Una comparación necesaria

Mercedes Estramil

ESCRITO POR jóvenes treintañeros, el guión de rodaje de la película Whisky (2004) habla de multiplicidad de vejeces. Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella y Gonzalo Delgado escribieron la historia de un país envejecido, negocios que declinan, grandes hoteles vacíos, y adultos solitarios refugiados en la mecánica del trabajo. Leído con independencia del film se trata de un guión atractivo, que cuenta una historia mínima pero potente en términos literarios: la tragedia de tres antihéroes urbanos en un escenario de derrumbe, de cosas rotas. Y la cuenta a través de una caricatura, un destaque cómico de lo negativo que no deja de ser, a la vez, un retrato tierno y profundo. El judío amargado y tacaño (Jacobo Köller), la empleada solícita (Marta Acuña) y el judío extrovertido y próspero (Herman Köller), permiten ver ya en el guión una tremenda construcción detrás de sus superficies chatas.

Pero un guión de rodaje no se lee con independencia del film si éste fue hecho, y menos si aparece presentado con fotos y ficha técnica completa. Entonces surge la necesidad o por lo menos la pertinencia de leerlo desde esa perspectiva. Y ahí comienzan los problemas. Primero llaman la atención dos desajustes notorios entre las fotos presentadas, lo que dice el guión, y lo que vemos en la cinta. En la fotografía correspondiente a la escena 45 aparece Marta viajando sola en un ómnibus, contra la ventanilla. En esa escena del guión Marta no está viajando sino esperando el ómnibus en la parada. Y en el film viaja sentada, pero se ven otros pasajeros. En la fotografía correspondiente a la escena 103-A los personajes comen churros al borde de una pista de patinaje, pero en el guión "toman un helado". Por supuesto, son detalles mínimos. Ya se sabe que, salvo en la cabeza loca de un Aleksandr Sokurov, lo usual no es la toma única (El arca rusa) y lo que vemos es sólo una parte de lo filmado. Son detalles que no afectan en nada a una realización que resultó sorprendente para nuestro medio, y excelente también para el resto del mundo, donde fue premiada, distinguida, ovacionada. Aunque, por supuesto, estos "detalles" eran subsanables si alguien hubiera corregido la edición mínimamente. O si se le hubiera añadido un prólogo que explicara, justificara o al menos diera cuenta de estos y otros desfasajes. Porque hay más.

Revisando la película con el guión en la mano se advierten modificaciones en los diálogos, en la banda sonora, alteración en el orden de aparición de varias escenas, omisión de fragmentos significativos (varios afectan el personaje de Marta: cuando agrega renglones a un cuaderno, el plano de sus zapatos luego de la noche con Herman, el papelito que le entrega hacia el final, su llanto en el taxi, todo eso falta en el libro). Sin mencionar errores ortográficos y sintácticos, algunos bastante cómicos, como poner en el mismo párrafo "sum" y "zoom" como vocablos equivalentes que aludirían al típico "calentador de agua" inventado por el uruguayo Carlos Caggiani y cuyo nombre no es uno ni otro sino S.U.N., sigla de "soy una novedad".

Conviene hacer una distinción entre las muchas diferencias no declaradas y otras que sí lo son. Entre éstas, escritas en cursiva, están las escenas no incluidas en el montaje final, las agregadas durante el rodaje y las no filmadas. Cada uno de esos cambios reitera la disparidad de criterio en el armado de este libro; y por otro lado habla bien de la estructura compacta y flexible del guión. Fue todo un acierto no filmar las escenas 114 y 114-A originales, en las que los personajes subían al cerro San Antonio, y sustituirlas por las escenas en los juegos y en la playa, en las que Jacobo muestra una vez más que su única pasión sincera es el juego, y Marta exhibe su habilidad para hablar al revés.

Pese a todo, no hay que olvidar que el guión fue la base de la que Rebella y Stoll partieron para dirigir Whisky, y que fue una buena base. Así editado, invita a canjearlo por la película y disfrutar una vez más sus actuaciones, su cámara fija, sus muletillas verbales y visuales, su luminosidad artificial, y la belleza triste y misteriosa de lo que no dice ni muestra pero está ahí.

WHISKY, GUIÓN DE RODAJE, de Gonzalo Delgado, Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Editores Artefato/ Lapzus, Montevideo, 2005. 89 págs.

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