 1967, Israel era un país joven y de gente joven. Una sociedad idealista que se sentía pionera. El sionismo parecía haber creado al "Nuevo Judío", un hombre libre, apegado a la tierra, un ser natural que vive en su patria sin complejos. Con unos tres millones de habitantes, Israel parecía ofrecer al mundo un modelo.
Segev describe el conflicto generacional predominante en ese momento: la división entre "los viejos" que seguían hablando el yiddish y "los jóvenes" cuya lengua materna era el hebreo. Cada grupo tenía una visión muy diferente del mundo y de la situación a la cual Israel estaba enfrentada. Los jóvenes, militares o ex-militares, afirmaban poder conseguir una victoria rápida contra las naciones árabes amenazantes. Los viejos, a su vez, temían que Israel pudiera estar ante un peligro mortal, quizás ante la posibilidad de ser aniquilada.
El "Nuevo Judío" israelí, a su vez, era educado para despreciar todo vestigio de la Diáspora, del judío históricamente desperdigado por el mundo. Despreciaban su lengua, el yiddish, así como también su miedo al pogrom y a la persecución, miedo abonado por siglos de discriminación, asesinatos y deportaciones. Para expresar plenamente la validez del "Nuevo Judío", esos jóvenes necesitaban de una gran victoria. Segev lo explica todo con mucha lucidez y paciencia, intercalando datos asombrosos, como por ejemplo cifras exactas que prueban que ni Israel era un enano militar, ni los países árabes eran unas potencias armadas. Datos que el público israelí de 1967 habría rechazado con asco y espanto. El israelí del 2007 los critica, y a veces los acepta con una sonrisa cansada, expresión clara de quien ha visto lo sucedido en la zona en los últimos 40 años con los ojos bien abiertos.
DE OPRIMIDOS A OPRESORES. Como el eje principal de 1967 es el de las percepciones, los temores, los sueños y los malentendidos, la historia no termina ahí. A corto plazo Israel supo aprovechar la victoria para consolidar su existencia a nivel económico y militar. Con tino, sus líderes rechazaron ideas locas como la de destruir las mezquitas musulmanas de la ciudad vieja de Jerusalén. La victoria ofreció oportunidades y presentó nuevos peligros, pero en el largo plazo no lograron sacarle provecho. Israel se transformó en una potencia regional, pero no supo resolver el tema palestino. En agosto de 1967 muchos israelíes negaban la existencia del pueblo palestino. Veinte años más tarde fueron sacudidos por la primera Intifada en los territorios ocupados, y luego por la segunda. Los israelíes se habían transformado en el opresor, cediendo ante grupos extremistas mesiánicos judíos que transformaron las zonas ocupadas en focos de fricción a causa de los asentamientos. Querían evitar la devolución de lo que ellos consideraban materia sacra: la tierra de Israel.
Segev es un historiador y no un sociólogo o un ensayista, y su libro se limita a retratar las realidades del año 1967. Por ello, el lector relativamente ajeno al tema se entera parcial e indirectamente del trasfondo histórico a los eventos de 1967. Segev no es de masacrar vacas sagradas, pero con muchísimo tino, buen criterio y una fina sonrisa irónica sabe sacar esas vacas del cuadro y despejar la visión del público, mientras se divierte con los detalles. Quizás para un público fuera de Israel, sería bueno pedirle a Segev un post scriptum que detalle la larga y triste historia del desperdicio de la victoria en la Guerra de los Seis Días. Pequeño o grande, joven o algo envejecido, el Estado judío y sus ciudadanos siguen pensando en términos de peligro mortal y de aniquilación posible, sobre todo por cuestiones de mentalidad, historia y cultura.
Y la realidad actual no ayuda a despejar el camino hacia un entendimiento. Cuando el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinajad, anuncia diariamente que Irán quiere aniquilar a Israel, cuando niega el Holocausto y cuando los extremistas del Hamas y del Hizballah así como Bin Laden hablan en términos de "echar a los judíos al mar", cualquier observador sensato percibe que el círculo vicioso vuelve a cerrarse, con los discursos retroalimentando el odio mutuo y el extremismo. Las percepciones siguen definiendo las realidades.
Cinismo
EN UNA entrevista realizada por el periodista Riz Khan para la cadena de televisión Al Jazeera, Tom Segev dijo entre otras cosas que "40 años después de la Guerra de los Seis Días no han aparecido ideas nuevas sobre el problema palestino-israelí", razón por la cual cree que esa "es una guerra que aún se está peleando".
Segev cree, además, que en 1967 Israel no ganó nada. "Fue una victoria militar espectacular, pero no fuimos capaces de alcanzar la paz. De hecho no hemos avanzado una sola pulgada en el camino hacia la paz con los palestinos".
Sobre el viejo y nuevo Israel, el historiador recuerda que "Moshe Dayan fue un hombre en extremo interesantísimo, misterioso, problemático, uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. Los liderazgos de hoy, sin embargo, tanto en Israel como en el mundo árabe, están en manos de políticos profesionales que no se ven a sí mismos cumpliendo una misión histórica. Se preocupan más por ellos mismos, son egocéntricos y cínicos. Ehud Olmert (actual primer ministro israelí) es un individuo absolutamente cínico, un político profesional. Por eso mucha gente hoy se pregunta dónde está Moshe Dayan".
(La entrevista completa está disponible en http://www.youtube.com/)