SILVIO GALIZZI
ES PROBABLE que el nombre de Christopher Frank Carandini resulte totalmente desconocido para la gran mayoría del público. Sin embargo las cosas cambian, en especial para los amantes del cine fantástico, cuando se le agrega el apellido paterno, Lee. Es que a partir de 1958, cuando Christopher Lee resucitó al vampiro más famoso de todos los tiempos: el Conde Drácula, llegó al cine para quedarse.
Lee nació el 27 de mayo de 1922 en Belgravia, un distrito de Londres, en el seno de una familia de alcurnia, desmembrada tempranamente por el divorcio de sus padres. Jeffrey Lee, su padre, era un coronel del ejército británico, en tanto su madre, la condesa Estelle Marie Carandini di Sarzano, pertenecía a una familia de origen italiano cuyo linaje se remonta al primer siglo de nuestra era, creyéndosela asimismo emparentada con el emperador Carlomagno. En 1928, inmediatamente después del divorcio, el pequeño Christopher se mudó a Suiza con su madre y su hermana. De regreso a Inglaterra se matriculó en el Wellington College, donde además de estudiar griego y latín, tuvo sus primeros contactos con el mundo de las artes, fundamentalmente actuación y canto. Lee es además un políglota que habla a la perfección español, francés, italiano y alemán. Poco después de finalizar sus estudios, ingresó a la Royal Air Force, combatiendo en la Segunda Guerra Mundial. Una vez terminado el conflicto y pese a la oposición de su madre, que soñaba con un hijo diplomático, dio comienzo a su carrera de actor en pequeños papeles para la Rank Film Distributors.
LOS TRES EMBLEMAS. Cuando la productora inglesa Hammer Films decidió revisitar el universo gótico, confió a Lee la interpretación de tres de sus monstruos emblemáticos, comenzando con la Criatura en La maldición de Frankenstein (1957), rol para el que fue escogido por su estatura (más de un metro noventa). Como consecuencia del éxito del film, se sucedieron Drácula (1958) y La Momia (1959). La trilogía, dirigida por el talentoso Terence Fisher, contó también con la participación de otro ícono de la Hammer: el actor Peter Cushing.
Lee volvió a encarnar al Conde en la brillante secuela Drácula, Príncipe de las tinieblas (Terence Fisher, 1966), donde, disconforme con el guión, se negó a pronunciar palabra durante toda su actuación. Pero su imponente presencia, sus ojos inyectados en sangre y algún ocasional gruñido lograron componer nuevamente un terrorífico vampiro. A pesar de su inicial y rotunda negativa a continuar calzándose los colmillos de Drácula, la productora logró convencerlo para participar en otras cinco películas con diferentes directores: Drácula vuelve de la tumba (1968), Prueba la sangre de Drácula (1970), Las cicatrices de Drácula (1970), Drácula 1972 D.C. (1972) y Los ritos satánicos de Drácula (1974). Según Lee: "A pesar de que ya no tenían nada que ver con el personaje original ni con el libro, al público le encantaban".
En 1970, dirigido por el español Jesús Franco, volvió a las andadas con El Conde Drácula, donde por única vez lució el bigote que Bram Stoker, -visiblemente inspirado en el del Drácula histórico, Vlad Tepes de Valaquia- había imaginado para su creación. El director catalán Pere Portabella aprovechó este rodaje para registrar el backstage del film en Vampir-Cuadecuc, documental experimental con visos de reflexión sobre el terror como género.
OTRAS APARICIONES. A tal punto quedó el actor identificado con el personaje, que es muy difícil verlo en la pantalla sin esperar el momento de vislumbrar sus colmillos detrás de la sonrisa. Pero además de sus múltiples interpretaciones del Conde, Lee participó en más de 250 films y producciones televisivas de todo tipo.
Una de sus mejores actuaciones fue en la (injustamente) casi desconocida El hombre de mimbre (Inglaterra, Robin Hardy, 1972) como Lord Summerisle, sumo sacerdote de un secreto culto druídico en una pequeña isla inglesa.
