PATRICIO PRON
EN 1947, EL PEQUEÑO Frank Zappa recibió como regalo su primer disco al cumplir los siete años. Fue All I want for Christmas is my two front teeth (Todo lo que quiero para Navidad son mis dos dientes delanteros) de Spike Jones and his City Slickers, que fue un gran éxito esa Navidad. En él una voz infantil no puede pronunciar palabras como "Christmas", "whistle" o "teeth"; cada vez que lo intenta todo lo que sale de su boca es un horrible silbido que se cuela entre los dos dientes ausentes del título. A Zappa, quien aún carecía de su icónico bigote y no fumaba, el disco le gustó tanto que escribió a RCA Victor pidiendo una fotografía autografiada. A vuelta de correo recibió la de George Rock, miembro de los City Slickers y cantante de la pieza, un hombre de rostro redondo, ligeramente calvo y con un bigotillo a lo Clark Gable que parecía un criminal. "Fue una cosa aterradora de recibir por correo", contó Zappa más tarde. Una fotografía del propio Spike Jones, con sus mandíbulas prominentes, su parecido con Mickey Rooney y sus trajes ridículos, masticando chicle sin cesar y conduciendo a su orquesta a punta de pistola, hubiera sido igualmente aterradora.
ACUMULACIÓN DADAÍSTA. Spike Jones nació en Long Beach, California, el 14 de diciembre de 1911 y fue bautizado como Lindley Armstrong Jones, lo cual explica la adopción del seudónimo, que adquirió en la infancia por ser tan delgado que parecía un barrote (spike) de tren.
Un día, un cocinero del vagón comedor de un tren le enseñó a usar los artículos de cocina como instrumentos musicales atípicos. Jones, quien había comenzado su carrera como percusionista en orquestas, desarrolló una rutina con ollas y sartenes que fue el origen de muchas otras piezas posteriores. Participó con ella en programas de radio como los de Al Jolson, George Burns y Bing Crosby. Sin embargo, era necesario algo más que un número de vaudeville para destacar en la radio norteamericana de la época, de cuya importancia y omnipresencia ofrece testimonio nostálgico Días de radio (1987) de Woody Allen. Jones debió echar mano también a sus talentos empresariales.
En 1940 fundó una orquesta, los City Slickers, a cuyos músicos, por lo demás excelentes, sometió a larguísimos ensayos, imprescindibles para hacer pasar por espontáneas y casuales sus complejas composiciones. Los City Slickers debían no sólo lidiar con orquestaciones que mucho tenían en común con la música concreta más seria y vanguardista de su época, sino también dominar instrumentos no convencionales como tablas de lavar, ollas y sartenes, timbres, platos y tazas, bocinas de automóvil y herraduras, todo ello interpretado a gran velocidad y en el marco de una rutina cómica.
Muy pronto Spike Jones y sus City Slickers se hicieron populares, y a partir de 1945 contaron con su propio programa de radio, por el que desfilaron personajes de la industria del entretenimiento de la época como Frank Sinatra, Pérez Prado, Groucho Marx y Lassie, y RCA Victor los fichó para su catálogo. Sin embargo, fue el traslado del programa radial a la televisión, a partir de 1954 y hasta 1961, lo que contribuyó de forma definitiva a su popularidad. El nuevo formato permitía a las audiencias disfrutar de los gags visuales que acompañaban a las melodías y que los City Slickers habían desarrollado durante sus giras por los Estados Unidos en el así llamado Musical Depreciation Tour (1946-1953), a la vez que permitía crear música que acompañara un gag visual, en una experimentación con el nuevo medio para la que Jones se reveló particularmente dotado.
