Soledad Platero
HAY CIRCUNSTANCIAS que ponen a prueba las más profundas convicciones religiosas. O al menos eso piensa Dominic Molise, un joven feo, más bien bajo, de orejas como pantallas y piernas chuecas que, para colmo de males, está enamorado de una rubia rica, intelectual y hermosa, varios años mayor que él. Dominic es un buen católico. Reza sus oraciones y respeta a Dios, al cura y a las numerosas imágenes sagradas que su madre instala en todos los rincones de la casa. Pero algunas veces se permite dudar, aunque esa duda termine siempre en una saludable y cristiana resignación.
En el invierno de 1933 Dominic no ha cumplido aún los dieciocho años, pero hace tres que paró de crecer, y la única parte de su cuerpo que parece valer la pena es El Brazo, su portentoso brazo izquierdo, capaz de arrojar la bola de béisbol tan lejos y tan rápido como si saliera directo del corazón. Dominic es hijo de un albañil, pero su brazo izquierdo es hijo de Dios. Es el plan que Dios tiene para él en esta tierra.
Un año pésimo es la historia de un hijo y su padre, o de cómo un hijo tiene que aprender a ser su propio padre, porque en eso consiste la vida: en crecer y asumir el compromiso del propio destino. La novela es breve, y los hechos que narra transcurren en un muy corto período de tiempo, pero es el tiempo definitivo; el que separa la demanda de la entrega y pone fin para siempre a la infancia.
CON UNA AYUDITA DE MIS AMIGOS. John Fante nació el 8 de abril de 1909 en Denver, Colorado, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. América era la tierra de las promesas, pero todavía no era la de los logros, y los italianos se amontonaban en cuartos pequeños y húmedos en los que se mezclaban los vapores del carbón, la sopa y los cigarrillos. Las mujeres lavaban y remendaban siempre los mismos pantalones cortos que los hijos se pasaban de uno a otro, y los hombres tenían trabajo un día y estaban desocupados el resto de la semana. Ese ambiente de estrecheces y esperanzas fue la escena de la infancia del escritor, y está presente en la mayoría de sus obras.
Su primera historia, Altar Boy, se publicó en 1932 en el American Mercury, un periódico editado por H. L. Mencken. Sus obras posteriores no tuvieron tanta suerte, pero a través de Mencken logró introducirse en el mercado de la escritura de guiones para Hollywood, y alcanzó en esta profesión un éxito considerable. En 1938 logró publicar su primera novela, Espera a la primavera, Bandini (Wait Until the Spring, Bandini), en la que nace su personaje más famoso: su alter ego Arturo Bandini. Las novelas de Bandini componen una tetralogía que se cierra con Los sueños de Bunker Hill (Dreams from Bunker Hill), de 1982, enteramente dictada a su mujer. En el medio estuvo Pregúntale al polvo (Ask the Dust), publicada en 1939 y vuelta a publicar gracias a las exigencias de Charles Bukowski, quien en 1980 condicionó a su propio editor amenazándolo con no entregar un trabajo pendiente si no se reeditaba la novela de Fante de 1939. El éxito de Bukowski fabricó el éxito de Fante como escritor. Camino a Los Ángeles (Road to Los Angeles), otra de las novelas de la serie Bandini, sólo se publicó en forma póstuma, en 1985.
ITALOAMERICANOS. Un año pésimo pone en escena a personajes característicos de la narrativa de Fante —un albañil sin trabajo, una esposa devota y llorona, una italiana vieja que se niega a hablar inglés y profetiza un futuro negro para América y los americanos, algunos jóvenes llenos de sueños y frustraciones— y, como las otras novelas, deja ver la tensión entre los distintos grupos sociales de la ciudad. Pero en esta historia en especial, el tema más importante es el de la pérdida de la inocencia. Todos los personajes tienen su anagnórisis, su instante de revelación, y son modificados por la conciencia del nuevo lugar que ocupan en el mundo.
