Capital Mundial del Libro

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El Tiempo / GDA

ROSARIO PEYROU

EL 23 DE ABRIL, Día Internacional del Libro, el alcalde de Turín, Sergio Chiamparino, traspasó a Luis Eduardo Garzón, alcalde de Bogotá, el título de Capital Mundial del Libro que otorga la Unesco. En ese momento se escucharon las campanas de más de 350 iglesias y se dio comienzo a una jornada que tuvo al libro y la lectura como protagonistas. Además de actividades en todas las escuelas, una red de personas leyó en voz alta en varios puntos de la ciudad y en las estaciones de Transmilenio, el nuevo sistema de transporte de Bogotá. La noche anterior, cientos de niños asistieron en pijama a varias bibliotecas para escuchar cuentos antes de irse a dormir. El día se cerró con las bibliotecas públicas abiertas hasta la una de la madrugada, con conciertos y fuegos artificiales.

La preocupación por la promoción de la lectura no tuvo que esperar a la designación de Unesco para manifestarse. Colombia, que tiene una fuerte industria librera con perfil sobre todo exportador, está empeñada en mejorar los hábitos de lectura de su población. Según datos de la Cámara Colombiana del Libro el 60 % de la población no leyó ningún libro en el último año. La designación de la Unesco es un reconocimiento al trabajo que ha hecho la ciudad para fomentar la lectura, al estructurar una gran red que incluye cien bibliotecas públicas, y promover programas como "Libros al viento", "Paraderos Paralibros Paraparques" y la creación de 80 clubes de lectura. El Programa "Libros al viento", iniciado en 2004, publica 72.000 libros mensuales que se distribuyen en las estaciones del sistema Transmilenio para ser prestados a los usuarios. En teoría los libros deberían ser devueltos, y con buena voluntad puede decirse que esta aspiración no es un fracaso total si se mira su evolución: en 2004 solo el 4 % de los libros volvieron a los dispensadores de las estaciones, pero en el 2006 la devolución llegó al 30 %. Hasta hoy se han publicado treinta títulos. El programa incluye a bibliotecas escolares, plazas de mercado y comedores comunitarios, donde también se distribuyen libros para préstamo. Los "Paraderos Paralibros Paraparques", en parques y plazas de la ciudad atendieron en 2006 a 81.000 usuarios.

Los esfuerzos oficiales son apoyados por la industria del libro, que ve en la designación de Bogotá como capital mundial del libro y en la Feria Internacional buenas oportunidades de crecimiento del mercado interno, que debería acompasarse con las cifras de exportación. Sólo en 2006 la industria librera registró un avance del 9,4 % en sus ventas al exterior y llegó a editar 12.000 títulos, lo que representa un 25 % de crecimiento respecto al año anterior. La Feria Internacional del Libro reúne a más de 500 compradores internacionales que generan acuerdos por unos veinticinco millones de dólares.

GABO DEL ALMA. La Feria, que se realizó entre el 19 de abril y el 1 de mayo, ocupó el enorme predio de Corferias, el mayor recinto de exposiciones de la ciudad, con veintidós pabellones dedicados al libro, una plaza de comidas y una gran cantidad de actividades literarias y visitantes extranjeros. Chile fue el país homenajeado este año, de modo que tuvo su pabellón especial (dedicado sobre todo a celebrar el nombre de Neruda) y la presidenta Michelle Bachelet participó con Álvaro Uribe, su par de Colombia, en el acto de inauguración de la Feria. La contribución literaria más interesante de Chile fue la presencia del poeta Gonzalo Rojas, lúcido y vital a sus noventa años. Fue posible visitar también un pabellón dedicado al Libro del Artista, con piezas bibliográficas confeccionadas en diversos materiales y concebidas como objeto estético. Pero la estrella de la Feria fue el Pabellón número 11 que con el título "Gabo del alma" rindió homenaje a Gabriel García Márquez, no sólo el escritor más importante de Colombia sino seguramente la figura pública más querida en ese país desgarrado por las guerras civiles y la violencia. Porque este es el año García Márquez y parece cosa de encantamiento tanta coincidencia: se cumplen 80 años de su nacimiento, 25 de la concesión del Premio Nobel, 60 de su primer cuento y 40 de la publicación de Cien años de soledad, su libro emblemático. Con la curaduría del poeta Juan Gustavo Cobo Borda, el pabellón, de mil metros cuadrados, alojó una exposición que recorrió la vida y la obra del escritor desde su infancia en Aracataca, hasta los homenajes recientes por su cumpleaños, pasando por sus años de periodista en Barranquilla, el período de Bogotá, y las estancias en Barcelona, México y Cartagena. Grandes paneles con reproducciones fotográficas y declaraciones del escritor se dedicaron a la relación de García Márquez con la música (su amor por Mozart, el vallenato, los Beatles, el bolero), los amigos -Cepeda Samudio, Zalamea Borda, Álvaro Mutis, entre muchos otros- las mujeres (su madre Luisa Santiaga Márquez, su abuela, una de las personas que más influyeron en su obra, su mujer Mercedes Barcha), su fascinación por las características que genera el poder (de Fidel Castro a Bill Clinton), y los autores predilectos, entre ellos Sófocles, Kafka, Virginia Woolf, Hemingway. Un García Márquez flaquito y jovencísimo aparece en las fotos que lo muestran en las redacciones de El Espectador y El Heraldo, junto a reproducciones de sus primeros artículos. Varios exhibidores recogen cientos de ediciones de sus libros en diferentes lenguas, y una pantalla reproduce la ceremonia de entrega del Premio Nobel, con un García Márquez vestido con el traje blanco de los caribeños, y un grupo de músicos populares colombianos irrumpiendo en pleno palacio sueco.

El Día Internacional del Libro, en el pabellón "Gabo del alma", 100 figuras públicas se turnaron durante todo el día en la lectura en voz alta de Cien Años de Soledad. Hace veinticinco años, Aracataca, el pueblo en que nació García Márquez conseguía la electricidad como consecuencia del Nobel; ahora la "gabomanía" logró recuperar la cuna que usó de recién nacido, y el Ministerio de Cultura planea restaurar la casa de su infancia, para dejarla tal como estaba cuando el escritor vivió allí. Tal vez no exista en el mundo otro caso como éste de devoción hacia un escritor.

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