Un típico número de Spike Jones and his City Slickers podía consistir, como en Cocktails for two de 1944, en una romántica escena con música coral y dos amantes dispuestos a beber un cóctel que son desalojados por la aparición de una orquesta ridículamente vestida cuyos miembros rompen huevos y copas, se resbalan, improvisan sonidos con la boca, un médico ausculta al cantante y Spike Jones tiene un ataque de hipo, todo esto en perfecta correspondencia con la interpretación orquestal de una melodía bailable. O como en la Poet and peasant overture, donde Jones dirige a la orquesta con un horrible frac a cuadros y una peluca, no puede controlar a uno de los intérpretes de banjo -el genial Freddie Morgan-, los músicos empiezan a lastimarse involuntariamente, uno toca con un tronco y una rama como si se tratara de un violín, Jones ejecuta una especie de xilofón armado con latas de conserva, los percusionistas se disfrazan de gallinas y estalla un altoparlante. Muchos de los números de Spike Jones y sus City Slickers culminaban con la demolición del escenario o el asesinato de los músicos por parte del director de orquesta.
Uno de los puntos más altos de esta experimentación en la creación de gags visuales al servicio de los musicales se encuentra en la interpretación de los City Slickers de la obertura de Guillermo Tell de Gioacchino Rossini (1829) -más tarde en Spike Jones is Murdering the Classics (1971)- que éste utiliza para musicalizar la narración de una carrera de caballos interrumpida por la aparición de focas, trenes, accidentes automovilísticos, Esther Williams, paracaidistas, una orquesta de monos y un hombre bala, entre otros, en una acumulación dadaísta de imágenes de archivo.
LA OTRA BANDA. Spike Jones y sus City Slickers ubicaron siete canciones en las listas de los diez más vendidos entre 1942 y 1949 y la prueba de su popularidad es que Jones participó en una docena de films en las décadas de 1940 y 1950, interpretándose siempre a sí mismo. Quizás lo más sorprendente del caso es la aceptación y popularidad de este tipo de música y de su humor por parte de una sociedad conservadora y de valores superficiales, de los que el propio Jones se burlaba utilizando a la vez los procedimientos musicales de la vanguardia de su tiempo. En ese sentido, nunca dejó de verse a sí mismo como un compositor serio y su amor por la así llamada música clásica fue genuino, como lo muestra The Other Band, la orquesta que formó para interpretar sus composiciones más "serias" y con la que perdió mucho dinero antes de disolverla en 1946 y su regreso a la idea en los comienzos de la década de 1960, cuando el trabajo con los City Slickers había empezado a escasear.
Spike Jones murió en Beverly Hills, California, el primero de mayo de 1965 a los cincuenta y cuatro años. Su música era considerada entonces anticuada por una generación posterior de músicos que había asumido, superándolo, su legado irreverente, misántropo e iconoclasta. Pero esta generación -y con ella los cruces entre música y humor de Frank Zappa, los Beatles y más tarde "Weird Al" Yankovic y otros- no hubiera podido desarrollarse sin Spike Jones, quien puede jactarse de haber entretenido a dos de los más extraños oyentes del siglo XX: Adolf Hitler, quien escuchó y odió su canción "Der Fuehrer`s Face", concebida para el corto propagandístico de dibujos animados "Donald Duck in Nutzi Land" de Walt Disney, y Thomas Pynchon, quien se cuenta entre sus fanáticos.
Escuchar y ver
MUCHAS DE LAS grabaciones de Spike Jones and his City Slickers han sido reeditadas recientemente. Se pueden encontrar aún a precios razonables sus Let`s sing a song of Christmas, Spiked! The music of Spike Jones -con notas de Pynchon-, Fonk, Spike Jones in hi-fi y The best of Spike Jones vol. 1, que incluye muchos de sus éxitos como "Cocktails for two", "William Tell overture", "My old flame" y "Der Fuehrer`s face". Quienes quieran tener un vistazo general de su obra, incluso la más seria, pueden recurrir a la excelente caja de cuatro compactos Strictly for music lovers. Parte de la música de Spike Jones puede resultar poco interesante si no se conocen los gags visuales originalmente concebidos para ella. Una oportunidad para conocerlos es visitar el sitio www.youtube.com, en el que pueden verse interpretaciones de numerosas piezas extraídas principalmente del programa televisivo.