Al comienzo Dominic participa del mundo mágico de los que no tienen o no quieren tener responsabilidad sobre su vida (el Destino, como se sabe, es lo contrario a la responsabilidad). Está predestinado a triunfar porque El Brazo es el talismán que Dios le entregó para salvarlo. Su madre también, "una mujer que era como un niño que escribe a los Reyes Magos, que salta de la vida para caer en los brazos de Dios, de Santa Teresa, de la Virgen María", está entregada a su suerte de esposa, madre y católica, y su lugar es pasivo y resignado, aunque fervoroso.
Pero algo ocurre y las piezas se mueven, porque en ese mundo de pobreza —son los años treinta en los Estados Unidos de América— todavía hay lugar para la dignidad y la generosidad, y con ellas, para el compromiso y la aceptación de las deudas.
UN REALISMO CRUDO Y DULCE. Al contrario de lo que ocurre con las novelas de Bukowski, en las que el clima es casi siempre opresivo y frustrante y la palabra busca provocar el rechazo, en la escritura de Fante hay una delicadeza que se impone por sobre la suciedad de lo que nombra. En ese sentido es hermano de Jean Genet, el francés ladronzuelo y homosexual capaz de cautivar con su mirada de terciopelo posada respetuosamente sobre montañas de basura.
Hubo muchos grandes escritores del desencanto en el siglo XX. Muchos que se transformaron en autores de culto, y que inspiraron a poetas, músicos y creadores de todas las artes. Pero John Fante es de los pocos que consiguen que la ternura y la dignidad sean más intensas que la ironía y más dolorosas que la violencia.
LA VIDA EN AMÉRICA. Fante murió en 1983, dos años antes de la publicación de 1933 Was a Bad Year (título original con el que Un año pésimo se publicó en 1985). La había escrito en la década del sesenta, y para cuando él murió, gravemente afectado por una diabetes que le había costado una pierna y lo había dejado ciego, sus novelas recién empezaban a ser tomadas en serio. No alcanzó a ver su éxito literario, pero vivió lo suficiente para sorprenderse con la reedición de su obra maestra, Pregúntale al polvo (1938, 1980) y para dictarle a su mujer las otras dos historias de la serie de Arturo Bandini, publicadas en español como Camino de Los Ángeles (Anagrama, 2002) y Sueños de Bunker Hill (Anagrama, 2002). La misma editorial publicó también Espera a la primavera, Bandini (2001), Sueños de Bunker Hill (2002), y La hermandad de la uva (2004).
Fante no fue un mimado de la fortuna, pero tampoco llegó a los extremos de miseria de Charles Bukowski, su devoto admirador. Su juventud fue la de un hijo de inmigrantes en tiempos de la depresión: trabajos mal pagos, casas rodantes y hoteles apestosos, la discreta y santurrona promiscuidad de los barrios bajos y una vaga idea de que a pesar de todo en América los sueños podían hacerse realidad. Pero su vida adulta estuvo más cerca del trabajo literario remunerado, y aunque varias de sus novelas fueron rechazadas por los editores y no se publicaron hasta después de su muerte, Fante se ganó la vida holgadamente durante un buen tiempo como guionista de cine.
De alguna manera, la vida de John Fante se desplegó en exacta y acompasada armonía con la de su país. Nació cuando el siglo XX recién nacía, y su linaje es el de los americanos más puros: los inmigrantes en busca de un mejor destino. Sufrió las privaciones y la estrechez de la Depresión, conoció la era dorada de Hollywood y fue víctima, luego, de la decadencia de los grandes estudios, pero aún así fue rescatado del olvido, y la década del ochenta lo alcanzó y lo incluyó en su loca aventura de remakes y redescubrimientos.
Fante recibió póstumamente, en 1987, el Lifetime Achievement Award otorgado por el PEN.
UN AÑO PÉSIMO, de John Fante, Barcelona, Anagrama, 2005. Distribuye Gussi. 139 págs.