Hugo García Robles
HA CORRIDO suficiente agua bajo los puentes para que el siglo XIX, con su carga romántica, se vislumbre con la misma perspectiva que la Edad Media. Los 150 años transcurridos desde la muerte de Robert Schumann, cumplidos en 2006, dan una distancia que permite una mayor objetividad. Ello no encoge el valor de este músico; por el contrario, lo muestra firme en su posición de figura fundamental del Romanticismo.
Nació en Zwickau, Alemania, el 8 de junio de 1810. Su padre era propietario de una librería, hecho que propició en el músico un conocimiento temprano de la literatura y de la poesía en especial. A los 20 años, cuando estudiaba Derecho en Heidelberg, en una carta fechada el 30 de julio de 1830 confiesa a su madre que su vida había sido una lucha "entre la poesía y la prosa, entre la música y el derecho". A partir de este momento la poesía gana la partida, y él se empeña con todas sus fuerzas en el estudio del piano, avizorando también la vía de la composición.
Friedrich Wieck, pianista y pedagogo muy reconocido, encuentra en el joven Schumann condiciones que lo convencen de aceptarlo como discípulo. Le abre las puertas de su casa, hecho fundamental para la formación del artista, que incluye el conocimiento de Clara, la hija de Wieck, que será el amor de su vida. Clara, que no había cumplido aún los diez años cuando la conoció, tenía por delante una brillante carrera de pianista. A pesar de la diferencia de la edad, la camaradería y la amistad se instalan entre ellos.
También en 1830 Schumann escucha en Frankfurt a Paganini. El violinista impresiona vivamente al joven estudiante de leyes. Es lógico deducir que ese encuentro termina de encaminar su vocación.
La lucha por Clara. Nunca se conocerán las razones por las que Friedrich Wieck, que creyó tanto en el talento y virtudes de Schumann, se opusiera con equivalente obstinación a las relaciones con su hija.
Alguna vez se sugirió la posibilidad de que Wieck hubiera vislumbrado, en el carácter de su discípulo, los signos de la enfermedad psíquica que finalmente lo destruyó. Robert debió luchar por su amor y lo hizo con el apoyo total de Clara.
Empeñado en su formación pianística, para lograr una independencia del cuarto dedo, Schumann crea un recurso mecánico que desata una parálisis en la mano derecha. Este accidente clausura sin solución su eventual carrera de virtuoso. Como secuela de esta frustración, en 1833 vive una violenta crisis depresiva.
Al año siguiente en las tertulias del Kaffeebaum, se lo ve rodeado de amigos, fumando mucho, con una jarra de cerveza delante y discutiendo con pasión temas estéticos. Poetas, pintores y músicos integran ese círculo, al que Schumann propone la creación de una revista capaz de albergar los principios de la nueva sensibilidad. En cierto modo, un eco de la Gazette Musicale, que en París incluía colaboraciones de románticos tan conspicuos como Berlioz y Liszt.
Schumann ya había comenzado a expresarse por la vía del periodismo cultural, al publicar en 1831, en la Allgemeine Musikalische Zeitung, un famoso artículo sobre Chopin, que se iniciaba, categórico y atinado, con la frase: "Señores, descubríos, he aquí un genio".
Como recurso retórico imagina una fuerza de choque que bajo el nombre de "Davidsbündler" (los compañeros de David) combatiría a los "Filisteos", encarnación de las fuerzas retrógradas y mediocres. Esta militancia por ideales estéticos entreteje, en la visión de Schumann, el nombre de los contertulios del "Kaffeebaum" con personajes misteriosos como Florestán, Eusebius, Raro, Serpentina y Estrella, entre otros, que él crea y retrata musicalmente en su "Carnaval". No ha faltado quien ha visto, en esta galería, facetas de la propia personalidad del músico, fragmentada ya como expresión del mal que terminó sus días.
