Oscar Brando
"ESTE LIBRO analiza cómo y por qué (los) exiliados llegaron a apropiarse de un lenguaje político que no había sido parte de la tradición de la izquierda en América Latina y que anteriormente habían criticado por ignorar las causas ‘reales’ del conflicto social en su país". Desde el comienzo la historiadora Vania Markarian traza con precisión el alcance del trabajo que realizó en Idos y recién llegados. La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transnacionales de Derechos Humanos 1967-1984. La autora muestra de manera minuciosa, precisa, documentadísima, la incorporación que la izquierda uruguaya en el exilio hizo del tipo de reclamos y denuncias que se gestionaron a través de los organismos internacionales de Derechos Humanos.
El tema DDHH no era nuevo en los ‘70. Después de las barbaridades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial se había pensado en leyes que consagraran, por encima de las jurisdicciones nacionales, un conjunto de derechos inviolables. En 1948 esto había encontrado su culminación en la Declaración de los Derechos Humanos aprobada por las Naciones Unidas. Sin embargo, en los años que siguieron, la guerra fría dio un sesgo peculiar, "occidentalista", al tema. Fueron las democracias occidentales las que se embanderaron con las denuncias de violación de algunos derechos que consideraron universales. No solo pusieron en su mira regímenes dictatoriales de derecha sino también las arbitrariedades que, según su concepto, se cometían en los países socialistas. De ahí que muchos sectores de izquierda, en particular los partidos comunistas, miraran con recelo o rechazaran ese tipo de acusación, calificándola como una estrategia más de expansión de los valores liberales de la sociedad capitalista. Según esta posición los DDHH hablarían el mismo lenguaje de penetración que otras manifestaciones del imperialismo norteamericano. Además, mal podía germinar esa semilla en la izquierda de un subcontinente, América Latina, ganado en los años ‘60 por vientos revolucionarios, para los que lo esencial era atacar, por la vía armada o pacífica, las causas estructurales ("reales", según Markarian) de la injusticia.
LA VISIÓN HEROICA. Vania Markarian estudia, las variaciones que el enfoque del tema Derechos Humanos tuvo en la izquierda uruguaya desde los sesenta. La violencia que conmovió la sociedad entre 1967 y 1973, con sus picos de muertes y torturas a prisioneros políticos, generó acotados reclamos de la izquierda. Salvo algunas denuncias realizadas en el parlamento sobre torturas en centros militares, predominó la idea de un enfrentamiento en el que los sufrimientos eran el precio previsible de la entrega por la causa. El lenguaje traslucía una visión heroica y los caídos no eran víctimas sino mártires de una lucha liberadora. Al mismo tiempo, si la confrontación era resultado de las contradicciones entre oligarquía y pueblo, la tarea de la izquierda era profundizar esa contradicción, cuidando de no desviar la atención sobre las fuerzas represivas entre las que se podía ganar adhesiones. Formaron parte de la polémica la tan debatida existencia de militares progresistas, el papel democrático del ejército o la necesidad de su apoyo para cualquier proyecto de liberación nacional. Como contrapartida el sistema político fue descalificado y despreciado por ser el emergente de todos los vicios de la democracia burguesa.
El trabajo de Vania Markarian no innova en la cronología de las décadas recientes. Acepta, para la dictadura, la más difundida de las divisiones en tres períodos y releva en ellos hechos casi todos conocidos. Pero, dígase ya, los expone con tal precisión y agudeza, y los teje de tal manera con los datos específicos de su investigación, que provoca una revisión de las lecturas ya hechas sobre la dictadura. Un ejemplo: durante la transición 1981-1984 observa con cuidado el acercamiento entre grupos de izquierda y el sector de Ferreira Aldunate. La Convergencia Democrática creada en 1980 y afianzada en las campañas de denuncias internacionales, y los avatares en las elecciones internas de los partidos políticos en 1982 permitieron ver el peligro de esa coalición. No resulta pues extraño que el Partido Colorado y su líder Sanguinetti apoyaran calurosamente la desproscripción parcial de la izquierda para tratar de romper esa alianza. Estos datos simples, reunidos oportunamente, permiten ver con mayor claridad el papel que el partido triunfador en las elecciones de 1984 cumplió durante la transición. Súmese, tal como lo señala Markarian, que en todo ese proceso el Partido Colorado dialogó sin pausa con los militares y casi nada con las fuerzas sociales que irrumpieron con vigor.
LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES. Pero el tema original del libro es otro. De ahí que se detenga en la "trampa mortal" que significó Buenos Aires entre 1973 y 1976 para los exiliados uruguayos. La militancia política se mudó de orilla, hizo contactos con grupos argentinos, sufrió divisiones y renovaciones. Pero además comenzó a recorrer otro camino, inédito hasta el momento. Fue Zelmar Michelini quien siguió insistiendo con las denuncias sobre torturas y las llevó, en 1974, al Tribunal Russell reunido en Roma. Al mismo tiempo realizó contactos con sectores del gobierno norteamericano y con organizaciones como Amnistía Internacional, Cruz Roja, Comisión Internacional de Juristas, o el Consejo Mundial de Iglesias. La apelación a esos organismos obligaba a un cambio de táctica en las denuncias. Acusadas de apolíticas desde la izquierda, de retrasar el proceso revolucionario, las campañas de estas organizaciones trataban casos individuales, acusaban las violaciones graves, escribían cartas y adoptaban prisioneros de conciencia. Al mismo tiempo el trabajo de aproximación a esos organismos mostraba una gran repercusión internacional, generaba polémicas sobre el régimen uruguayo, lo aislaba políticamente y hasta propiciaba sanciones económicas. El caso más resonante, con fuertes derivaciones locales, fue la enmienda que el congresista Edward Koch presentó en 1976 para detener la ayuda militar de los EEUU al gobierno uruguayo.
El libro recorre las formaciones de varios frentes antidictatoriales en el exilio (Caracas, México, Madrid, Nueva York) y analiza cómo se debatieron dentro de ellos la caracterización del régimen y la salida política. La aceptación de campañas comunes contra la dictadura uruguaya no borró las diferencias de análisis ni, en algunos casos, la insistencia en focalizar las causas sociales de la represión. Ya no era la lucha armada un tema de división. En un excelente análisis político de la transición hacia la democracia Vania Markarian atiende, primero, al retorno de la iniciativa política al interior del país; luego, a los realineamientos, las rupturas, los debates que produjeron las instancias políticas del período: elecciones internas, resurgimiento del Frente Amplio, multisectoriales y multipartidarias, movimientos sociales, pacto del Club Naval, proscripciones. En el terreno específico de los derechos humanos la presencia del Servicio Paz y Justicia desde 1981 mostró, por lo esforzado de su tarea, qué desprotegido estaba el caso uruguayo en comparación con los otros del cono sur. El papel de la Iglesia fue más débil y la atención internacional menos intensa. La amnistía, la verdad y la justicia se convirtieron en las palabras claves de la nueva coyuntura.
Cien páginas de notas, fuentes, bibliografía e índice cuantifican el valor documental de este libro. Pero, como se ha señalado, gracias a sus numerosas inflexiones, el trabajo tiene otros alcances. Resulta un aporte al estudio de la izquierda; funda una reflexión y una revaloración del exilio político; muestra, a través del tema de los derechos humanos, la inserción internacional y el enfoque local de la política uruguaya; y en este último aspecto demuestra una vez más el poder que los partidos políticos tuvieron al imponer su estrategia al tema.
Este libro de la historiadora Vania Markarian (Montevideo, 1971) es la traducción del inglés de la tesis de doctorado que defendió en la Columbia University en mayo de 2003. l
IDOS Y RECIÉN LLEGADOS. La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transnacionales de Derechos Humanos 1967-1984, de Vania Markarian. Ediciones La Vasija, Correo del Maestro, CEIU. México, 2006. Distribuye Vidra. 299 págs.