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Novela de António Lobo Antunes
Negocios con la muerte

MERCEDES ESTRAMIL

LOUIS FERDINAND Céline, que escribió muy buena literatura pero se granjeó abundantes antipatías por su espíritu misántropo y su incorrección política, sin duda subió la apuesta cuando amablemente contestó la carta de un lector portugués que le pedía una fotografía. El admirador era el adolescente António Lobo Antunes y la inesperada respuesta del autor de Viaje al fin de la noche fue su primer pasaporte al país febril de la literatura, aunque esperó hasta los treinta y siete años para ingresar de pleno. Antes -como Céline- se dedicó a la medicina, y no falta quien diga que no debió abandonar esa profesión humanitaria. Hoy Lobo Antunes es el "otro" gran escritor portugués, la contracara y enemigo público del Nobel José Saramago, y en algunos círculos más académicos que mediáticos, el verdadero escritor. Nacido en 1942 mantuvo y sigue manteniendo en la medida en que su popularidad creciente lo permite -candidaturas al Nobel mediante- un perfil bajo, de artesano de las letras. Que no debe confundirse con modestia. Desde los humildes lugares donde escribe (un rincón en un almacén de barrio, una sala de hospital psiquiátrico), Lobo Antunes cree haber impreso otra vuelta de tuerca al viejo arte de novelar.

MÉDICO Y SOLDADO. Etiquetada con la carátula de "difícil", su narrativa apoya la ya vieja idea de que las vías tradicionales de la novela se han agotado. Y en ese sentido su dificultad ya es relativa o por lo menos clasificable, luego que el "flujo de conciencia" joyceano, los aportes del psicoanálisis y la cinematografía movilizaron el discurso literario a comienzos del siglo veinte. Sus extensas novelas no cuentan historias al modo tradicional, no hay un principio-desarrollo-fin; sus personajes son "voces" que se confunden unas con otras y socavan la presencia del narrador; y en general hay una estructura externa muy delimitada en fragmentos y capítulos, pero dentro de los mismos la vocación por cierto caos poético es visible. El contrato de lectura exige entonces leer con calma, releer, y esperar los efectos casi hipnóticos del texto y sus propias y tácitas "instrucciones de uso": malo para tiempos de fast food literario. Lobo Antunes ni se entera cuando sin pudor alguno parafrasea la expectativa de Joyce de dar trabajo a los críticos por quinientos años.

Ayer no te vi en Babilonia es su decimoctava novela y prolonga el universo de las anteriores, que comenzó allá por 1979 con Memória de Elefante y Os Cus de Judas, libros con contenido autobiográfico que ya aludían a las dos experiencias decisivas en la vida de Lobo Antunes: su especialización en psiquiatría, carrera hecha sin vocación y a instancias de su padre, y su enrolamiento militar desde 1971 a 1973 en la interminable Guerra de Angola, que por esos años discutía su independencia de Portugal. Un conflicto que también marcó de cerca a otros escritores de su generación, como Lídia Jorge (n. 1946) o Joao de Melo (n. 1949).

A Lobo Antunes ambas vivencias le dieron materia prima para varios libros, no sólo en términos de ambientación y personajes, sino en cuanto a cómo utilizar las herramientas de trabajo. Ejercer la psiquiatría y estar en combate lo conectó con el manejo emocional de situaciones límite a la vez que lo ayudó a instalar disciplina en el caos, a ser metódico y voluntarista. Y a considerar la escritura como un estado de lucha permanente en el que la reescritura es fundamental; ahí está la poca vida social y las doce horas diarias que le dedica al trabajo, escribiendo a mano y pasando en limpio, y en varias versiones hasta dar con el texto. Junto a esa imagen flaubertiana, de escritor misionero, que Lobo Antunes da de sí mismo, se ubica también su idea romántica de que la mano escribe lo que le dicta un ángel y sus declaraciones de que ha llegado a llorar cuando escribe. Confesiones que no lo colocan en la franja de sopor de las que emite a veces su coterráneo Saramago, pero casi.