La Neue Zeitschrift für Musik (Nueva revista musical) nace el 3 de abril de 1834 con su primer número. En el año 1839 Schumann protagoniza un importante descubrimiento: al visitar al hermano de Schubert encuentra el manuscrito de la Sinfonía en do mayor "La Grande", que ve la luz gracias a esta circunstancia.
Al mismo tiempo, la pugna con Wieck para lograr que decline su actitud por Clara se agrava. Schumann recurre a la justicia y logra desposar a Clara el 12 de setiembre de 1840, en una pequeña iglesia de una aldea, Schönefeld, en los aledaños de Leipzig.
Años felices y fecundos. Durante tres años, Robert y Clara redactan un diario alternándose en las anotaciones. La primera frase dice: "pocos acontecimientos, plenitud de la felicidad". La relación de la pareja es perfecta en el plano del amor y se suman las obvias conexiones provocadas por la música.
Schumann, marcado por la literatura, se empeña en trasmitir esta rica experiencia a su joven esposa que no había leído prácticamente nada. Robert inicia a Clara en el universo de Byron, Shakespeare, Victor Hugo y en su adorado Jean Paul, paladín del romanticismo alemán. A pesar de haberse formado en el ámbito de Mozart y Beethoven, es su esposo quien la sumerge en las sinfonías del genio de Bonn y en las fugas de Bach.
Paralelamente, Schumann avanza en su propio desarrollo. El mundo de sus canciones abreva en los grandes poetas alemanes (Goethe, Rückert, Kerner, Lenau, Eichendorff y sobre todo Heine, que le inspira como alma gemela) y en los textos de Shakespeare y Byron. Esa frecuentación es preámbulo para otras formas y ámbitos, ya que no se limita al reino del lied, proyectándose hacia la ópera, el oratorio y la música incidental.
El piano no le basta y en 1841 compone la Primera Sinfonía, que lleva el nombre revelador de Primavera, iniciándose en el reino de la gran orquesta. La estrena Mendelssohn al frente de la Gewandhaus el 28 de marzo, en un concierto en el cual actúa también Clara.
Desde 1840 hasta 1849, se desarrolla un período de nueve años de fecunda actividad. El músico cultiva las formas más diversas: el piano, los conjuntos pequeños de música de cámara, el lied, el oratorio, el concierto y la sinfonía. Ningún género o forma escapa a su pasión creadora, corolario de una vida familiar feliz, con Clara a su lado y los hijos que comienzan a nacer. El torrente de los lieder es incontenible: Schumann compone entre el 24 de mayo y 7 de junio de 1840 unas veinte canciones, que incluyen el ciclo "Amores de un poeta" sobre textos de Heine, verdadera obra maestra del lied romántico.
La creación en el músico se desarrolla según un patrón que cubre áreas o ciclos. Después de los lieder, para piano y voz, la música instrumental de cámara se abre paso, con la nave insignia de su Quinteto para piano (op.44), seguida por cuartetos de cuerdas que Alfred Einstein ha señalado como "pos-beethovenianos"; la excepcional hondura y dramatismo de sus movimientos lentos revelan esa filiación.
SinfonÍas, oratorios y Óperas. No solo la composición solicita a Schumann, ya que la Nueva revista musical absorbe buena parte de sus esfuerzos. A la vez, la ópera y el oratorio lo reclaman; para ello considera varios autores posibles, entre ellos a Calderón, un ejemplo más del papel que juegan lo español y España como tópico romántico. De estos intentos cuaja el oratorio "El Paraíso y la Peri" cuyo texto pertenece a Moore, en un principio pensado como ópera.
