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Con el escritor David Leavitt
Las fascinantes matemáticas

PAULA VARSAVSKY

(desde Gainesville, Estados Unidos)

EN EL MOMENTO de esta conversación David Leavitt acababa de entregar a la editorial Bloomsbury su extensa novela The Indian Clerk que será publicada en setiembre. Se trata de una novela importante en el contexto de su obra, no solo por su extensión (quinientas páginas) sino porque logra aunar una cantidad de temas que lo han obsesionado a lo largo de los años, junto con otros nuevos: el ascenso social a través del conocimiento, los autodidactas versus los universitarios, la ciencia y la literatura como formas de acercamiento al alma humana, la homosexualidad, el matrimonio y la existencia o no de Dios.

The Indian Clerk está ambientada en Inglaterra entre 1913 y 1918. Es un relato que rinde tributo a la novela clásica del Siglo XIX con principio, desarrollo y fin. Tiene un elemento exótico: el protagonista, un científico ateo que descree de todo lo que no se puede probar, mantiene conversaciones con un muchacho que fue su pareja, y que ya ha muerto.

A los cuarenta y seis años Leavitt (Pennsylvania, 1961) lleva catorce libros publicados entre novelas, cuentos y no-ficción. Escribió su primera colección de cuentos, Baile en familia, mientras todavía era estudiante en Yale. Un año después, en 1984, el libro fue finalista de los prestigiosos premios PEN/Faulkner y Círculo de la Crítica. Rápidamente se convirtió en una de las nuevas celebridades literarias de su país. A partir de su primera novela, El lenguaje perdido de las grúas, sus libros han sido traducidos a más de veinticinco idiomas, incluido el español (por la editorial Anagrama).

Actualmente, Leavitt es subdirector del Departamento de Literatura Creativa de la Universidad de Florida, situada en Gainesville. Se trata de una pequeña ciudad pintoresca en el norte del estado de Florida que mantiene algo del hippismo de la década del setenta y poblada de indies, como se llama a las personas que trabajan en forma independiente: creadores, emprendedores o profesionales que no pertenecen a grandes conglomerados económicos.

La entrevista se hizo paseando por la ciudad y por la universidad, mientras el autor hacía amablemente de guía turístico y, a la mañana siguiente, tomando el desayuno en su café favorito.

UNA HISTORIA REAL.

-¿Qué estás escribiendo ahora?

-Acabo de terminar una novela. Se publicará en setiembre. Me llevó tres años escribirla. Está basada en la historia real de un matemático indio llamado Srinivasa Ramanujan, un autodidacta brillante. En 1913 lo descubrió G. H. Hardy, un excéntrico y carismático profesor de Cambridge. Logró llevarlo a Inglaterra en 1914, en los albores de la Primera Guerra Mundial, y Ramanujan terminó permaneciendo allí durante todo el conflicto bélico. La historia trata de la relación entre ellos.

-¿Cómo se te ocurrió escribir una novela donde los dos personajes principales son célebres matemáticos?

-Después de escribir (a pedido de un editor, para una colección sobre descubrimientos científicos) el libro sobre Alan Turing, el genio de la computación y gran matemático, decidí que no quería escribir otra biografía, sino novelas. Lo que descubrí es que me gusta situarlas en el pasado. Además, quedé fascinado con la matemática y los matemáticos. Me topé con la historia mientras escribía ese libro y por algún motivo, capturó mi imaginación. Fui a la India por un mes, estuve en Bombay y en Madrás, de donde provenía Ramanujan. India y Alemania son los países que, históricamente, han producido más matemáticos.

-¿Cómo descubrió Hardy a Ramanujan?

-Ramanujan le envió una carta, del mismo estilo de las que había escrito a otros matemáticos, quienes lo habían ignorado. La carta era un poco loca, parecía de un lunático. Sin embargo, Hardy vio algo allí -su verdadero genio- que a los demás se les había pasado por alto y comenzó a hacer lo posible para llevarlo a Cambridge. Hoy en día Ramanujan es considerado uno de los grandes matemáticos del siglo XX. Murió en circunstancias poco claras a los treinta y tres años, justo al volver a la India. La causa oficial de su muerte fue tuberculosis pero parece que padecía alguna otra enfermedad. La mayoría del tiempo que pasó en Inglaterra estuvo mal de salud. Fue una experiencia miserable para él.

-¿Desde qué punto de vista está desarrollada la novela?

