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Sebreli frente a Martínez Estrada
Retrato al ácido

JUAN DE MARSILIO

LA CUARTA EDICIÓN de Martínez Estrada: una rebelión inútil, de Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930) da pie para varias cosas. Una, acercarse a la obra de Sebreli, que como él mismo reconoce, ya esbozaba en una primera edición de 1960 sus temas principales: "las críticas a las concepciones cíclicas de la historia, la oposición entre el idilio rural y la ciudad, el enfrentamiento entre culturas locales y civilización universal, la defensa de la razón contra los irracionalismos, en sus palabras". De paso, se puede ver su evolución en casi medio siglo: tres prólogos de sucesivas ediciones preceden a la obra. En el de esta edición, Sebreli comenta que quita el capítulo VI de la original, donde defendía el estatismo económico y la posibilidad de dictaduras buenas o útiles, ideas que no sostiene hace ya tiempo.

Aunque este libro busca refutar una obra, es también acicate para su lectura o relectura: se tienta uno de revisitar lo que Sebreli ataca con tanta brillantez y virulencia, sea que lo tenga como mera referencia literaria prestigiosa o como santo de su devoción por viejas lecturas directas. Y más cuando en los últimos años se viene reeditando y reevaluando la obra de Martínez Estrada (Santa Fe, 1895-1964). Pero más importante aún, el libro ayuda a comparar dos modos de ver la Argentina y la realidad, así como también de entender las relaciones entre literatura y reflexión sociológica. Sebreli -marxista pero weberiano, intelectual sin partido pero duro crítico del régimen castrista- se contrapone a un Martínez Estrada ecléctico e idealista, al que tilda de apolítico y reaccionario, pero que colaboró con la revolución cubana en sus inicios, tiene mucho que decir al lector interesado en temas políticos y sociales.

RADIOGRAFÍA DE LA PAMPA. En 1933, en plena "década infame" (tras el golpe de Uriburu Argentina sufre una "democracia" corrupta y autoritaria bajo el Gral. Agustín P. Justo), Martínez Estrada publica Radiografía de la Pampa, libro que -según él mismo dijo en la prensa- escribió en reacción al golpe de Uriburu, como un intento de explicarse el "destino" de la Argentina, que la lleva a que las masas que un día gritaran "I-ri-goo-yen", de pronto griten "U-ri-buuu-ru". La base de esta explicación es un determinismo histórico-geográfico: la llegada del europeo a la Pampa enorme y el pecado original del mestizaje, fruto de la violación de una cultura por otra, dejan al país y su gente sujetos a un ciclo en el que la barbarie primordial regresa, idéntica en sustancia, bajo nuevos ropajes episódicos. Si bien el libro de Martínez Estrada trasunta angustia por esta situación e insinúa la necesidad de superarla, no da vías concretas para lograrlo.

Para empezar, Sebreli critica a Martínez Estrada el determinismo. El marxismo sui generis de Sebreli lo hace concebir la historia como resultado de la acción de los seres humanos en situación concreta, y si bien la geografía influye no es determinante. Para el autor la historia es progreso y aunque no sea lineal no puede ser cíclica. Sebreli atribuye este fatalismo telúrico a la influencia en Martínez Estrada de Spengler, el conde de Keyserling, Schopenhauer y Nietzsche.

Para seguir, lo tilda de irracionalista y esteticista. No le parece demostrable el karma histórico-geográfico que postula Martínez Estrada y apunta que, lo mismo que Borges, aunque de modo menos explícito, aquél sacrifica lógica y gramática en aras de la expresividad y belleza del texto. Este es el apunte más certero de Sebreli: a Martínez Estrada hay que tomarlo como escritor (porque realmente su obra poética, narrativa y dramática es muy valiosa) y no como pensador sistemático. Según Sebreli, las pretensiones filosóficas y sociológicas de Martínez Estrada son lo que lo hacen reaccionario: criticando a la Argentina con sus métodos intuitivos y literarios termina siendo funcional a los males que fustiga en su prédica moralista (y a los causantes de esos males, a quienes muchas veces ni percibe). Por eso lo de la rebelión inútil. No sin acidez, Sebreli marca que Martínez Estrada nunca fue destituido por ningún gobierno y que recibió varios premios literarios oficiales de administraciones conservadoras.