A partir de noviembre de 1841 la pareja de los Schumann realiza una gira por varias ciudades. Clara actúa en ellas, primero en Weimar, mientras que Robert es testigo de la interpretación de su Primera Sinfonía y de sus lieder. El itinerario los lleva a Bremen, Oldenburgo y Hamburgo. En esta ciudad el músico se niega a dirigir su Primera Sinfonía, alegado dificultades en la vista. Compelido por su devoción a la revista y también porque toma conciencia de su papel pasivo junto a la intensa actividad de Clara como pianista, Robert regresa solo a Leipzig, mientras su esposa sigue hacia Copenhague donde permanece durante un mes.
La separación desata sentimientos de melancolía y pesadumbre en el músico que trata de calmar con cerveza y champagne, sin desatender la revista. Como se le torna imposible componer, en ese mes se dedica a estudiar contrapunto y los cuartetos de Haydn, Mozart y Beethoven.
En 1844 acompaña nuevamente a Clara en una gran gira que los lleva a San Petersburgo, alentado por Mendelssohn que exhorta a Schumann a viajar a Rusia. La gira se prolonga durante cinco meses y hasta el 30 de mayo la pareja no retorna a Leipzig. Schumann no conoce a ninguno de los grandes compositores rusos del momento, aunque asiste a la ópera "La vida por el Zar" de Glynka, que lo convence sólo parcialmente. En cambio, el Kremlin le impresiona tanto que le inspira cinco poemas.
Al regresar considera el Fausto de Goethe en sus escarceos con la ópera. Con algunos tramos compuestos, se interpone el proyecto de El Corsario de Byron, aunque retoma el Fausto pero esta vez pensando en un oratorio y no en una ópera. Así nacen las "Escenas para el Fausto de Goethe", pero el esfuerzo lo agota de tal modo que cae en una postración nerviosa que le torna intolerable escuchar música. Una visita a los baños termales de Karlsbad, en lugar de mejorar su salud, la agrava.
En diciembre de 1844 los Schumann se instalan en Dresde. El clima cultural y el tono general de la ciudad favorecen a Robert que comienza tímidamente una recuperación. Quedan atrás los días en los cuales, sin poder conciliar el sueño, Clara lo veía deshecho en lágrimas cada mañana.
Dresde. Como signo de su recuperación, Robert comienza en enero de 1845 a enseñar contrapunto a Clara. En febrero él mismo escribe dos fugas y se acerca al "Curso de contrapunto" de Cherubini. Al mismo tiempo en las anotaciones del diario familiar los sentimientos "primaverales", así los define, revelan su estado de ánimo renacido.
En este año culmina una de sus obras maestras, el Concierto para piano (op.54). Hacia 1841 Schumann había comenzado una fantasía dedicada a Clara. Retoma ese intento y lo completa con dos movimientos nuevos, con lo cual redondea el citado concierto. Se trata de una obra que no guarda relación con el modelo de la forma tal como la entendió Beethoven, que en sus últimos conciertos para piano desarrolló una concepción dramática y sinfónica que es exactamente la antítesis de la intimidad lírica que revela el de Schumann.
La mejoría del músico le permite viajar a Bonn para asistir a la inauguración del monumento a Beethoven. El estreno de "Tannhuser" el 20 de agosto de 1845 lo deja indiferente, porque la lectura de la partitura de Wagner lo había defraudado. Sin embargo, cuando finalmente el 22 de noviembre asiste a la ópera, su juicio cambia. En esta época, Schumann y Wagner se ven a menudo en Dresde, compartiendo la amistad con el músico Hiller y proyectando una serie de conciertos en la ciudad, al estilo de los desarrollados por la Gewandhaus de Leipzig.
Las actuaciones de Clara como pianista, llevan a la pareja a Praga y Berlín, ciudad ésta en la que Robert dirige con éxito su oratorio "El Paraíso y la Peri". Esta acogida lleva al músico a considerar instalarse en Berlín, pero la inesperada muerte de Fanny Mendelssohn, hermana de Félix, que había prometido ayudarlos con sus contactos, hace fracasar este proyecto.
