Los queridos Molise

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SOLEDAD PLATERO

PREVISIBLEMENTE, cuando la obra -o parte de la obra- de un escritor se publica solo en forma póstuma, surgen algunos problemas. El más notorio es que el autor no participa de la salida al mundo de sus escritos, y por lo tanto no puede organizar su aparición, pulir detalles o explicar las inconsistencias. Si hubo un plan, se perdió con la muerte del que lo había ideado. Quedan las piezas sueltas y el afán de amigos y editores de darlas a conocer. Es lo que está pasando con la "serie Molise" de John Fante.

De creer en lo que dice la contraportada, el primero de los relatos reunidos en Al oeste de Roma "complementa las dos novelas sobre Molise que John Fante escribió en su madurez". Sin embargo, las cosas no son tan simples. El lector que solo haya leído Un año pésimo no encontrará ningún punto en común entre los Molise de la novela anterior y los de ésta. Nada, salvo el nombre, hermana a aquella familia pobre e inculta de un pueblo de Colorado con esta familia encabezada por un escritor desocupado que conduce un Porsche y vive en una casa con vista al mar en las afueras de Los Ángeles.

Mi perro Idiota, o soñar con Roma. Son los años setenta en América. El país está en guerra, la industria del cine está en crisis y Henry Molise está desempleado. Tiene cincuenta y cinco años, y cuatro hijos que ya están en edad de irse, pero no se van. Henry conoció el éxito, pero fue hace mucho. Ahora vive del cheque del seguro, como muchos otros guionistas, directores y ex estrellas de la pantalla. El fracaso está empezando a hartarlo. Ya no quiere saber más nada de su mujer, de sus cuatro hijos ni de su yerno. Está cansado de las negras con las que se enreda Dominic, de las trampas de Dennis para esquivar el servicio militar, de la manipulación histérica de Tina y hasta de la bonachona y pacífica actitud de Jamie, el más joven. Los cambiaría a todos por un auto nuevo, "incluso por un MG GT del 70". Henry quiere dejarlo todo. Quiere irse a Roma, sentarse a tomar un cappuccino en la Piazza Navona y respirar el aire que respiraban sus antepasados. Para peor, cuando parece que todo en su vida está estancado, un perro demasiado grande y demasiado estúpido decide instalarse en su jardín. Pero no es un perro cualquiera. No solo es necio, torpe e indiferente: también es degenerado. La única cosa capaz de estimularlo es la posibilidad de someter sexualmente a otro perro -a condición de que sea macho- o tal vez a algún fornido galancete humano. Idiota (es el nombre del perro, ganado a pura presencia física y actitud) se transforma durante algún tiempo en la única alianza afectiva exitosa en la vida de Henry, y el éxito parece basarse precisamente en la completa falta de expectativas, en la tranquilidad que proporciona la indiferencia, y en la satisfacción efímera pero indiscutible de conseguir, cada tanto, la humillación de un adversario, que tanto puede ser el perrito de aguas de un vecino antipático como el novio musculoso y tilingo de la nena.

EL "PROYECTO MOLISE". Para poder trazar la línea entre "Mi perro Idiota" y Un año pésimo -es decir, entre estos y aquellos Molise- hay que recurrir a otra obra del autor, escrita en 1977 y publicada en español como La hermandad de la uva. En esa novela Henry Molise, un guionista relativamente exitoso establecido en California, debe regresar a su pueblo de origen en Colorado para evitar el divorcio de sus padres, ya ancianos. Los padres septuagenarios de Henry son los que habíamos conocido en la década del `30 como padres del joven Dominic, protagonista de Un año pésimo. Solo que Dominic no tenía ningún hermano llamado Henry, al menos hasta 1933, y tampoco había nada en el personaje que pudiera sugerir su trasmutación, años más tarde, en un escritor de guiones de cine.

ALGUNOS PASOS MÁS ATRÁS. Pero la historia se va a complicar un poco más. Al oeste de Roma se completa con "La orgía", un cuento largo protagonizado por un niño cuyo nombre no conocemos, pero que es, sin ninguna duda, el Dominic de Un año pésimo. Esta vez lo encontramos con diez años de edad, trabajando como ayudante de su padre en una obra en construcción. Todos los personajes y las circunstancias que rodean al niño son compatibles con Un año pésimo: la madre, con su costumbre de rociar agua bendita, el padre albañil, dueño de una hormigonera, los hermanos mayores, Clara y Frederick, la misma casa en Arapahoe Street, en Colorado, todo es igual, solo que nunca se menciona el nombre Molise. Tampoco en esta historia hay ningún hermano llamado Henry.

"La orgía" es un relato mayor, a pesar de ser un cuento de cuarenta páginas. Como en toda la narrativa de Fante, lo que está en juego es la relación padre e hijo, la pérdida de la inocencia, la distancia entre la vida y los sueños, y la reconstrucción constante de los compromisos filiales de amor, respeto y confianza, incluso en situaciones confusas o vergonzantes.

EL PIADOSO OJO DE UN SUCIO REALISTA. Es sabido que la confesa admiración de Bukowski ha instalado a Fante en el carril de los precursores del "realismo sucio". También se lo ha emparentado literariamente con Raymond Chandler (una comparación obvia basada fundamentalmente en el "clima Los Ángeles" y en el aire de resignación irónica con que sus personajes miran el propio fracaso), con Knut Hamsun (casi todos los novelistas del siglo XX parecen remitir a Hamsun) y con Dostoievski. Pero ni siquiera este último fue tan amoroso con sus personajes como John Fante. Cuando los conduce a través de las circunstancias más embarazosas, cuando los hunde en el fracaso más profundo o los incita a la traición, su mirada es más compasiva que burlona, y no habilita fundamentalismos morales. En el planeta Fante nadie es redondamente bueno, pero hasta el individuo más despreciable parece digno de amor y redención.

EL AMOR DEL PADRE. "Mi perro Idiota" es una novela llena de "fantismos"-incomunicación familiar, alcohol, frustración, sueños y fracasos, el implacable cielo azul de Los Ángeles y la promesa de un mundo lleno de novelas inspiradas y contratos fabulosos- que invierte la perspectiva habitual del autor para enfocar el problema del vínculo filial desde la perspectiva del padre. Henry Molise está harto de sus hijos, pero sabe que no podrá escribir su novela hasta que no consiga penetrar en el misterio de cada uno de ellos, porque "para escribir se ha de amar y para amar se ha de comprender". Solo el milagro de la comprensión y el amor puede dar lugar al milagro de la creación. Una revelación similar había alcanzado al protagonista de La hermandad de la uva, pero en ese caso la perspectiva de Henry era la del hijo ya mayor que mira con nuevos ojos a su padre anciano. En "La orgía", como en Un año pésimo, es la mirada del niño la que debe acomodarse a la realidad del mundo adulto y resignarse a aceptar que detrás de los hechos crudos hay cosas incomprensibles, y que la confianza es el único terreno que vale la pena pisar.

Al oeste de Roma se publicó por primera vez en 1986, es decir, tres años después de la muerte de su autor. No sabemos en qué fecha fue escrito cada uno de los relatos, y tampoco está claro por qué razón se publican juntos. Lo que sí parece evidente es que Fante tenía planes de largo aliento para la familia Molise, así como los tuvo para Arturo Bandini, y es una lástima que un esfuerzo editorial de recuperación como el que está rescatando estas historias del olvido no incluya al menos un prólogo que eche luz sobre el asunto.

AL OESTE DE ROMA. (Mi perro Idiota & La orgía), de John Fante, Barcelona, Anagrama, 2007. Distribuye Gussi. 194 págs.

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