DANIEL VELOSO
EN LOS AÑOS treinta del siglo pasado los periódicos del mundo incluían artículos en los que se pronosticaba cómo los aviones harían viajes sobre el Océano Atlántico. Apenas había transcurrido un par de décadas desde que los hermanos Wright, en 1903, volaron con su modesto aeroplano y ya se imaginaban que aquellos artefactos podrían transportar pasajeros y mercancías de un continente a otro. Muchos lectores de entonces encontraron descabelladas tales proyecciones. Una historia similar se viene desarrollando en torno a los robots. A las próximas generaciones les resultará algo común tener robots trabajando a su alrededor en forma autónoma. Hoy transeúntes y automovilistas obedecen los cambios de luz de los semáforos y ninguno se asombra de que detrás de esos aparatos no esté la intervención directa de la mano del Hombre. El mundo está habituado a las máquinas autónomas. Sin embargo el desarrollo de los robots parece lento y frágil, pero los ingenieros siguen adelante. Desde hace un tiempo, por ejemplo, ha ganado seguidores la idea de que los robots jueguen al fútbol. Las sencillas reglas de este deporte y su difusión por todo el planeta hicieron que fuera el escogido por los investigadores. La prensa enseguida se hizo eco de estos eventos, sin contar que el juego como actividad competitiva le agregó al evento científico el deseo de triunfo de cada equipo. Esto estimuló la investigación y en sólo una década los robots fueron dotados de mayor destreza y precisión, además de los avances obtenidos en la programación del juego en equipo. El objetivo que se plantean los organizadores de los mundiales de fútbol robótico es que en el año 2050 los robots y los humanos jueguen juntos al fútbol.
EN LA CANCHA. El fútbol de robots está organizado en dos grandes ligas mundiales, la RoboCopa, iniciada en 1997, y el Mundial de Fútbol de Robots, que data de 1995. Estos torneos internacionales convocan cada año a miles de espectadores. Los equipos provienen de universidades de todo el mundo y están integrados por estudiantes y profesores. El fútbol de robots real, para diferenciarlo del simulado, se reparte en cuatro categorías o ligas: los pequeños, los medianos, los de cuatro patas y la liga humanoide. Los robots no son manejados por control remoto sino con un programa de computación que dirige al equipo y a cada uno de los jugadores por separado. Una cámara sobre el campo de juego toma la imagen y por un programa de computadora ésta es dividida en coordenadas, ubicando a cada robot respecto a la pelota y a sus rivales. Al finalizar el primer tiempo, cada uno de 10 minutos, los programadores pueden hacer cambios en la estrategia del equipo. Hasta el momento la liga pequeña es la que desarrolla un fútbol más dinámico. Con un cuerpo cilíndrico de 18 centímetros de diámetro sobre el que se añade una caja cuadrada, los pequeños juegan con un arquero y cuatro jugadores de campo por bando. Tienen gran movilidad y una potente "patada" gracias a un percutor que les permite incluso lanzar por alto la pelota en forma de centros al área. Con los años, los programadores han ido implementando más jugadas de "pelota quieta", como ser tiros libres o pases a un robot desmarcado para que este tire al arco.
La liga mediana se diferencia en que cada jugador tiene sensores ópticos y además todos patean mucho más fuerte la pelota gracias a un pistón. La liga de "cuatro patas" es la liga canina, ya que utiliza los "aibos", o sea los perros robots de la empresa japonesa Sony. Los investigadores vieron en estos robots diseñados para reaccionar como mascotas, la oportunidad de hacer estudios sobre "inteligencia artificial". Por ejemplo a través de la decodificación de lo que "ve" el perro-robot en la cancha, sean los rivales o la pelota. Por su parte la liga Humanoide o bípeda pasó en pocos años de sólo tirar penales a jugar dos contra dos. Estos robots humanoides de no más de 40 centímetros de alto y de movimientos lentos, patean al arco imitando los movimientos humanos e incluso los arqueros se tiran de costado para atajar la pelota.