También tuvo una actuación memorable en la saga de James Bond con El hombre con el revólver de oro (Guy Hamilton, Inglaterra, 1974), donde interpretó al villano de turno, el asesino Francisco Scaramanga. Se dice que el escritor Ian Fleming, creador de la serie y primo lejano del actor, siempre quiso a Lee para el papel del súper agente.
Como datos anecdóticos es posible recordar su pequeño papel en La batalla del Río de la Plata (Michael Powell, Inglaterra, 1956) y su breve actuación paródica como vampiro en El cristiano mágico (Inglaterra, Joseph Mc Grath, 1969), comedia con Peter Sellers y el ex beatle Ringo Starr.
En los últimos años, Christopher Lee participó como el Conde Doku en los Episodios II y III de La guerra de las galaxias (2002 y 2005) de George Lucas; fue el malvado Saruman en El señor de los anillos (2001) de Peter Jackson y tuvo una fugaz aparición en La leyenda del jinete sin cabeza (1999) de Tim Burton.
EL MEJOR DRÁCULA. El actor dijo en una ocasión: "Me ofrecieron el papel [de Drácula] y nunca me dijeron por qué habían pensado en mí. El personaje exigía un actor alto y corpulento, y yo tenía un aspecto más o menos europeo, era moreno y resultaba relativamente presentable". En su opinión lo más satisfactorio de su interpretación fue "que lo hice creíble, así de sencillo. Cuando te enfrentas a un personaje en que hay una dosis tan importante de mitos y leyendas, un poco de realidad y muchas cosas más, convencer a los espectadores durante 90 minutos de que todo podría haber ocurrido así es lo máximo a que puede aspirar un actor".
Ahora bien: ¿fue Christopher Lee el mejor Drácula de la historia del cine? A pesar de que ningún fanático de Bela Lugosi lo admitiría jamás, las opiniones a favor de Lee son contundentes.
Fernando Savater, por ejemplo, sostiene que "...el vampiro de Christopher Lee es un espectro noble y elemental hasta en el crimen, con un aire desesperadamente juvenil del que carecía Lugosi, salvaje y feroz sin duda pero humanizado por la más redentora de las aflicciones: la imborrable melancolía de que la vida no sea sino simulacro de vida".
Para el especialista Carlos Díaz Marotto "el vampiro de Murnau era una sombra(...); el vampiro de Browning era un personaje de opereta, un excéntrico que se pasea por Londres (...); el vampiro de Fisher es una criatura real, sólida y que, sobre todo, detenta un poderoso atractivo sexual. Christopher Lee es un Drácula poderoso, mayestático y cruel, atractivo y repulsivo a un tiempo."
Es indudable que Lee le dio a su personaje una presencia totalmente distinta a la de sus predecesores. Se trataba de un Drácula imponente, majestuoso, amenazante, pero que por sobre todas las cosas, exudaba una sexualidad casi animal, por contraposición a la teatral, asexuada y engolada imagen del interpretado por Lugosi. Según David Skal "Christopher Lee fue el primer Drácula con real magnetismo sexual, aunque su inflexible propósito erótico, lo hace una virtual personificación de la violación: en especial la fantasía masculina en que las mujeres que parecen resistir, en realidad quieren ser violadas".
La carnalidad del personaje estaba muy lejos también de la casi espiritual representación de la lucha eterna entre el bien y el mal, la luz y la sombra del genial Nosferatu de Murnau, cumbre del expresionismo alemán, donde el Conde (en este caso Orlock, por una cuestión de derechos) fue interpretado por Max Schreck.
Sin duda el Drácula de la Hammer es, hasta hoy, la versión cinematográfica mas fiel a la novela de Stoker. Por lo menos al espíritu que la impregna, mas allá de lo estrictamente textual. Una visión de sangre, sexo y muerte, con un personaje cinematográfico rayando por primera y única vez a la altura del literario. Sin embargo no es esta la opinión del propio Lee, quien en el documental Drácula en la Hammer (España, 2003), dice: "Nadie ha hecho jamás la película del libro que Bram Stoker escribió. Nadie. Cóppola hizo una que se titulaba Drácula de Bram Stoker, pero no lo era. Nadie la ha hecho".