Ha asegurado que se retira en dos o tres libros más y que cada libro es una negociación con la muerte, pero ya está instalado como un nombre mayor de la literatura profesional portuguesa. Lo constatan sus dieciocho novelas y una más en proceso de publicación (O Meu Nome É Legiao), y tres libros de Crónicas que compilan sus textos quincenales para el diario Público, sin contar la publicación a cargo de sus hijas mayores de las cartas que le envió a su primera esposa mientras estuvo en la guerra (D`este Viver Aquí Neste Papel Descripto - Cartas da Guerra, 2005), escritos que hoy se desempolvan por curiosidad literaria e histórica. Y en realidad, lo único que realmente Lobo Antunes ha escrito sobre la experiencia de Angola, imposible para él de ficcionalizar aunque la haya abordado transversal y emocionalmente en distintos libros. Su profesionalismo, en todo caso, no pasa por detallar con precisión histórica ningún hecho ni por documentarse para novelar.

EXTRAÑOS EN LA NOCHE. Ayer no te vi en Babilonia es un libro oscuro, en la medida en que lo son los de la brasileña Clarice Lispector, por ejemplo, fijados en la exquisitez del lenguaje y la imposibilidad de narrar. Dividido en seis grandes secciones correspondientes a seis fragmentos horarios entre la medianoche y las cinco de la mañana, cada una de esas partes se subdivide en cuatro capítulos en los que van predominando distintas voces o una sola (según Lobo Antunes, que no cree en la polifonía). Por comodidad las identificamos como personajes: Ana Emília, que vive en Lisboa, recuerda a su hija muerta y espera la llegada de un hombre; ese mismo hombre, ex policía político que vive en la ciudad de Évora; y su esposa Alice, enfermera que quizá en el pasado se haya hecho un aborto. El triángulo básico de la literatura amorosa, pero en una geometría de pura abstracción. En un plano secundario aparecen otros discursos: la hermana del ex policía, un anciano que podría ser su padre, un colega de la policía secreta, una enfermera compañera de Alice, etc. Asimismo las voces convocan a otros personajes y la novela termina de poblarse, aunque muchos de sus habitantes sean muertos o no se sientan vivos. Parte de la historia (obviada, claro) se ambienta en la larga dictadura de Salazar.

Los nombres y las ciudades orientan apenas cada uno de estos discursos viscerales y catárticos soltados en medio del insomnio, llenos de remordimientos y circulando obsesivos alrededor de la noche interior. En esa oscuridad lo que reluce es un pasado movedizo "que continúa existiendo al mismo tiempo que nosotros" y que sobre todo en cuanto a malos recuerdos se niega a desaparecer. Vinculadas a la muerte de padres o de hijos, a crímenes de Estado, a abortos y suicidios, la novela repite frases e imágenes y las instala como leitmotiv, recortes de una realidad que se resiste al análisis y la comprensión. En la cosmovisión de Lobo Antunes el ser humano es un animal solitario que entiende mal y tarde todas las cosas, y a quien la memoria condena a repetir las imágenes de sufrimiento y fracaso. Hasta el discurso de los objetos ("le gustábamos a tu abuela", "pertenecimos a tu padrino", "no nos soltabas nunca") marca ese tono medular de muerte, pérdida y desencuentro. Ese es también uno de los probables sentidos del sugerente título: Ayer no te vi en Babilonia como metáfora de una frustración, de lo que se esperaba y no fue. Es en esa estrategia poética, en la cotización del lenguaje, que se sustenta Ayer..., ajena a cualquier pretensión de realismo superficial o de sólido entretenimiento. Hacia el final del texto, auto-referente y lúdico como Hitchcock en sus películas, el escritor se presenta entre paréntesis: "(me llamo António Lobo Antunes, nací en Sao Sebastiao da Pedreira y estoy escribiendo un libro)". La entrada no era necesaria en tanto la apuesta experimental del autor es bien clara, pero quizá la hace por cábala.

AYER NO TE VI EN BABILONIA, de António Lobo Antunes. Editorial Mondadori, Barcelona, 2007. Distribuye Sudamericana. 433 págs.

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