En marzo de 1847, al regreso de Berlín, Schumann vuelve a sumergirse en el intento de componer una ópera. Esta reincidencia y la constante necesidad de ensayarse en la música escénica no son sino variantes de su inclinación por la literatura y la poesía. Después de manejar varios textos, se inclina por "Genoveva" de Hebbel, decisión que origina un encuentro entre el poeta y el músico.
El 5 de noviembre Schumann se entera de la inesperada y sorpresiva muerte de Félix Mendelssohn, que en parte responde al dolor por el deceso de su hermana Fanny. Schumann tenía una relación de profunda amistad con Mendelssohn y la noticia lo hiere gravemente. Viaja a Leipzig para asistir a los funerales y al regreso comienza a redactar un extenso ensayo: Reminiscencias de Félix Mendelssohn-Bartholdy, que se publica en 1847.
El empeño operístico de Schumann florece en la terminación de Genoveva, el 4 de agosto de 1848, seguido sin pausa por las primeras anotaciones de la música incidental sobre el poema "Manfredo", de Byron.
El año 1849 es de fecunda producción, parcialmente interrumpida por el movimiento revolucionario que estalla convulsionando Dresde. El propio Wagner está en las barricadas, mientras que Schumann, aunque simpatiza con las causas populares, se mantiene al margen. Además Clara está embarazada y todo el grupo familiar se desplaza fuera de la ciudad en busca de seguridad.
En medio de esas circunstancias Schumann compone sobre textos de Goethe y aunque la frecuentación del gran poeta no se acerca a la dimensión que tuvo en Schubert, de todos modos "¿Conoces el país?" del Wilhelm Meister y "Mignon y otras canciones", hablan de una devoción que las "Escenas del Fausto" respaldan.
Los días en Dresde se clausuran, maculados por la revuelta, y Schumann decide aceptar la dirección musical en la ciudad de Düsseldorf a partir de 1850.
La actividad musical en esta ciudad es intensa y el compositor logra apoyo y cálida acogida, aunque pronto cambian de signo ante sus escasas virtudes como director y las debilidades de su psiquis, que obstaculizan la imprescindible disciplina reclamadas por la orquesta y el coro.
En 1853 Schumann recibe la visita del gran violinista Joachim al que ya conocía por su maravillosa interpretación del concierto de Beethoven en el Festival del Bajo Rhin. Pero el virtuoso de 22 años llega acompañado de un músico de 20, que es Brahms, quien impresiona de tal modo a Schumann que bajo el título "Nuevas rutas", publica un artículo en la Nueva Revista Musical, saludándolo como el elegido, como un verdadero profeta de un nuevo credo. Se inicia así una relación que se prolongará más allá de la muerte de Robert, entretejida con el amor platónico de Brahms por Clara.
el final y después. La salud de Schumann se torna decididamente grave en 1854, con alucinaciones auditivas que le persiguen y atormentan. Por momentos son voces angélicas que de pronto se truecan en hienas y demonios. Es internado en un hospital psiquiátrico cerca de Bonn, donde es visitado por Brahms, Joachim y Clara, hasta que sus reacciones obligan a impedirle contacto con el mundo exterior. Muere el 28 de julio de 1856.
Schumann ha dejado una huella profunda en casi todas las áreas de la creación musical. La que corresponde al piano integra con Chopin y Liszt el vértice romántico del instrumento. La producción de canciones, otro de sus aportes fundamentales, es tributario del teclado: preludios y postludios pianísticos enriquecen sus lieder. En el dominio sinfónico y de la música de cámara instrumental legó numerosas obras maestras. Entre ellas, además de las cuatro sinfonías, el Concierto para piano y el de violín. Este último ofrece los signos de su enfermedad y las reiteraciones y otras debilidades lo denuncian, salvo en el movimiento lento que parece dictado por los ángeles que creía escuchar a veces.