-Está escrita casi toda en tercera persona. Hay algunas partes en primera persona que toman la forma de una conferencia imaginaria que dio Hardy en 1937 en Harvard. Habló allí sobre Ramanujan. Es la conferencia que hubiera dado si hubiera dicho la verdad.

Ramanujan es enigmático, decidí no entrar en su punto de vista, salvo en dos breves momentos en la novela. Dejé que fuera ese personaje misterioso y exótico en el que todos estos británicos se interesan, y que afecta sus vidas sin que ellos siquiera se den cuenta cómo.

Además, hay un conflicto entre ellos: Hardy era ateo a rajatabla y Ramanujan era devoto hinduista, inclusive sostenía que varios de sus descubrimientos se los había dictado una diosa. Para Hardy era muy difícil aceptar que Ramanujan verdaderamente creyera en este tipo de revelaciones. Es un tema que exploro en la novela.

-¿Cómo fue la relación entre ellos?

-De acuerdo con sus colegas, Hardy era gay. No me gusta usar esta palabra para la década del veinte, más bien decían que era un homosexual no practicante. No creo que fuera cierto. Uno de los ángulos que me interesó de esta historia es que Hardy, no voy a decir que estaba enamorado, pero está claro que tenía un fuerte impulso por salvar a Ramanujan. Creo que la gran tragedia de Hardy fue que, al intentar salvar a Ramanujan, terminó matándolo. Hardy era miembro de los Apóstoles, una sociedad secreta de intelectuales de Cambridge, junto con E. M. Forster, Lytton Strachey y Bertrand Russell. Todos aparecen en la novela.

Por ahora estoy muy contento con el libro (toco madera). Lo publicará Bloomsbury, una editorial inglesa que abrió su sede en Estados Unidos luego de ganar mucho dinero con Harry Potter. De todas formas, es pequeña y los editores tratan bien a los escritores.

LA INVESTIGACIÓN.

-¿Cómo llevaste a cabo la investigación? ¿La hiciste antes de empezar o a medida que avanzabas con la novela?

-Hice mucha investigación antes de empezar, la continué mientras avanzaba. Quise que fuera lo más precisa posible. Escribí una nota de unas quince páginas al final del libro donde cuento acerca de esto. Fui a Cambridge; sin embargo, todo se ha facilitado con Internet. Te doy un ejemplo: necesitaba aclarar una pregunta inquietante acerca de si Hardy había sido voluntario en la Primera Guerra Mundial o no. Era pacifista y había distintas versiones. Algunos decían que se negó; otros, que no le permitieron enrolarse por mala salud. Descubrí en la red unas cartas entre Hardy y Bertrand Russell sobre el tema. Escribí al archivo de Russell y me las enviaron. La biblioteca de nuestra universidad está suscripta a una gran cantidad de bases de datos, como la del Times de Londres, lo cual también me ayudó.

-¿Entendés de matemática?

-Tuve que aprender mucho para el libro de Turing. Comprendo lo suficiente como para captar los conceptos básicos, pero no entiendo de la forma en que lo hace un matemático. En parte, esto se debe al tipo de matemática con la cual estaba tratando: intimida y atemoriza, también es fascinante. Si encontrás un autor que escriba sobre estos temas de manera accesible, lo cual me sucedió, es una ayuda. Una de las áreas de trabajo de Ramanujan fue la hipótesis de Riemann, que todavía es uno de los problemas que no tienen respuesta. Yo no sabía qué era. De casualidad, en 2005 se publicaron cuatro libros que intentaban explicar esta hipótesis para una audiencia de no matemáticos.

-¿Quiénes son tus escritores favoritos?

-Paso por períodos en los que leo a un escritor con un increíble entusiasmo. Algunos fueron Graham Greene, Vladimir Nabokov y Colette. Ahora es Olivia Manning, una autora inglesa cuya mejor obra es La trilogía de los Balcanes, una serie de novelas situadas en los Balcanes durante la Segunda Guerra Mundial. No es una novelista muy conocida, sin embargo es excelente. Y a mis alumnos les recomiendo autores como John Cheever, Grace Paley y Willem Elsschot.

-¿Te tomás un tiempo para empezar otro libro?

-Resulta tan placentero el hecho de haber terminado una novela que ahora dejo vagar un poco mi imaginación. Escribo mucho, estoy intentando tomarme un respiro y solamente vivir.

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