FABIÁN MURO
LO PRIMERO QUE le dijo Bob Dylan a Sam Shepard cuando se encontraron por primera vez fue: "No tenemos que hacer ninguna conexión". El encuentro fue en octubre de 1975. Para entonces Shepard llevaba estrenadas más de quince obras de teatro y había dado el primer paso como actor en una carrera que hoy anda cerca de las 50 películas. Dylan, por su parte, había renunciado a ser el "portavoz de su generación" y regresado a los escenarios luego de una ausencia prolongada. En enero de ese año, había publicado uno de los más importantes títulos de toda su cuantiosa discografía: Blood on the tracks, diez canciones sobre el fin de un amor.
El músico preparaba un nuevo tour, un recorrido por pueblos y ciudades del norte de Estados Unidos. No sería una gira más, sino un ambicioso proyecto con rock, cine, poesía y performances, todo a cargo de un elenco variopinto en el cual el nombre de Dylan era el más brillante pero no el único. Estaban además y entre otros Joan Baez, Joni Mitchell, Roger McGuinn y el poeta beat Allen Ginsberg, todos ellos famosos. Los solistas eran acompañados por notables instrumentistas, como los guitarristas Mick Ronson y T-Bone Burnett. Bautizada como la Rolling Thunder Revue (Revista Trueno Rodante), la gira se extendió de octubre a diciembre de 1975 y fue registrada con cámaras de cine. Sam Shepard formaba parte del ilustre equipo como pluma contratada y su misión era escribir, in situ, el guión de una película.
HURACÁN FASCINANTE. Cuando el representante de Dylan llamó, Shepard aparentó no tener el sí fácil. Intentó resistir cierta prepotencia y arrogancia del cuartel de la estrella de rock: "Me ofrecen esto en el peor momento", dijo. Esgrimió que justo se estaba mudando a un rancho. El agente de Dylan lo dejó terminar y luego le preguntó: "Entonces, ¿cuándo puede salir? ¿Mañana?". "Hace media hora, todo estaba controlado", escribe Shepard. "Estaba metido en mi vida. Y ahora es como si un huracán me hubiese golpeado los intestinos". La fascinación por Dylan es tan poderosa que el escritor toma el tren a Nueva York.
Shepard aspira a tener en cuenta sus apuntes y observaciones como base para el guión cinematográfico. Pero no demora mucho en comprender que llevar las turbulencias de una vida de rock y excesos en la carretera al celuloide será imposible: hay demasiadas voluntades y ninguna autoridad sobre la película. Dylan, supuestamente el responsable último, tiene, además otros problemas. En la Rolling Thunder está Joan Baez, antigua novia suya y aún despechada. Pero también anda cerca Sara, cuyo divorcio de Dylan inspiró buena parte, se dice, de Blood on the tracks.
La Rolling Thunder Revue, además, es un emprendimiento artístico caro al músico: hay un nuevo e inspirado álbum en las disquerías, la banda es una de las mejores que haya tenido y lo acompañan artistas con renombre. Para el escritor Paul Williams, especialista en su carrera, "el principal empuje de la Rolling Thunder Revue (…) consistía en la creación de una forma alternativa de gira musical, arrolladora y espontáneamente llevada adelante por la energía y camaradería de una comunidad de intérpretes y personas de apoyo". T-Bone Burnett lo expresó de otra forma: "Nos divertíamos más de lo que permite la ley". Finalmente, la gira tenía un componente político: abogaba de manera algo difusa por la liberación del boxeador Rubin Carter, quien había sido encarcelado, como se comprobó después, por motivos racistas.
En ese contexto de hedonismo y anarquía, Shepard se olvida deliberadamente del guión y elige escribir un diario de viaje, que fue editado como libro un par de años después de terminada la primera parte de la Rolling Thunder (hubo una segunda, de enero a mayo del 76 por el sur de Estados Unidos. Además, parte del material que fue filmado se incluyó en la película Renaldo y Clara, de 1978, con dirección acreditada a Dylan y guión compartido entre éste y Shepard).
ROCK EN GIRA. Aunque sin explícitas pretensiones periodísticas, los apuntes dejan vislumbrar parte de ese mundo encapsulado y aparentemente autosuficiente que es una banda de rock de gira. Entre drogas, extravagancias y conciertos memorables, Shepard intercala reflexiones sobre la velocidad de la cultura pop, comentarios sobre las ciudades de Nueva Inglaterra por las que pasa la Rolling Thunder e ideas sueltas sobre posibles escenas para la película. Con nula experiencia en giras de rock, Shepard padece la distancia entre la realidad del grupo y la del mundo exterior: "Andamos siempre encerrados en moteles que están a kilómetros de cualquier sitio. Totalmente aislados, sin vehículos… El mundo de ahí afuera adquiere una extraña irrealidad, como si todo se desarrollase en un campo de juego distinto. Esta sensación de estar separado se va colando por todas partes. Hasta pedir comida en un restaurante adquiere un tono distinto del habitual".
La sensación de estar separado no es solo respecto al mundo exterior. También frente a la figura que aglutina a todo el entourage hay una barrera. La ausencia de conexión a la que se refería Dylan al principio se convierte en un hecho y sin el testimonio directo del músico, el roadmovie literario de Shepard se sostiene -a pesar de la pobre traducción y algunas banalidades del propio escritor-, en los comentarios de algunos de los momentos más intensos o sorprendentes de los conciertos. Ya sea con Dylan como protagonista o con otros, como Ginsberg o Mitchell, ocupando los primeros planos. En esos pasajes, el libro es un valioso aporte para acercarse a una de las facetas más importantes de la trayectoria de Dylan: su desempeño en el escenario.
ROLLING THUNDER: CON BOB DYLAN EN LA CARRETERA de Sam Shepard. Anagrama, Barcelona, 2006. Distribuye Gussi. 237 págs.
B. D. en las ondas del éter
QUIEN tenga una aceptable conexión a Internet puede acceder a las sucesivas entregas del primer programa de radio conducido por Dylan, quien acordó a fines del año pasado conducir el Theme Time Radio Hour, un espacio de una hora en el cual presenta y comenta un repertorio de canciones inspirado en un tema. Los entretelones de las negociaciones para lograr que Dylan condujera el programa para la empresa XM Satellite Radio se pueden leer en el blog del director de la radio, Lee Abrams (https://leeabrams.blogspot.com/)
En total, fueron 50 programas dedicados a tópicos como el agua, el matrimonio, los instrumentos musicales, la radio y la comida. De estructura simple -Dylan presenta sus canciones favoritas sobre un tema en particular- las sucesivas entregas del Theme Time Radio Hour demostraron que tras esa aparente simpleza había un importante trabajo de preproducción, tanto por parte del propio conductor, responsable de la elección de cada una de las canciones emitidas, como de los encargados de encontrar los archivos sonoros para acompañar los comentarios.
Cada emisión empezaba de la misma manera: un recitado (siempre distinto) de la actriz Ellen Barkin y el saludo de bienvenida de Dylan presentando el tema elegido para la ocasión. Entre chistes, recitados de poemas, grabaciones de diálogos de películas y respuestas a correos electrónicos de los oyentes, la carrasposa voz del músico daba a conocer una suerte de canon propio de la música popular estadounidense del siglo pasado: blues, soul, rock & roll, country, dixieland y gospel, entre otras corrientes musicales. Centrado principalmente en la música más o menos popular en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, Dylan de todas formas daba cuenta de que no dejó de escuchar del todo la música pop de los últimos tiempos, incluyendo canciones de The Streets, The White Stripes o Beck en sus programas.