REGRESO A LA ARCADIA. En la correspondencia con Horacio Quiroga, en sus escritos sobre W. H. Hudson y sobre todo en su Muerte y transfiguración de Martín Fierro. Ensayo de interpretación de la vida argentina (1948), halla Sebreli que Martínez Estrada plantea como ideal volver a la vida en naturaleza, común a la opción por Misiones de nuestro compatriota, las andanzas platenses del escritor británico y la vida feliz de los gauchos, previa al despojo de la modernización agrícola y ganadera, tal cual la idealiza José Hernández (Martín Fierro, Canto II). Tal posición le parece comprensible, aunque inviable, en Hernández: es un hombre de su época que toma la defensa del sector social perjudicado por los cambios. Si bien Sebreli señala que esos cambios eran precio del progreso, apunta que el Martín Fierro es un buen ejemplo de gran obra literaria creada desde supuestos ideológicos erróneos. El planteo de Martínez Estrada, además de pecar de ambicioso por pretender interpretar la totalidad de la vida argentina a la luz de una obra literaria (por genial y representativa que esta sea), peca de anacrónico y de imposible. Y de nuevo apunta Sebreli que esto es reaccionario: al proponer una solución inviable, ayuda a consolidar los problemas que denuncia.

Con todo, aunque deba restárseles valor sociológico, algunas de estas páginas anacrónicas de Martínez Estrada reflejan con expresividad y belleza la angustia de la vida moderna y la tentación que a veces asalta al hombre de ciudad de volver a un campo o a una antigüedad que idealiza. Así, el pasaje de Microscopía de Buenos Aires. La cabeza de Goliat en que el hombre que vive en un departamento y ve por su ventana infinidad de nichos como el suyo, glorifica el pasado nómada de la humanidad, expresa algo que muchos habitantes de las megalópolis modernas (y posmodernas) sienten de vez en cuando: la ciudad es una cárcel. Claro que exagera cuando afirma que, ya en la ciudad, el ser humano no ha hecho avances de nota.

DE AQUÍ Y DE ALLÁ. Sebreli dice que Martínez Estrada colaboró con revistas literarias izquierdistas y conservadoras. Apunta, también, que no criticó para nada el "coqueteo" con el fascismo de Lugones, su mentor poético. Ambos señalamientos van en el sentido de mostrar un Martínez Estrada apolítico y, por lo tanto, reaccionario. En el prólogo más reciente, Sebreli reconoce que alguien podría hacerle a él mismo esa crítica, en tanto no adhiere a partido político alguno. El autor sostiene que el compromiso político del intelectual no debe entenderse como pertenencia partidaria, en tanto el maniqueísmo inherente a la acción le impide o dificulta la lucidez necesaria para su tarea. Lo que critica en Martínez Estrada es haberlo enjuiciado todo sin haber propuesto, a su juicio, ninguna solución concreta. Más: le reprocha, a propósito de la visión que tiene de Sarmiento, no haber entendido que los hombres políticos, incluso los honestos, en uso de la weberiana ética de la responsabilidad, de la que Sebreli es partidario, dejan en la acción su impasibilidad estatuaria y se manchan las manos para construir.

Sebreli cuestiona a Martínez Estrada que muchos de sus análisis históricos, políticos y sociales están sesgados por su incapacidad de discernir los intereses de clase enfrentados en cada situación.

De esta incapacidad derivaría su propensión a criticar todas las posiciones políticas (llega a poner en la misma bolsa a Rosas, Perón e Irigoyen), sin comprometerse con ninguna. Esta acusación de apoliticismo queda en parte desvirtuada por la adhesión activa de Martínez Estrada a la revolución cubana, que Sebreli atribuye a razones de mero personalismo.

SOCIOLOGÍA O LITERATURA. Sebreli sostiene que Martínez Estrada es un literato mal metido a sociólogo. Más allá de su intención, acierta al destacar al escritor. Narraciones como Marta Riquelme o los relatos de Tres cuentos sin amor son magistrales. También es muy valiosa su poesía, en especial Coplas de ciego, su libro de la vejez. Como literatura, tampoco puede negarse el valor de sus ensayos, las imágenes sugerentes y la muy buena prosa, aunque Sebreli discrepe con ellos por razones ideológicas atendibles.

MARTÍNEZ ESTRADA: UNA REBELIÓN INÚTIL, de Juan José Sebreli. Ed. Sudamericana. 2007. Buenos Aires. Dist. Sudamericana. 194 págs.

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