VIRGINIA MARTÍNEZ
ESTE TRABAJO se inscribe en la corriente de obras que se proponen revisar el origen de la nacionalidad oriental y el rol de José Artigas como su fundador. La revolución rioplatense y la fidelidad realista de Montevideo, permitió que aflorara lo que el artiguismo llamó (y reivindicó) como la soberanía particular de los pueblos. Para estudiar ese proceso la autora elige la región en torno a Santo Domingo de Soriano, donde en 1811 nació la admirable alarma. Fundamenta la elección en la condición de Soriano como pueblo de indios, fronterizo de los dominios portugueses, centro inmigratorio de la región y zona agropecuaria. Este análisis de la constitución y definición de las identidades políticas se aparta de las tesis que datan, casi como destino manifiesto, el nacimiento de la nacionalidad oriental en aquel convulsionado período. Con agudeza, la historiadora indaga otras realidades y subjetividades: la condición social, la religión, el pago de nacimiento o de residencia y las vivencias -patrimonio común- que provocó el estallido revolucionario y la guerra. Ellas generaron nuevas identidades y sentimientos de pertenencia que no necesariamente desembocaban en la necesidad histórica de un Estado independiente.
Fundado originalmente en Entre Ríos, Santo Domingo de Soriano encontró su emplazamiento definitivo en la Banda Oriental a comienzos del siglo XVIII. Polo de atracción del comercio ilegal y de inmigrantes de otros pueblos y ciudades del virreinato, el sitio se constituyó también en cruce de caminos para "toda casta de gentes" según expresión de un juez. La autora destaca, además, la importancia económica de esa zona de ricas pasturas y abundantes cursos de agua, que posibilitaron una intensa explotación forestal.
La obra estudia el proceso revolucionario, y su compleja trama de alianzas político-sociales, ascendiendo desde el espacio más reducido de Soriano hasta los pueblos que formaron la Provincia Oriental para internarse en el más amplio del conjunto de pueblos del Virreinato del Río de la Plata. El enfoque, apunta Frega, intenta superar, "las visiones elitistas y `capitalinas` de la Revolución del Río de la Plata", permitiendo "una aproximación a cómo fueron vividos, pensados, temidos o protagonizados esos procesos por la gente de esas localidades".
Esa perspectiva también abre espacio al estudio de los personajes secundarios del proceso revolucionario. La historiografía clásica no se ocupó de ellos o minimizó su papel en tanto podían empañar la perfección de la figura "más alta" de la Revolución, como definió Eduardo Acevedo a Artigas. La historiadora reseña ese elenco de "actores de reparto" entre los que se encuentran los curas revolucionarios, los secretarios de Artigas, "líderes plebeyos" como Francisco Encarnación Benítez, (un "pardo muy grueso" a quien Feliciano Sáinz de Cavia calificó de feroz), y también hacendados como Julio Gregorio Espinosa, quien adhirió a la Revolución pero terminó apoyando la invasión portuguesa.
En ese escenario, marcado por intereses sociales y políticos contradictorios, se enfrentan viejos y nuevos conflictos centrados en torno al derecho a la propiedad de la tierra y al control político del proceso. Desde el origen de la insurrección un sector popular -simples ocupantes de tierras, esclavos fugados, peones rurales- pugnó por la ruptura de la estructura social de la colonia. En oposición a ellos, también en el campo revolucionario, los sectores privilegiados exigían mantener el orden y "sofocar de una vez la altivez voraz de este vesubio", según notable expresión.
La investigación de Frega, tesis de doctorado presentada en la Universidad de Buenos Aires, ofrece una lectura rica de esa etapa. Resiste las interpretaciones lineales, muestra las complejidades del proceso y tiene profundidad de campo ya que sitúa los hechos en el contexto geográfico, cultural e histórico donde se originaron.
PUEBLOS Y SOBERANÍA EN LA REVOLUCIÓN ARTIGUISTA, de Ana Frega, Banda Oriental, 400 págs. Montevideo, 2007.