El poder sin la gloria

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JUAN DE MARSILIO

LAS REEDICIONES LLEVAN a las relecturas. También al encuentro de nuevos lectores y viejos maestros. Es bueno que Edhasa publique la "Biblioteca Graham Greene", con Los caminos sin ley por vigésimo título, traducida por J. R. Wilcock, quizás el mejor traductor de Greene al español.

Graham Greene (1904-1991) fue narrador, inglés, católico. Capaz de novelas sobre duros dilemas éticos, como El revés de la trama, pero también chispeantes de ironía como Nuestro hombre en La Habana. Sin renegar nunca de su nación y cultura, fue lúcido y firme al criticar sus defectos e inconsecuencias. Católico desde los veintitrés años, tiene fervor de converso, pero no fanatismo. No es un reaccionario (ver El americano impasible y El cónsul honorario) ni un pacato (¿Nos presta su marido? y otras comedias de la vida sexual).

Los caminos sin ley reseña su viaje a México, en especial al sur, Tabasco y Chiapas, en 1938. La meta periodística y personal es conocer de primera mano la persecución del gobierno mexicano contra la Iglesia Católica. Iniciada por el Presidente Plutarco Elías Calles (1924 - 1928), dejó varios mártires, como el fusilado Padre Miguel Pro, generó una activa militancia católica clandestina y desató la sangrienta "Guerra de los cristeros". A la fecha del viaje, el presidente Cárdenas permitía el funcionamiento de los templos, pero oponía a la Iglesia una educación pública "socialista" y antirreligiosa. Sin embargo, en Tabasco y Chiapas la represión era tan dura como en sus inicios. Tal odio antirreligioso se hace increíble para un uruguayo. Nuestra "batalla laica" fue más simpática: "dios" con minúscula en el diario El Día y una fuente con símbolos masónicos frente a la Catedral Metropolitana.

Este libro se relaciona con otros dos: El Poder y la Gloria, del mismo Greene, y México insurgente, de John Reed. El primero es una novela sobre un cura borracho, venal y nada casto que, huyendo de la persecución, redescubre la fe. Se desarrolla en las selvas y pantanos del sur maya de México, poco antes de que Greene visitara la región y le contaran la anécdota. El segundo es un testimonio sobre la Revolución Mexicana casi en sus inicios. Reed apoya el proceso, mientras que Greene critica su resultado. Complementar ambas lecturas deja una impresión de estancamiento: tras un cuarto de siglo, la misma miseria, los mismos generales/caudillos/hacendados, los mismos rebeldes vueltos bandoleros.

A Greene le disgustan México y los mexicanos. Pero reconoce que el paisaje es bello y él lo sufre por falta de costumbre y blandura de europeo. Asimismo, prefiere el catolicismo primitivo, visceral y valiente de los mexicanos pobres y devotos al más refinado pero más frío e inocuo de norteamericanos y europeos, a los que exige un compromiso más radical y práctico con los pobres. Si bien deplora el modo de ser del mexicano (no del indio), le parece peor, por hueco, el del norteamericano medio (sobre uno que conoce en un hotel, escribe que tenía "una expresión firme y vacua, como si hubiera hecho un curso de personalidad por correspondencia".)

Hay cosas que Greene no comprende. Está en México cuando Cárdenas nacionaliza el petróleo y le parece sólo un acto de demagogia. Cree viable la oposición a Comunismo y Capitalismo que proclaman varias encíclicas de Pío XI, sin ver que en esa misma Iglesia germinan actitudes favorables al totalitarismo de derecha, que poco después florecerán con Pío XII. Pero acierta en cuestiones importantes, como la imposibilidad de transformaciones sociales positivas y duraderas basadas en el ataque a las creencias del pueblo, en vez de en el diálogo respetuoso. Caracteriza al franquismo como un error garrafal para un buen católico. El libro concluye en un clima de guerra europea inminente. Guerra sofisticada y tecnológica en la que, lo mismo que en el México primitivo y brutal, el poder quedará sin la gloria de ayudar a ser felices a las gentes sencillas.

LOS CAMINOS SIN LEY, de Graham Greene. Edhasa, Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 384 págs

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