La curva melódica en Schumann posee un encanto que en "En el hermoso mes de mayo", la primera canción del ciclo "Amores de un poeta", ofrece una clara muestra. El oído queda atónito ante cierta vaga indefinición, que otorga a la música una expresividad ambigua y seductora. Fascinación de naturaleza romántica que Schumann comparte con Chopin, quien la supo insuflar en su microcosmos pianístico.
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Tim Lott 4 I Ron Suskind 12 I Cinema Novo 6 I Historia del Striptease 9
Pequeña Guía
LA MEJOR forma de ingresar a la obra de Schumann es definiendo tres áreas básicas: la música destinada al piano y conjuntos de cámara; los "lieder" y la música sinfónica.
PIANO Y MÚSICA DE CÁMARA. Sus composiciones para el teclado integran el gran legado romántico, acompañado de Schubert, Chopin, Liszt y Mendelssohn.
La suite Carnaval (op. 9), expresa ese universo, con pequeños tramos que se suceden, de carácter muy variado. Retratan a otros músicos como Chopin o Paganini, o bien a personajes del cosmos fantasioso como Eusebius y Florestán, además de Pierrot, Arlequín, Colombina y Clara, la propia esposa del compositor, que aparece como Chiarina.
Las "Escenas infantiles" (op.15) integra el grupo de composiciones pianísticas pensadas para los jóvenes. De todos modos son obras de un valor musical inobjetable. Entre los trece fragmentos que comprende está el muy famoso "Ensueño", bellísima melodía muy típica de su autor: ambigua, vaporosa e irresistible.
La Fantasía (op. 17), testimonio de su amor por Clara, es una obra mayor. Concebida como sonata -así la anunció Schumann a su editor- finalmente adoptó la versión conocida, en tres tiempos. El propio autor le escribió a Clara explicándole que era "un gran grito de amor hacia ti".
Entre las obras de música de cámara para varios instrumentos es inexcusable el conocimiento del hermoso Quinteto para piano (op. 44), con un segundo tiempo en forma de marcha fúnebre particularmente dramático.
LOS "LIEDER". Schumann sintió en forma temprana el llamado de la literatura. A diferencia de Schubert, el otro titán del género, que tuvo un gusto menos exigente, Schumann eligió en primer término los grandes nombres de la poesía alemana. Existen dos ciclos de lieder que son arquetípicos e inexcusables en toda selección ceñida, como la presente, a un número limitado de ejemplos. Se trata de "Amor y vida de una mujer", texto de Chamisso, y "Amores de un poeta", cuyos poemas son de Heine. En ambos ciclos la poesía es sostenida por melodías de primer rango, con una participación del piano que no se limita a acompañar la voz. Mediante breves preludios y postludios, el teclado pone un marco valioso a los poemas y su canto.
LA MÚSICA SINFÓNICA. Schumann dejó, después de Beethoven, cuatro sinfonías que ilustran sobre la forma, de una modalidad más libre, menos sujeta a las estructuras acuñadas y con cierta tendencia a la divagación poética.
La primera sinfonía titulada Primavera, aunque no conservó las indicaciones literarias en cada movimiento, contiene la felicidad y la poesía de ese intento inicial. La tercera, llamada Rhenana, está impregnada en sus cinco movimientos de esta evocación del río que el título sugiere y que en un principio llevaba una frase más explícita: "Episodios de la vida en las orillas del Rhin". En la cuarta sinfonía Schumann resuelve fusionar los distintos movimientos que se escuchan sin interrupción y con material temático compartido.
Entre otras obras sinfónicas de Schumann es imprescindible citar su obertura sobre "Manfredo" de Byron, un fragmento orquestal de intenso dramatismo y belleza.
En este rápido espigar quedan por lo menos dos de sus composiciones para solista y orquesta. El Concierto para piano (op.54) y el destinado al violín en re menor sin número de opus. El destinado al piano es un modelo de equilibrio y poesía, mientras que el de violín refleja dramáticamente la enfermedad final.