Poeta y operador de la cultural

Mario H. Gradowczyk

LAS NOTAS necrológicas a veces se articulan como estructuras taxonómicas: lugar y fecha de nacimiento, formación profesional, cargos públicos y actividades privadas, publicaciones, libros, conferencias, premios, honores. Se las presenta ordenadas, prolijas, afiatadas, con precisiones bibliográficas que ilustran la trayectoria de la persona desaparecida. Es una articulación necesaria si se pretende establecer un rango, una escala, una medida; casi se podría hablar de una métrica que rige la redacción puntillosa de las necrologías.

Pienso que Patricio Lóizaga, fallecido el primer día de 2006 a los demasiado tempranos 51 años, hubiera preferido que se hablara de su poesía, de sus ilusiones, de sus amores, de su caballerosidad e hidalguía, algo que no abunda en la intelectualidad setentista. Y no hablo de tilinguería; es otra cosa. Se trata de ese código de respeto hacia el otro que trasciende las diferencias ideológicas y políticas, las fronteras económicas, lo social. Amigo leal, poeta, ensayista, hábil conferenciante, idealista, administrador eficiente, intelectual inquieto, replicador afilado, editor, borgeano, educador, figura espléndida, operador cultural, sutil, comprometido, soñador, goloso, peronista crítico, lector incansable, investigador diligente, sacrificado, buscador de tesoros (en las librerías de viejo), y este listado, como la vida misma, debe terminar un día. Otra manera de ver la paradoja de Zenón: el final sólo se alcanza para un tiempo infinito.

Como navegante hace pie y dicta cursos y seminarios en universidades prestigiosas como Harvard y la New York University; realiza visitas periódicas al mundo cultural europeo con la misma actitud decidida y humilde que lo lleva a viajar a la ciudad de General Villegas para conocer el sitio donde Manuel Puig inicia su recorrido; recita sus poesías en Chascomús, de la mano de una de sus tantas queridas amigas, Miné Cura. Recuerdo con qué alegría festeja su encuentro con las magníficas reediciones de los juguetes de Torres-García en el museo de la peatonal Sarandí.

Su paso por distintos estamentos del Estado argentino deja marcas indelebles, y su generosidad fue proverbial. Cumple, pundonoroso, sus deberes como hombre de casa en las múltiples e interesantísimas actividades que él y su diligente equipo organizan en el ahora llamado Palacio Nacional de las Artes (Palais de Glace), cuyo edificio espera aún las comprometidas tareas de rescate que hagan honor al anticipado bautizo. Su homenaje a los artistas censurados por el último gobierno militar demuestra su sensibilidad ética y estética. El éxito logrado por las convocatorias a los Salones Nacionales de las Artes Visuales se debe, en buena parte, a su perseverancia. También crea dentro del marco del Palais el Instituto de Artes Visuales (IDAV), con su biblioteca. Desde este lugar Lóizaga organiza seminarios y conferencias que brindan nuevas apreciaciones sobre la política cultural del Estado en los Salones en tiempos de la modernidad, otro sobre la participación argentina en las bienales de arte contemporáneo, y uno muy reciente sobre "La belleza como paradigma". Varias de mis investigaciones recientes se han originado gracias al aliento e insistencia de Patricio.

El contacto con sus alumnos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) le resulta un deber y un placer irrenunciable. En esta universidad nueva, que ya ocupa un lugar destacadísimo como polo de actividades culturales, ejerció la Cátedra de Cultura Contemporánea y Políticas Culturales y dirigió el Instituto de Políticas Culturales que, a instancias de su rector, el Lic. Aníbal Jozami, llevará su nombre.

Patricio Lóizaga nace en Buenos Aires en 1954. Publica tres libros de poesía: Código Secreto (Grupo Editor Latinoamericano, 1991), New York y Otros Poemas (Emecé, 1999) y Losers (Little Library of New York, 2004). Como ensayista registra Mito y Sospecha Posmoderna (Lexicus, 1990), Cándido López, Fragments and Details (New York University, 1993), La Contradicción Argentina (Emecé, 1995) y El Imperio del Cinismo (Emecé, 2000). Es autor del Diccionario de Pensadores Contemporáneos (Emecé Barcelona, 1996), Victoria Ocampo (Ediciones Lariviére, 2003) y El Mural de Buenos Aires, La obra maestra de Guillermo Roux "Homenaje a Buenos Aires" (Fundación BankBoston, 2005), que se encuentra en el edificio creado por César Pelli ubicado sobre la avenida Leandro Alem. Es el editor-fundador de la revista Cultura que ya lleva más de 20 años ininterrumpidos de presencia local e internacional.

Quisiera resumir esta caleidoscópica e imperfecta ristra de datos, sustantivos y calificativos que tratan de articular una semblanza del amigo que no se va, y cuya forma comunicativa se trasmuta. Quizá esta tríada ayude a sintetizarla: su creatividad poética, su lealtad para sus amigos, y ser creyente confeso de que la cultura debe constituirse en motor de unión y progreso de nuestra sociedad indebidamente fragmentada.

Patricio hubiera deseado ser recordado más como poeta que como operador de la cultura. Entre ambos extremos de esta línea sinuosa se desarrolla todo un accionar rico en sorpresas.

Lucien Freud

Patricio Lóizaga

LOS edificios

se derrumban

sobre sus propios

ladrillos.

Habitar

las ruinas

promete

un secreto placer.

Es un acto

de coraje.

La carne,

el dolor,

el sueño.

La ausencia,

la soledad,

el reposo.

La resignada

esperanza

de la muerte,

la gozosa muerte

de la carne.

Los arrugados pezones,

los cuerpos sin moldes,

derrumbados,

sin maquillajes,

sin fetiches.

Desnudos.

Hay otra belleza.

Hay otra sensualidad.

Hay otra libertad.

La repudiada vejez,

las formas liberadas,

las carnes estalladas,

la vital corrosión.

Las huellas,

los rastros,

la vida vivida,

la memoria del cuerpo.

Hay otra perfección.

Hay otro erotismo.

Hay otra libertad.

(1994)

(tomado de New York y Otros Poemas, Emecé, 1999).

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