Dolor de patria

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JUAN DE MARSILIO

EL LIBRO República de Viento reúne prólogos, ponencias y artículos de Rodolfo Alonso (argentino, n. 1934). El autor retoma los temas centrales de su vasta obra poética y ensayística. Lo hace con la fuerza inicial de Salud o nada, de 1954, cuando era el miembro más joven del grupo Poesía Buenos Aires, pero madurado por medio siglo de experiencia. Es decir, por medio siglo de dolor patrio.

A Alonso le duele su país. En especial por su desmemoria, que hace volver como farsas las viejas tragedias. Este olvido se proyecta sobre la gente, la geografía y la tradición, bases imprescindibles de cualquier futuro digno.

Este es un libro angustiado y constructivo. Podría ser un lamento pero, en tanto señala valores a defender o rescatar del olvido, es cuestionamiento lúcido de la realidad y propuesta para transformarla.

PATRIA, LENGUA, INFANCIA. "Mi patria es la lengua portuguesa", escribió Fernando Pessoa. Octavio Paz generalizó: "La patria de los poetas es su lengua". En "Patria, lengua, poesía", primer trabajo del libro, Alonso va más lejos.

Alonso siente como propio al castellano, pero no concebido como lengua de conquistadores ni excluido del mestizaje con otros idiomas. Nuestro autor prefiere el idioma que indios, negros e inmigrantes han enriquecido y hecho suyo.

Más que cada lengua, a Alonso le importa el lenguaje como facultad humana. Sostiene que el lenguaje, más que ser usado por nosotros, nos usa para construir progresivamente un sentido, en cada ser, en cada pueblo y en la humanidad.

Por eso la patria del poeta -y de todos los hombres- es la infancia: se adquiere el lenguaje, se nombra las cosas queridas, se empieza a construir la identidad. La infancia y el lenguaje del autor son planetarios, por ser hijo de gallego en una Argentina de aluvión. De ahí que su afirmación de argentinidad sea fraterna y cosmopolita.

DESIERTO Y FUTURO. Desde los tiempos de la Independencia, con ochocientos mil habitantes, hasta hoy, con treinta y siete millones, más de un tercio de ellos en Buenos Aires, Argentina ha sido un país macrocéfalo y despoblado, con la capital de espaldas a una geografía vasta y diversa, donde la gente muere en soledad.

El desierto es fundacional en la literatura argentina. Está en La cautiva, de Echeverría y en Una excursión a los indios ranqueles. Es el paisaje del Martín Fierro. Pero es también un asunto político: siguiendo a Alberdi, la Constitución de 1853 abre el país a quienes vengan a poblarlo y trabajar.

Meta incumplida. El latifundio dificultó, si no impidió, la implantación masiva de inmigrantes en el campo. Más acá, se aplicaron políticas económicas que despoblaron el medio rural y desmantelaron su infraestructura (Alonso se duele de su país, enorme y casi sin trenes). Refiriéndose a la Patagonia, tan despoblada y en tan pocas y extranjeras manos, Alonso recuerda que el Gral. Roca, tras conquistarla a los indios, la imaginó vuelta emporio agroindustrial. También el sueño oligárquico habría sido traicionado.

Pero el autor cree en un futuro para su patria y su gente. Con criterio amplio, Alonso señala como indicios de ese futuro a los obreros que han recuperado fábricas fundidas y a los empresarios que impulsan proyectos de desarrollo sustentable.

INDIOS E INMIGRANTES. Hijo de inmigrantes, Alonso reivindica la presencia aborigen. Apunta que los prohombres de Mayo se olvidaron de los indios. A quienes celebraran el quinto centenario del Descubrimiento, les reclama que miren también la conquista y su opresión. Juzga equivocada, aunque no ingenua, la visión de Borges sobre el nacimiento de la Argentina ("Y fue por este río de sueñera y de barro / que vinieron las proas a fundarme la Patria"). Primero estaban los indios.

Y están. Forman parte de una Argentina plural, más mestiza de lo que suele creerse. Enriquecida por inmigrantes no sólo europeos: el autor mira fraterno a los bolivianos y paraguayos que "bajan" a ganarse el pan en Buenos Aires.

Esta aluvionalidad es una fortaleza de los argentinos. No está exenta de conflictos psicológicos y sociales. No fue fácil para el criollo ver llegar al malón gringo. Ni para los hijos de extranjeros tener que asumir como propios una tierra y un pueblo que sus padres no podían explicarles. Pero diversidad es riqueza. Por eso Alonso rechaza la xenofobia y el exitismo patriotero, en especial el mito de la "Argentina Potencia" y cualquiera de sus posibles retornos. Por eso agradece el ojo fraterno y crítico de extranjeros amigos, como Gombrowicz (la verdadera fraternidad es tan generosa como exigente).

SENCILLEZ PROVINCIANA Y UNIVERSAL. El primer apéndice del libro es un "(Muy) breve panorama de la Literatura Argentina Contemporánea". En este trabajo y en otros del libro, Alonso muestra un profundo respeto por autores muy ceñidos a su patria chica ("Juanele" Ortiz y su Paraná, el salteño Manuel J. Castilla) y por músicos y poetas populares (Gustavo Leguizamón, Atahualpa Yupanqui).

Lo sencillo no excluye lo profundo ni lo provinciano impide lo universal. Alonso valora la sencillez formal en poéticas muy diferentes a la suya (José Pedroni, Baldomero Fernández Moreno) pero más aún la levanta como valor en la conducta del artista, quien debe abstenerse de exhibicionismos y concentrarse en su obra, sin que esto implique prescindencia ante lo social.

Esta afirmación provinciana, nacional y cosmopolita está en el eje del libro: la búsqueda de alternativas a una globalización que mata la diversidad humana.

LEYENDO DESDE AQUÍ. El Uruguay no es gigante, pero sí macrocéfalo y despoblado. Somos también aluvionales. También olvidamos mucho de lo bueno y de lo malo. Leído con buen criterio, este libro sobre Argentina puede decirnos mucho sobre los uruguayos.

REPÚBLICA DE VIENTO. Un país sin memoria, de Rodolfo Alonso. Leviatán. 224 págs. Buenos Aires, 2007.

Coda a los ganados y a las mieses

de Rodolfo Alonso

ATRÁS QUEDÓ el futuro.

El mañana fue ayer.

Nuestras horas no incluyen

porvenir ni horizonte.

Hubo un tiempo en que había

olores de esperanza.

Hoy es saber perdido

lo que ayer fue mañana.

Hubo. Ya no hay. Ni aquellos

sueños que nos soñaban

hoy se dejan soñar.

De haber sido futuro

henos sólo pasado.

Pasado del futuro.

"Ese no puede ser, sido."

César Vallejo

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