LOS MÁS DESARROLLADOS. Universidades de Alemania, Estados Unidos, Australia y Singapur han salido campeones del mundo con sus robots. Y no se trata sólo de ganar un torneo deportivo, sino de competir por prestigio, para obtener la punta en el desarrollo tecnológico.
En la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República de Uruguay se desarrollan robots desde el 2001. El profesor Gonzalo Tejera, de 32 años, del Instituto de Computación (INCO), es responsable del proyecto de investigación. En 2003 se comenzó a participar en el Campeonato Argentino de Fútbol de Robots en la Liga Simulada, con un equipo llamado Fruto y a partir de 2006 con el equipo Fibra. Al mismo tiempo fueron desarrollando los robots que formarían el equipo Rfibra (la R es de real), que debutó este año en Buenos Aires. En el campeonato argentino, asociado a la FIRA (Federación Internacional de Fútbol Robótico Asociado), organizadora del Mundial, la cancha es más chica y se juega tres contra tres. Consultado sobre qué diferencias hay entre la RoboCopa y el Mundial de Robots, Tejera explicó que la primera es más académica y el segundo es más competitivo. "El Mundial es más cerrado y no se comparten las estrategias. La RoboCopa tiene un evento que es mucho más académico, en que se liberan los códigos de programación", comenta. El espíritu de la RoboCopa lleva a que al finalizar cada torneo los equipos compartan la información. Esto explica que los distintos países se hayan ido turnando en el podio. Pese a que transmitir los avances de cada equipo no se acostumbra en lo regional, los uruguayos sí lo hacen. "En Argentina repartimos nuestra estrategia a todos los equipos", comenta Tejera.
La experiencia de la delegación uruguaya en el campeonato argentino fue buena. "Perdimos uno a cero en lugar de 20 a cero como en la liga simulada", dice Tejera, sonriendo, mientras mira a Gustavo Armagno, (26 años de edad) , miembro del equipo de programación de estrategias del fútbol simulado. "Los robots no funcionaron tan bien como esperábamos, pero funcionaron. El esfuerzo de la primera experiencia, de ir hasta allá, cargar todo el laboratorio y montarlo, fue muy buena", agrega Tejera.
En la Liga Simulada los partidos de fútbol son simulados en una computadora. "Es lo mismo, visto de arriba, con visión central. Toda la parte del contacto con el mundo físico, ya sea a través de los sensores o lo que hacen los robots en la cancha está simulado. Pero después el cerebro de los robots y la inteligencia se podrían transferir del cerebro simulado al real y andaría todo bien", cuenta Armagno.
El grupo de investigación de Gestión de Redes e Inteligencia Artificial, formado con la unión de los técnicos de las áreas de Robótica Móvil y Redes de Datos, traspasó el programa del simulador al robot real y así nació, del Fibra, el Rfibra. "Se sustituye el programa de simulación por otro que procesa la imagen que toma la cámara, para luego convertirlas en coordenadas. Cuando este programa decide mover al robot se las envía por radio. Es como si cada robot tuviera un cerebro a distancia", dice Armagno. Por su parte Tejera aclara que instalar un cerebro electrónico en cada robot sería muy costoso, además de que no es necesario. "Distribuir la inteligencia que estaba en un PC centralizado y después dividirlo en cada robot no es lo más complicado a lo que nos hemos enfrentado. Los objetivos que buscamos son que el equipo haga goles y también que demuestre a los espectadores el aprendizaje, buena velocidad y precisión", enfatiza.
El equipo uruguayo tiene entre sus proyectos construir robots con visión local y pasarse a la liga mediana, aunque para ello deben obtener el apoyo del sector privado. Ya lo consiguieron por ejemplo para los campeonatos de sumo robótico, que se realizan desde hace cuatro años en la Facultad de Ingeniería. En el sumo, los robots deben sacar al oponente fuera de un círculo de medio metro de diámetro. Este año el torneo inauguró una liga de Secundaria, con 8 liceos inscriptos. Y se prevé que habrá más anotaciones en el año 2008.